Entregarte a cada relación como si fuese la primera

Es muy frecuente encontrar la influencia de relaciones del pasado que actúan como condicionantes en relaciones de pareja actuales. Comenzar una relación desde el miedo de que vuelva a ocurrir lo mismo que sucedió anteriormente no es algo recomendable, pero en cambio es un indicador de que la experiencia del pasado no fue integrada y por lo tanto tampoco aceptada.

Los miedos harán precisamente que la situación temida se materialice y se escenifique, ofreciendo así una nueva oportunidad para integrarla emocionalmente y proporcionando una oportunidad de transmutación.

Es muy frecuente quedar atrapado en las heridas del pasado y especialmente de aquellas vinculadas a las relaciones de pareja, dado que se puede acumular un gran dolor emocional. En consulta se puede apreciar que normalmente hay una gran herida abierta que se generó con la experiencia vivida con el primer amor, por lo general originado por una traición o un abandono.

Es importante comprender que las heridas abiertas del pasado condicionarán todas las demás relaciones de pareja, por lo que, para tener una relación saludable, es necesario haber procesado adecuadamente las anteriores relaciones de pareja.

Entregarte a cada relación como si fuese la primera

No será posible iniciar una nueva relación de pareja y esperar que funcione si las demás no han sido procesadas, y en especial la primera relación de pareja, que suele ser una de las que mayor impacto genera.

El primer amor es muy importante, dado que normalmente no es sólo la vinculación donde se vuelca un amor más puro, más inocente e incondicional, sino que además también el inconsciente encuentra una oportunidad para plasmar heridas abiertas de la infancia, una manifestación de la pareja interna, además de ser una oportunidad de oro para que se manifieste la sombra de la familia –secretos incluidos,– convirtiéndose en una combinación explosiva.

Por lo tanto, una mala experiencia con un primer amor puede ser extremadamente impactante para la persona y puede condicionar significativamente futuras relaciones. De ahí la importancia de trabajar internamente esa relación y lo sucedido emocionalmente, comprendiendo lo ocurrido, puesto que es probable que se arrastre el conflicto a otras relaciones.

Aprender a abrir el corazón después del primer amor

Extraer el aprendizaje de la primera relación. El primer vínculo sentimental, como se ha mencionado anteriormente, es de suma importancia y será complicado poder mantenerlo con una persona para siempre y que así pueda sostener esa inocencia y esa pureza que le caracteriza habitualmente. Es una realidad que sólo consiguen sostener en la actualidad muy pocas parejas.

Suelen ser vínculos que ofrecen un profundo aprendizaje, donde con mucha fuerza hacen de espejo de muchos conflictos inconscientes nunca tenidos en cuenta anteriormente.

Lamentablemente no se suele ver la responsabilidad ni el aprendizaje inconsciente que la situación está tratando de manifestar, que lejos de haber culpables, están viviendo una proyección mutua de sus heridas con la finalidad de ser aceptadas, incluidas y tenidas en cuenta. El primer amor se convierte por tanto en un gran maestro desde los ojos de la consciencia.

Por ello es sumamente importante aceptar lo sucedido, tratar de extraer la toma de consciencia asociada a la experiencia y perdonar lo ocurrido a través de la aceptación, tomando en el corazón a esa primera pareja.

Aceptar el dolor y liberar el sufrimiento. Cuando la persona ha atravesado una experiencia de mucho dolor, es muy complicado que se pueda trascender esa herida con facilidad, pues esta herida le está haciendo mucho daño, a veces sin ni siquiera saberlo, además de estar condicionando futuras relaciones.

Las relaciones del pasado condicionan las relaciones futuras cuando no han sido aceptadas; por ejemplo, cuando hay una infidelidad o cuando se rompe la relación repentinamente o quizá cuando hay un distanciamiento entre ambos y por supuesto también cuando uno de ellos atraviesa la experiencia de la muerte.

Cuando esto sucede y hubo amor entre ellos, normalmente a uno se le rompe el corazón y se llena de dolor, costándole volver a confiar en la pareja, abrir el corazón y amar de nuevo. Sin embargo, el dolor es inevitable, pero cuando se sostiene se convierte en sufrimiento, y el sufrimiento sólo es responsabilidad de la persona que elige sostenerlo.

Apostar por el camino del amor. Cuando se apuesta por el camino del amor, el miedo ha de apartarse, permitiendo volver a abrir el corazón y experimentar lo que la vida ofrece, siendo respaldado por el amor. Precisamente, al amar desde el miedo, lo que se materializa es lo que se teme, haciendo esos miedos realidad.

Al temer una experiencia ésta no está siendo aceptada y al no ser aceptada, es cuando precisamente la persona puede verse involucrada viviendo esa experiencia o situación. Por lo tanto, es importante el lugar emocional desde el cual se inicia una relación; hacerlo desde el miedo no es aconsejable.

En cambio, cuando se da la toma de consciencia de las propias heridas, es cuando uno puede responsabilizarse de ellas y aceptarlas. Desde la aceptación y la consciencia se abre una oportunidad para transmutar esas heridas y, entonces sí, volver a iniciar una relación desde un lugar muy diferente. El amor sólo puede darse cuando el miedo se aparta, pero siempre implica realizar una apuesta.

Abrir el corazón a cada pareja como si fuese la primera. Este es sin duda el paso más complicado, puesto que ha habido sufrimiento anteriormente y la persona va disminuyendo el nivel de amor, de inocencia y de entrega.

