Piensa y luego actúa

Ve introduciendo cambios gradualmente

El autoconocimiento facilita el camino en la vida, pero hay que saber transformar ese conocimiento en propósitos concretos que nos cambien o mejoren, y que la reflexión personal sirva para algo.

Si nos dejamos llevar por expresiones como «No puedo», «No sé si soy capaz», «Mejor renunciar a tiempo», debilitamos y erosionamos nuestra voluntad, haciéndola menos eficaz y fiable.

También, formular de un modo complejo o indirecto un propósito, dispersa la voluntad.

Hazte las preguntas que te interesan de forma clara, directa y concisa. Por ejemplo: «¿Deseo seguir con él en la misma situación?». Y si puedes, llévalo a término en el mismo momento, evitando expresiones del tipo «Lo haría si…». Actúa ¡ya!
Piensa intensamente en lo que quieres. Pregúntate: «¿Lo deseo de verdad?.

Si la respuesta es positiva, escribe en un papel tu deseo y escóndelo en una cajita: será el cofre de tu voluntad. Cada vez que te topes con un obstáculo, relee tu propósito en voz alta y asimila lo que dice.

 

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