Envidia

¿Los demás tienen mejor suerte?

Envidia

Pautas para prevenir y superar la envidia

La envidia aparece cuando tendemos a valorar en los demás aquello que a nosotros nos falta. La clave, aquí, está en el nos falta, porque ¿qué hay de todo lo que tenemos?

Según los expertos, el bienestar emocional consiste en el equilibrio al que conduce conocer y asumir con serenidad y buen humor lo que somos y lo que aspiramos a ser.

En ningún caso se trata de ser conformistas y de abandonar nuestras ambiciones personales, sino de ser consecuentes con aquello que somos.

Por otra parte, debemos aceptar la envidia como un sentimiento humano más, que sólo nos ha de preocupar cuando deriva en patología, caso en el que conviene acudir a un psicólogo. Aquí tienes algunas pautas para prevenirla y superarla:

• Aprende a conocerte. Lo primero que debes hacer es conocerte, descubrir tus cualidades y ser consciente de tus limitaciones.

• Mídete siempre contigo mismo. Si quieres ser tú mismo, no necesitas compararte con nadie, porque tu referencia de superación no es el éxito ajeno, sino tu propia capacidad.

• Valora tu vida. Aprecia tu existencia y agradece lo que te ofrece. No vivas pendiente de lo que no tienes. Alégrate por lo que sí tienes y céntrate en los aspectos más positivos.

• Alégrate por la buena suerte ajena. Si sientes envidia, éste será un punto difícil pero alcanzable. Piensa que de lo que se trata es de vivir el mayor número de momentos de felicidad posibles, sin importar de quién procedan.

• Trabaja tu autoestima. Ve superando tus retos personales con confianza en ti mismo y verás cómo pronto también te alegrarás por los logros de los demás, sin percibirlos como amenazas.

• Actúa sin lamentos. Reconocer la envidia es un gran paso que puede propulsarte a explorar tus verdaderos deseos y la posibilidad de alcanzarlos. Lucha por conseguirlos, sin perder tu precioso tiempo en comparaciones.

La envidia aguda puede crear ansiedad y trastornos del apetito y del sueño. Incide también en la actitud hacia la vida, y puede convertir a la persona en una eterna víctima cuya actitud defensiva derive en modos irónicos, altaneros, fríos y distantes e incluso de menosprecio.

No te dejes dominar por la envidia

El envidioso coloca a los envidiados en una posición de superioridad, a una distancia inalcanzable, y esto puede provocarle grandes malestares: sufrimiento, impotencia, desánimo, insatisfacción, frustración, rabia y complejo de inferioridad, que además le vuelven dependiente de esas personas.

 

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