Cabe comprender que amar es un acto de mucha valentía y que es proporcional el nivel de fuerza interna y el nivel de amor que una persona es capaz de expandir. Lo sencillo, a corto plazo, es rendirse a las tentaciones del miedo; sin embargo, lo complicado es abrir el corazón sin condicionamientos que opaquen el amor emitido.

Es por ello que antes de volver a plantearse volver a abrir el corazón, lo adecuado es responsabilizarse de las emociones experimentadas en la relación anterior y no sostener el sufrimiento, abriendo así una mayor probabilidad de éxito en la siguiente relación sin temer las emociones que se puedan vivir. Para ello es necesario tener en cuenta que ninguna emoción es negativa, lo negativo es reprimirlas y tratar de camuflarlas; cuando se escuchan y aceptan, todo se transforma.

El objetivo más saludable debería de ser volver a amar como al primer amor, con esa misma pureza y profundidad, sin expectativas, de forma inocente, realizando una entrega incondicional, sin miedos y sin condiciones.

Practícalo ahora

Para entregarte a cada relación como si fuese la primera.
1. Reflexiona en el amor emitido en la primera relación de pareja. Piensa en tu primer amor, observa con qué inocencia y pureza amaste. La madurez y el aprendizaje del paso de los años será positivo, pero la pureza del primer amor es lo que no has de dejar en el olvido. Piensa y trata de sentir el amor que proyectaste sobre esa primera pareja.

2. Reflexiona sobre aquello que hizo que cerrases tu corazón. Piensa en aquello que hizo que tu corazón se rompiese analizando la situación objetivamente. Piensa sobre lo que hizo que la relación no funcionase, quizá hubo una traición o una falta de implicación y compromiso. Ahora puedes identificar tu miedo y los motivos por los cuales cerraste tu corazón.

3. Toma la decisión interna de volver a abrir el corazón. Ahora tienes una oportunidad para decidir si le sigues dando fuerza a esas emociones reprimidas y culpando a la ex pareja y seguir así cerrando tu corazón, amando con precaución, o si por el contrario tienes la oportunidad de tomarte la libertad de volver a amar con la pureza con la que amaste a tu primer amor, sin estar condicionado previamente por ninguna experiencia dolorosa. Es sólo una decisión interna la que debes tomar, cuando sea el momento oportuno para ti. Recuerda trabajar ese miedo, para poder seguir avanzando.

 
 

Amarte a ti misma

El amor hacia una misma implica una aceptación incondicional que se puede cultivar y entrenar a través de la aceptación y la toma de consciencia, siendo un camino que sólo una misma puede recorrer.

El vínculo con una misma debe ser fuerte y estar basado en la confianza, formando así una base sólida de la personalidad. Para ello, es necesario potenciar el amor propio desde las emociones, los pensamientos y las acciones.

El ser humano tiende a castigarse e infravalorarse, tratando de buscar justificaciones que, lejos de potenciar el amor hacia una misma y la aceptación incondicional, alimentan la culpa, entrando en una dinámica de autocastigo.

Con mucha frecuencia, la mente focaliza la atención hacia las carencias, los defectos, lo que se considera incorrecto o se podría haber hecho de forma diferente, reforzando pensamientos opresivos y castigadores hacia una misma, prestándoles más atención que a los logros, los éxitos, las virtudes y los dones.

En lugar de focalizar la atención en lo que se cree desafortunado, inapropiado, o incorrecto, esta clave es una invitación a potenciar el amor hacia una, aceptando las conductas emitidas y abrazando los tan temidos errores.

Para ello, es necesario prestar atención al diálogo mental para poder ser observador de los pensamientos y así practicar un diálogo saludable y reforzador.

Amarte a ti misma

Para potenciar internamente el amor hacia una misma y así tener una relación saludable es importante

Aceptar las emociones sin juzgarlas

Es frecuente encontrar en el mundo interior de las personas miedos e inseguridades que acaban siendo emociones recurrentes que intentan ser camufladas, rechazadas o ignoradas, convirtiéndose en emociones de fondo y haciendo mucho daño.

Es, por lo tanto, necesario observar las emociones, los temores, los miedos y las inseguridades para poder reconocerlas tomando consciencia de su existencia y la fuerza con la que se manifiestan para poder abrazarlas y darles un lugar, aceptando su presencia sin juzgar el hecho de que estén, ni luchar contra ellas para reprimirlas.

Reconocer y aceptar las emociones hará que se puedan liberar; en caso de no aprender a hacerlo de forma individual, es probable que se culpe a la pareja de las emociones sentidas.

Valorarse una misma

Los demás valorarán a una persona en función de la valoración que esa persona se dé a sí misma, determinando así internamente su propio valor. Es por lo tanto de mucha importancia practicar la valoración hacia lo que una intuye, siente, piensa, hace y desea, reconociendo el valor propio interno y como consecuencia externo también.

Es importante valorarse como persona de forma incondicional simplemente por ser como se es y no por el personaje que se ha formado, es decir, el trabajo que tiene, el estatus social y cultural, los bienes materiales o los logros alcanzados. No obstante, eso no quita para que una pueda valorar sus conductas y reforzarlas internamente, valorar las cualidades positivas, valorar los logros y los éxitos, así como valorar las creaciones.

La valoración viene normalmente acompañada de respeto, siendo la valoración de la pareja proporcional a la valoración propia, trayendo consigo el sentimiento de sentirse merecedora y respetada. Si una no se valora, tenderá a culpar a la pareja a no valorarle y respetarle, creando un distanciamiento emocional.

Observar las intuiciones, sentimientos, pensamientos y deseos

La brújula interna se encuentra en las intuiciones y en los sentimientos, por lo que debería prestárseles más atención y llevarlas a la consciencia, para poder así obtener su valiosa orientación. Los deseos también han de ser escuchados, pues aportarán una información valiosa sobre una misma.

Uno sólo podrá amarse si se escucha y sigue esas directrices tan marcadas por la brújula interna en el mundo exterior. La pareja, al mismo tiempo, también tendrá esa orientación y ambos crearán una realidad en base a la dirección que sus brújulas internas les marquen.

Los pensamientos han de ser observados y analizados, viendo si van en sintonía con lo sentido y analizar si no lo estuviesen, los miedos, las creencias, las expectativas y los deseos. Cuando la pareja sigue un mismo recorrido, la relación avanzará; en cambio, si no está compenetrada, lo más probable es que la relación de pareja se vea afectada significativamente, pues es incompatible que una pareja trate de caminar en dos direcciones diferentes.

De no observar y escuchar la voz interior, se vivirá un conflicto en torno a la pareja, responsabilizándola de la dirección que han tomado.

Crear un diálogo interno saludable

Al prestar atención al diálogo interno, se puede observar que la mayor parte del diálogo mental tiende a focalizarse en los errores cometidos, en el juicio hacia una misma o los actos, creando un diálogo mental punitivo, opresor, enjuiciador y autocastigador, arrastrando a la persona a una frecuencia de tristeza, de dolor, decepción y miedo, encontrándose lejos del amor hacia una misma. La mente suele manifestar las emociones que se encuentran en la persona, por lo tanto cuando la mente retroalimenta la destrucción, es porque suele haber miedos e inseguridades detrás.

Así como las emociones alimentan la mente, la mente también puede tener un impacto en las emociones y por lo tanto contribuir a potenciar el amor hacia una misma.

Para ello, se puede observar con atención el diálogo interno con la finalidad de restarle fuerza al miedo y potenciar el amor a través de la transmutación de dicho diálogo interno. Lo podemos observar con mayor claridad a través de los siguientes ejemplos:
–Pensamiento: No me quiere, si no, no me hablaría así.
–Reforzamiento desde el miedo: Pues claro, lo más probable es que no me quiera. ¿Cómo va a querer a alguien como yo? Sus palabras muestran claramente que no me quiere, lo mejor es que me aleje, porque me va a hacer daño.
–Reforzamiento desde el amor y aceptación de las emociones: «Bueno pues sino me quiere, lo acepto, no puedo obligar a nadie a que me quiera, yo sí me quiero (…) Si me ha hablado de esa manera, será que tiene un mal día, vamos a hablar para aclararlo».

Si la persona no consigue establecer un diálogo interno saludable, tampoco lo tendrá con la pareja, por lo que, ante problemas de comunicación, se ha de trabajar el diálogo interno.

Quizá éste sea uno de los aprendizajes más básicos y al mismo tiempo más liberadores que la vida ofrece constantemente y que mayores beneficios trae consigo. El amor hacia una misma es algo que se cultiva cada día y a cada instante, a través de las emociones, los pensamientos y las conductas.

El objetivo de amarse a sí mismo sólo se obtendrá si la persona consigue amarse a través de cada emoción, cada pensamiento y cada conducta, para lograr así el amor hacia una misma sostenido en el tiempo.

Materializar el amor hacia una misma

El amor hacia una misma no sólo se manifestará a través de las emociones o los pensamientos, sino que se materializará en las conductas emitidas. Una persona que se ama a sí misma lleva a cabo una serie de conductas importantes en cada situación y además no permite que otras personas atenten contra su persona en forma alguna que considere una falta de amor.

Para ello, se deberán poner en acción las conductas necesarias para conseguir materializar el amor hacia una misma, como puede ser buscar la satisfacción de unas necesidades básicas, expresar lo que se siente, disfrutar, poner límites, valorarse, tomar decisiones, establecer unas metas y objetivos personales.

Para materializar el amor hacia una misma y así tener una relación de pareja saludable es importante

Cuidar de las necesidades básicas

Es imprescindible cuidar de las necesidades personales básicas. En pareja es frecuente abandonarlas para ocuparse de las necesidades del otro, dándoles prioridad sobre las propias, esperando y exigiéndole a la pareja que sea recíproco, perdiendo así ambos el bienestar y la armonía.

Cada una ha de ser responsable de sus necesidades y deben considerarse algo prioritario para una misma. Una vez satisfechas y solamente si así ha sido, se puede ayudar a la pareja en el cuidado de sus necesidades, lo que también ayudará a crear un buen vínculo basado en la empatía, el compañerismo y el amor.

Si en cambio una no consigue cuidar de sus necesidades básicas, no debería cuidar de las de la pareja, pues la relación no funcionará.

Divertirse y disfrutar

Aunque no lo parezca, la diversión es un punto fundamental donde se consigue alcanzar una expansión interna emocional. Por lo tanto, para alcanzar el amor hacia una misma, el disfrute debe estar presente.

Es frecuente observar en nuestra consulta, cómo muchas personas pierden la capacidad de disfrutar, no dedicándole tiempo a aquellas actividades con las que gozaban, dejando de disfrutar los momentos en pareja; pierden el disfrute en el ámbito laboral o simplemente no aprovechan cada instante presente del día a día, aunque no se haga nada que se podría considerar como extraordinario.

Es importante, por lo tanto, recuperar la diversión y el disfrute perdido y para ello quizá haya que reflexionar sobre aquello que a una le generaba una sensación de disfrute.

Ayudarán a potenciar el disfrute todas aquellas actividades en las cuales se manifiesten los dones, los talentos y las virtudes, siendo normalmente deseos que se suelen tener desde la infancia y en muchas ocasiones han sido reprimidos. Si una no consigue divertirse y disfrutar de su vida, tampoco lo conseguirá en pareja.

Expresar lo sentido

Saber expresar lo que se siente inevitablemente dirige a una hacia la libertad y otorga fuerza, en contra de lo que habitualmente se suele creer, motivo por el cual muchas personas suelen retener los sentimientos ocultos en el interior, generando dolor.

Expresar los sentimientos es una forma de amarse, pues ayudará a compartir lo que no es aceptable, a poner límites si es necesario y a tomar el lugar que a una le corresponde o simplemente a intercambiar emocionalmente el impacto que los actos o las palabras han tenido en una.

Las palabras, en definitiva, poseen un poder especial, si se comunican de forma armoniosa y adulta, llevando a la pareja a una unión aún más fuerte y por lo tanto a una mayor cercanía.

Es necesario expresar las emociones que una siente, pues es una forma de crear un precedente en la relación y así mostrar que las emociones son importantes en la misma.

Además, al hablar de las emociones se da lugar a que el otro también se abra y que por lo tanto se dé una toma de consciencia mayor, que además de dar lugar a una liberación emocional será algo terapéutico en sí mismo.

En caso de no conseguir expresar las emociones, es probable que se culpe a la pareja de no haber satisfecho las propias necesidades emocionales.

Poner límites

Tomar el poder propio aportará una conexión con la fuerza personal, seguridad en una misma y ayudará a poner límites a la pareja cuando se considere que se ha atravesado la línea de lo que se entiende como adecuado u oportuno, siendo una manera de hacerse valer y amarse a una misma.

Al no poner límites se entrega el poder personal a los demás de muchas diversas formas. Es habitual encontrar a personas que pierden su poder por no expresar o comunicar, quizá por vergüenza o, en otras ocasiones, por no entrar en conflicto, lo que les lleva a renunciar a los propios deseos, dejándose llevar por los demás, por no ser asertivo y coherente con lo que una quiere y expresa.

En otras ocasiones, para no perder el poder personal, la situación requiere poner una barrera de lo que es admisible para una y lo que no, haciéndoselo saber a la persona, no dejándose manipular o arrastrar hacia lugares no deseados.

Los límites, por lo tanto, se pueden poner a través de la palabra y de no hacerlo una se verá arrastrado en la conducta.

Si no se ha aprendido a poner límites, se responsabilizará a la pareja de ser una persona invasiva y poco empática o incluso egoísta, pero una tiene la capacidad de tomar su propio poder o de cedérselo a los demás. Nadie le puede quitar a una el poder personal, es una el que le entrega a otra persona ese poder.

Tomar decisiones

La toma de decisiones no suele ser un proceso cognitivo sencillo, pues implica tener en cuenta muchos aspectos y para ello normalmente se ha de tener confianza, valoración y seguridad en una misma, por lo que a las personas que no se aman a sí mismas les cuesta mucho tomar decisiones, algo que será absolutamente necesario en una relación de pareja pues, al no tomarlas y relegarlas sobre la pareja, impedirá seguir un rumbo propio.

Al tomar una decisión conviene tomarla con seguridad y ser coherente con dicha decisión, no cambiándola constantemente. Si una no aprende a tomar decisiones, recriminará a la pareja las decisiones tomadas.

Establecer metas y objetivos

Cuando una se ama, tiene una fuerza interior que hace que pueda establecer unas metas y objetivos realistas y dirigirse hacia ellas con determinación y firmeza. Esa contundencia dependerá del amor que una tenga hacia sí mismo, repercutiendo positivamente gracias a una identidad y personalidad sólidas.

Cuando una sigue con determinación su camino sabiendo lo que ha de hacer desde lo más profundo de su interior, se está amando a sí mismo con firmeza.

Es entonces cuando tiene que haber una compenetración con la pareja, para que así ambos puedan realizar lo que cada una ha de materializar en su camino, siguiendo una misma dirección.

Lo que bajo ninguna circunstancia deben hacer es renunciar a sus metas y objetivos internos marcados por su esencia, por seguir el camino de una pareja, pues una estaría renunciando a sí mismo.

Si una no consigue establecer sus propias metas y objetivos, culpará a la pareja de haber seguido los suyos.

 
 

¿Sabes discutir con tu pareja?

Discutir en pareja es lo más normal, lo raro incluso sería no hacerlo. Enfadarse no es el fin del mundo y, además, es una oportunidad para fortalecer los lazos de unión. Lo importante es tener clara la intención de superar cualquier trance, para seguir adelante con una relación fructífera.

¿Sabes discutir con tu pareja?

Desencuentro de sentimientos

Un punto clave es saber discutir sin herir. No existen fórmulas para resolver los conflictos, porque cada relación tiene creado su propio sistema y sólo entendiendo su funcionamiento podría inferirse una posible solución. Por eso aconseja valorar dos elementos que aparecen en toda discusión: las emociones y las conductas. Si queremos entender lo que está pasando, tenemos que bucear en los sentimientos escondidos tras los enfados y, después, debemos resolver el conflicto intentando que los sentimientos se encuentren.

¿Eres guerrera o conciliadora

Si quieres saber cuál es tu destreza en el arte de la discusión, contesta a las siguientes cuestiones:

1. Te han ascendido en el trabajo, y cuando se lo cuentas a tu pareja no le da ninguna importancia; entonces tú…

 
 
 

2. Durante una reunión familiar, tu pareja te convierte en el blanco de su mal humor. ¿Cómo reaccionas?

 
 
 

3. ¡Ha olvidado de nuevo la fecha de nuestro aniversario!

 
 
 

4. Llegas a casa agotada después de una dura jornada de trabajo de casi 10 horas y lo único que se le ocurre decir a tu compañero es que hoy te tocaba hacer la cena y que todavía no está preparada.

 
 
 

5. Cinco minutos antes de que estalle la tormenta entre los dos, decides…

 
 
 

6. Y después, ¿cómo te enfrentas a la reconciliación?

 
 
 

7. Según tu opinión, las parejas perfectas son las que..

 
 
 

8. Todo está normal cuando de repente tu pareja estalla en cólera ¿Qué le dices?

 
 
 

9. ¿Con qué tipo de reconciliación te sientes más identificada?

 
 
 

10. Hablemos de tiempo. ¿Cuánto suele durar un enfado entre vosotros?

 
 
 

11. ¿Dónde se solucionan mejor los conflictos de pareja?

 
 
 

12. ¿Luego de discutir, pides consejo o comentas la situación con alguien?

 
 
 

13. En tu infancia, cuando discutías con tus hermanas o hermanos…

 
 
 

14. Están enfadados y tu pareja te manda un mensaje en tono de humor.

 
 
 

 
 

Ayudar a un familiar enfermo sin que te afecte

Es fácil que a lo largo de tu vida te toque (o quizá ya te haya ocurrido) asumir el cuidado a un familiar o ser querido. Esta tarea requiere de sacrificios, tiempo y, sobre todo, de grandes dosis de paciencia.

Ayudar a un familiar enfermo sin que te afecte

Ahora bien, si la ayuda que recibe esta persona es la correcta, todo el esfuerzo vale la pena: los estudios demuestran que el apoyo emocional facilita la recuperación de cualquier enfermedad.

AYÚDALE A ENTENDER QUÉ PASA

Es importante que comprenda qué le está ocurriendo, qué trastorno sufre, sus limitaciones y qué puede hacer él para ayudar a controlar la enfermedad.

¿Por qué? El desconocimiento genera dudas, miedos, vergüenza, desesperación y afecta negativamente la evolución de la enfermedad. Si entiende que de él (o de ella) depende en gran parte su buena salud, seguirá los consejos médicos y los tratamientos con mayor responsabilidad.

¿Cómo? Protégele sin mentir.
Decidir si el enfermo está preparado para recibir una mala noticia, o una información dolorosa, no siempre es fácil. La primera opción tiene que ser siempre decir la verdad, aunque en ocasiones puede tener consecuencias devastadoras. Valora su situación, su madurez, y las posibles consecuencias.

QUE SEPA QUE ESTÁS AHÍ

Aunque puede estar viviendo un momento difícil y complicado, percibir una actitud positiva y colaboradora es fundamental para superar (y afrontar) la enfermedad. Recuérdale que estás a su lado, y que, en poco tiempo, la situación se irá normalizando.

¿Por qué? Si pierde la confianza y deja de luchar, puede que su organismo también se rinda. Los estudios demuestran que una actitud positiva mejora la evolución de numerosas enfermedades.

¿Cómo? Acércate sin invadir. Estás sacrificando tu vida por los cuidados que ofreces a ese familiar que te necesita pero ten en cuenta que él también necesita su intimidad, su poder de decisión y su espacio, por limitado que sea. Es importante que lo respetes.

DALE TIEMPO PARA ADAPTARSE

Tras el diagnóstico de una enfermedad grave, o un accidente con secuelas, el enfermo (o paciente) suele pasar un proceso similar al duelo que se experimenta tras la pérdida de un ser querido (negación, rabia, tristeza y aceptación). Aunque en algunos momentos sea duro también para ti, debes dejarle pasar por todas estas fases.

¿Por qué? Si el proceso de asimilación ha sido adecuado, llegará a la última fase, la aceptación y la normalización de la situación.

¿Cómo? Comprende sin reprimir. Intenta ponerte en su piel: entiende, por ejemplo, que la rabia es una parte esencial del duelo. Evita presionarle y ten en cuenta que a veces solo necesita sentirte cerca.

DEJA QUE SE EXPRESE

Es común que un enfermo no entienda del todo su situación, que no la acepte, que sienta vergüenza, que lo viva con tristeza, con rabia, miedo, o impotencia o, simplemente, que sienta que no es justo lo que le ha pasado o le está pasando. Debe poder abrir su corazón y compartir todos estos sentimientos con alguna persona cercana.

¿Por qué? Reprimir las emociones dificulta la recuperación. Por el contrario, favorecer una buena comunicación siempre ayuda en positivo.

¿Cómo? Escucha sin aconsejar. Muchas veces se intenta ofrecer siempre la solución, el consejo más acertado, pero en ocasiones la persona a la que cuidamos solo necesita a alguien que le muestra comprensión, que no lo juzgue y que sepa escuchar sin aconsejar.

ANÍMALE A SUPERAR METAS

Tener obligaciones, aficiones, una tarea que le obligue a levantarse por la mañana y sentirse útil…. le dará motivos para seguir luchando.

¿Por qué? Buscar un «motor» no siempre es una tarea fácil, pero sí necesario para mantenerse vivo, útil, en el camino de la recuperación.

¿Cómo? Apoya sin presionar. Aconséjale qué hacer pero sin obligarle a nada. Deja que sea él o ella quien decida en qué momento está preparado para hacer cosas nuevas.

Tú también cuentas… mímate

• Cuando el enfermo se resiente…
Cuidar a una persona enferma implica muchas veces dedicar todo el empeño a conseguir que remonte. Esto puede llegar a ser agotador y minar la fortaleza y el empuje de cualquiera.

Hazle entender que necesitas de su colaboración, que se le puede apoyar, pero él (o ella) tiene que querer luchar para superar la situación.
• Es importante que estés bien.
Debes cuidarte, lo primero por ti, y también por la persona a tu cargo. Si caes enferma no podrás seguir atendiendo a ese familiar. Así que es importante que no descuides tu salud.

Busca tiempo para tus aficiones, delega los cuidados en algún familiar, haz deporte (o al menos camina un poco cada día), aliméntate bien y descansa.

 
 

Test: descubre si eres una mujer que ha nacido para destacarse

Es una buena oportunidad para despejar tus dudas al respecto. ¿Por qué te va como le va? ¿Estás hecha para triunfar, pero todavía no te enteraste? Vamos, aprovecha y descubre cuál es «tu techo».
Conteste las preguntas de este test y sepa si usted está llamada a ser una de esas mujeres únicas e irrepetibles que se destacan de la mayoría.

Test: descubre si eres una mujer que ha nacido para destacarse

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¿Eres tímida?

En ocasiones, la gente tímida puede parecer muy osada porque reacciona estimulada por impulsos incontrolados pero, en el fondo, siguen siendo tímidos.

¿Eres tímida?

Comprueba si es tu caso:

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¿Eres una mujer segura o acomplejada?

Las exigencias que las personas se autoimponen se manifiestan en forma de complejos. Su origen se podría sintetizar en baja autoestima, inseguridad y desinformación. En todos los casos, aparecen cuando una parte del cuerpo o la personalidad disgusta y se reacciona castigándose a uno mismo.

¿Eres una mujer segura o acomplejada?

Esto también se debe a cómo estas personas han sido vistas y evaluadas por sus padres en la infancia y en la adolescencia. Y cómo esa evaluación se ve reforzada por mandatos culturales que dicen que hay que ser de una manera establecida, porque el diferente no es aceptado.
Quienes tienen esta actitud pueden perderse una infinidad de experiencias. Por eso, es importante encontrar la raíz del problema y tratar de combatir aquello que los está acomplejando. Para saber cuál es tu caso, responde con sinceridad las siguientes preguntas:

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¿Deberías volver con tu ex o no?

La sabiduría popular (y tus amigas) aseguran que las segundas partes nunca frieron buenas; sin embargo, la idea de retomar tu relación ronda tu cabeza. No sabemos si este dicho se cumplirá o no en tu caso, pero lo que sí debes tener claro es que, sea cual sea tu decisión, necesitas meditarla a fondo porque será la definitiva.

Entonces, ¿merece la pena intentarlo? Pues lo cierto es que depende de muchos factores y para dar con la respuesta es necesario analizar la situación al detalle.

¿Deberías volver con tu ex o no?

Para empezar, lo más fácil es detectar cuándo no debes darle otra oportunidad bajo ningún concepto: si ya no estáis enamorados, si las discusiones se os iban de las manos hasta faltaros el respeto o si nunca te has sentido valorada y eres más feliz ahora, no deberías ni planteártelo.

Si pasabas más tiempo enfadada y triste que disfrutando del momento o ninguno de los dos estábais dispuestos a cambiar ciertos aspectos fundamentales, olvídalo. Tampoco te merecerá la pena si no había consenso sobre temas fundamentales como tener hijos o no. Por no hablar de infidelidades o engaños: ni hablar de perdonarle.

Y si simplemente la soledad no es lo tuyo y ahora echas de menos estar en pareja, más de lo mismo. Pero si no existen grandes dramas de fondo, no todo está perdido. En un estudio de la revista Journal of Adolescent Research en el que participaron jóvenes de entre 17 y 24 años, el 44% de los encuestados aseguró haber vuelto con su ex en los dos años siguientes a la separación. Una cifra que demuestra que, en ocasiones, un paréntesis puede servir para replantearse las necesidades de cada uno y darse cuenta de que juntos es mejor.

Zapping amoroso

Que haya un porcentaje tan elevado de rupturas que no llegan a ser definitivas no es casualidad. Todos los expertos coinciden en que la explicación podría estar en el ritmo de la sociedad digital, que nos ha convertido en seres más impacientes y sin ganas de invertir nuestra energía en nada que no tenga los resultados esperados de inmediato.

Es decir, que ante un bache o una crisis -circunstancias normales en cualquier relación humana-, en vez de tratar de salir del túnel y reparar aquello que falla, entramos en un círculo vicioso de negatividad que lleva a la opción más fácil: el distanciamiento. Y es entonces, tras meses alejados, cuando nos damos cuenta de que dejarlo no fue una decisión acertada y que casi todo se podía haber evitado.

Un esquema que suele ser habitual en parejas que no han tenido un final demasiado conflictivo ni doloroso, sino en las que los factores externos como el estrés, los cambios laborales o los agobios frente al compromiso han generado un desgaste. Y es que, como apunta Juan Domínguez, psicólogo experto en terapia sexual y de pareja, «los millennials nos hemos acostumbrado a una vida en la que, si algo no nos gusta, deslizamos el dedo y pasamos a lo siguiente, cambiamos de canal o adquirimos algo mejor».

Por ejemplo, si sale al mercado un nuevo móvil, nos lanzamos a comprarlo, aunque el nuestro esté en perfectas condiciones. No tenemos ninguna necesidad de perder el tiempo en algo que no nos convence al cien por cien. Y esto también se aplica a nuestra vida sentimental. «Con un poco de humor podríamos hablar de pareja low cost o zapping amoroso. Hemos desaprendido la importancia de mantener, cuidar o arreglar, tanto las cosas materiales como las relaciones», comenta Domínguez, que basándose en su experiencia con este tipo de conflictos añade: «La dificultad para tratar y reparar provoca que, a veces, la separación sea casi la única salida para actualizar la pareja». ¿Todavía no tienes claro si volver o no con él? Hazte la siguiente pregunta: ¿por qué lo dejasteis?

Según Juan Domínguez, para encontrar la respuesta debes clasificar tus respuestas en una de estas tres categorías: en la primera van aquellos motivos que afectan a los elementos centrales de la pareja, como vivir juntos o la posibilidad de estar con otras personas a la vez.

Si no hay un entendimiento en estas decisiones, el futuro pinta difícil porque ninguno de los dos cambiará de opinión. En la segunda entraría todo lo que tenga que ver con la estructura de la relación. Un ejemplo de estas fricciones son los temas que afectan a la convivencia, como la planificación del dinero y el espacio de cada uno o a la vida social -hacer fiestas en casa o salir de marcha con los amigos-. «En este caso, podemos coincidir en la idea general y no es grave que haya diferencias en ciertos aspectos concretos.

Aquí tenemos más posibilidades de llegar a acuerdos y buscar zonas comunes», aclara Domínguez. La última casilla es la de los asuntos cotidianos. Es decir, roces que generan discusiones recurrentes pero que no dejan de ser tonterías, como que a uno le moleste el desorden del otro o que deje el tubo de la pasta de dientes sin cerrar.

Si todas las razones que propiciaron el final son de este estilo, las posibilidades de solucionarlo y reconciliaros son muy altas, ya que basta con prestar un poco de atención en el día a día y entender las necesidades del otro para no volver a caer en lo mismo. Para reforzar la decisión que vayas a tomar, también es bueno escribir en un papel una lista de los pros y los contras que tiene intentarlo.

Y ten paciencia porque, come recomienda Domínguez, «el duelo pasa por fases que te irán haciendo ver con más claridad lo que necesitas. En ningún caso tomes decisiones precipitadas». No hay ninguna prisa, es mejor dar pasos firmes y acertados. Si ya habéis tenido el tiempo suficiente para pensar y, finalmente, decidís probar suerte, es fundamental que defináis muy bien los pasos a seguir y que planteéis una estrategia efectiva con la que los dos salgáis ganando.

Empezar desde cero

Por lo general, tras haber experimentado la tristeza de la separación y el subidón que supone reencontrarse de nuevo, no es raro olvidar todo lo vivido (y sufrido) en los últimos meses y volver a cometer los mismos errores al cabo de un tiempo. «El efecto de estas emociones es muy intenso, pero dura poco y no cambia los comportamientos automáticos», afirma Domínguez, que también cree que, sin conflicto, no hay cambio. Lo que lleva a otra equivocación recurrente: no opinar por miedo a que haya desencuentros.

Asúmelo: las diferencias en una pareja no son un hándicap, sino un factor que suma y con el que hay que saber convivir. Es el momento perfecto para probar nuevas mecánicas. Si volvéis, que sea para estar mejor que nunca.

Las preguntas que debes hacerte

Salir de la encrucijada en la que estás inmersa depende de ti. El primer paso para conseguirlo es sincerarte contigo misma y poner tus sentimientos a examen. Plantearte estas cuestiones te ayudará a salir de dudas.
¿Por qué quieres reconciliarte?
Si sólo echas de menos cosas concretas como viajar juntos o no estar sola, olvídate de él. Pero si sientes que podéis salir del bache y es el amor de tu vida, entonces adelante.
¿Qué has aprendido durante el break?
Lo normal después de una etapa de reflexión es salir con las ideas claras y una lista que incluya las cosas que quieres (y las que no) en tu vida. Ten esto presente para emitir tu veredicto final.
¿Qué harás para que funcione?
¿Estás dispuesta a negociar y cambiar? Si la respuesta es negativa, y no vas a dar un paso atrás, es mejor que cada uno vaya por su lado. Evitaréis otro disgusto innecesario.
¿Estás totalmente convencida?
En el caso de que no lo tengas claro, lo más recomendable es que optes por ser prudente y esperes un poco más hasta estar completamente segura de lo que deseas. Así le harás menos daño.

 
 

Mi novio tiene una doble vida

Ha pasado un tiempo, pero siento que esta es una historia que ya me ha marcado para siempre. Me presentaron a Álvaro en una fiesta de cumpleaños hace yá dos años. Sin embargo, él ya se había fijado en mí muchos meses antes. Eso fue lo que me dijo cuando intercambiamos nuestras primeras palabras.

Mi novio tiene una doble vida

El colegio de mi hijo estaba cerca del instituto de su hija y, al parecer, me había visto en varias ocasiones. La gran diferencia de edad que nos separaba (nos llevamos 18 años) no fue impedimento para querer conocernos mejor.

Y es que la química entre nosotros era más que evidente. Estuvimos quedando durante un par de meses y, después de ese verano, empezamos a salir formalmente. Llegó a decirme que yo era la persona más especial que había conocido. Me enamoré

como nunca antes lo había hecho y todo aparentaba que era correspondida. Álvaro me comentó que se había divorciado hacía un año y que mantenía una relación cercana con su ex mujer, ya que compartían la custodia de su hija. Cuando le tocaba quedarse con la niña, nos veíamos menos, algo que yo comprendía a la perfección.

Ruptura inesperada

De repente, un día me dejó sin darme demasiadas explicaciones. No esperaba que alguien con quien estaba tan bien cortase conmigo sin ninguna razón y, tras asimilar su decisión, pensé que su ex tendría algo que ver. Se lo pregunté directamente: “¿Vas a volver con ella?”.

Me dijo que no, pero que no podía continuar construyendo un proyecto conmigo porque estaba hecho un lío. Intenté pasar página, aunque la verdad es que me encontraba en estado de shock porque era todo muy raro. No había transcurrido ni una semana cuando me llamó para pedirme perdón y decirme que me echaba mucho de menos.

Yo estaba tan colada por él que opté por olvidar este pequeño bache y seguir adelante con la relación. La diferencia con respecto a los meses anteriores fue que me dijo que no quería formalizar nada, que prefería ir más despacio, pero la realidad era que actuábamos como una pareja corriente.

Ahora lo recuerdo y me doy cuenta de que tenía una venda en los ojos, pero cuando una está ilusionada con una persona no cae en ciertos detalles y banaliza algunas situaciones, como la que ocurrió antes de Navidad. Casi todas las mañanas quedábamos para desayunar, tras dejar a nuestros hijos en sus respectivos colegios. Uno de los días, en la cafetería, recibió un whatsapp de su ex que decía: “Vale, cariño”.

El móvil estaba sobre la mesa y la notificación la vimos los dos. Nos quedamos callados y me invadió una mezcla de decepción y rabia. ¿Cómo era posible que su antigua pareja le tratase con tanto afecto? Me fui con lágrimas en los ojos y muchas ganas de dejarle. Pero me resultaba imposible desvincularme de él.

Le había idealizado y, además, él era muy persistente: me estuvo llamando y escribiendo para decirme que me quería y que ese whatsapp no era más que la forma de hablar de su ex. Me convenció y acepté que continuáramos juntos.

La cruda realidad

Un fin de semana quedé con mis amigas. Dejé a mi hijo con mi madre y programé un par de días para desconectar de la rutina. Nos fuimos a una fiesta en casa de unos amigos y, una vez allí, coincidí con el chico que me había presentado a Álvaro meses atrás. Nos pusimos al día y, con toda la naturalidad, le conté lo bien que estaba con él y le di las gracias por habernos introducido.

Se quedó muy serio y pronunció unas palabras que todavía hoy me duele recordar: “Andrea, Álvaro está casado con Helena desde hace 6 años. No viven juntos desde hace uno, que se separaron, pero no se han divorciado y, desde entonces, lo están intentando una y otra vez. De hecho, pasé la Navidad con ellos”. Me puse supernerviosa. Le llamé para decirle que sabía todo, que lo nuestro se había acabado definitivamente y que iba a contactar yo misma con Helena. Álvaro comenzó a llorar y me dijo que hablaría él con su mujer. ¡Su mujer!

Por fin confesó

Su modo de actuar fue de lo más curioso (y cobarde): nos escribió un e-mail a las dos, en el que relataba la historia al completo y nos decía que estaba enamorado de ambas. Pedía que empezáramos todos de cero (¡hipócrita!). Aluciné, porque la única razón por la que confesaba era por miedo a que yo le contase a su mujer lo nuestro. Yo contesté, con Helena en copia, para que se enterase bien de lo que su (todavía) marido había estado haciendo conmigo.

Ella nunca se manifestó y no he vuelto a saber nada de él. Estuve fatal durante muchos meses y aún me parece increíble que algo así me pasara. Pero viendo todo con perspectiva, y con ayuda de un profesional, he aprendido algo: si vuelve a aparecer alguien en mi vida que es inestable y me genera inseguridad, mejor dejarle ir. El amor tiene que aportarte equilibrio y felicidad. Y si tu pareja duda a la hora de comprometerse contigo, está claro que es una señal para gritar bien alto: ¡Que pase el siguiente!.

¡Que no te engañen!

Si quieres blindarte contra las mentiras y estar preparada para reaccionar, sigue estas pautas.

Fíjate en las señales «Cualquier cambio de conducta de tu pareja indica que ha modificado sus expectativas con respecto a la relación», explica la psicóloga Marta Salazar. Si pone distancia física o evita hablar del futuro, desconfía.

Actúa con rapidez: Ante cualquier sospecha, Marta Salazar recomienda «expresar cómo te hace sentir la situación de duda y no tomar decisiones precipitadas: luego puedes arrepentirte y perderías credibilidad en la relación. Y si tiene una doble vida, sal de ahí cuanto antes.

 
 

Acepta tu parte luminosa y tu parte oscura

Así podrás aceptar a los demás tal y como son

Acepta tu parte luminosa y tu parte oscura

Deepak Chopra afirma: Somos espejos de los demás y debemos aprender a vernos en el reflejo de las demás personas.
Cuando estamos dispuestos a aceptar los lados luminoso y oscuro de nuestro ser, podemos empezar a curarnos y a curar nuestras relaciones.

Todos somos multi dimensionales, omni dimensionales. Todo lo que existe en algún lugar del mundo también existe en nosotros.

Cuando aceptamos esos distintos aspectos de nuestro ser, reconocemos nuestra conexión con la conciencia universal y expandimos conciencia.

Las características que distinguimos más claramente en los demás están presentes en nosotros.

Cuando seamos capaces de ver en el espejo de las relaciones, podremos empezar a ver nuestro ser completo.

Tener características negativas no significa que seamos imperfectos, sino que estamos completos; gracias a esa totalidad, podemos acceder más fácilmente a nuestro ser universal.

Una vez que puedas verte en los demás, será más fácil establecer contacto con ellos y descubrir la conciencia de la unidad. Éste es el poder del espejo de las relaciones.

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