Acoso sexual 1

En realidad, los investigadores descubrieron que el 75 por 100 de las mujeres notificaron un deterioro en su trabajo por ser incapaces de concentrarse, haber perdido confianza en sus aptitudes y logros o por haber perdido la motivación laboral por ser víctimas de una venganza.

Prácticamente todas las mujeres dijeron tener uno o más síntomas de estrés psicológico, como tensión, nerviosismo, cólera, temor o impotencia. Algunas presentaban una gran sensación de angustia, similar a la que presentan las víctimas de violación e incesto.

Muchas tienen además síntomas físicos, incluyendo náuseas, dolor de cabeza y fatiga crónica. Algunas incluso recurren al alcohol o a las drogas para mitigar su tensión.

No hay opciones fáciles

María Julia probó una de las pocas opciones que existen para las mujeres que sufren acoso sexual en el trabajo. ¿Pero qué hay de las mujeres que no pueden dejar el trabajo por un motivo u otro? Pueden quedarse y sufrir o presentar cargos contra el agresor. Muchos empresarios tienen directrices y procedimientos de agravio para ocuparse de los casos de acoso sexual.

En 1980, el Equal Employment Opportunity Commission (EEOC) (comisión que investiga discriminación racial o sexual en el empleo en EE. UU.) permitió a las mujeres hacer un caso federal por acoso sexual. El acoso sexual se considera una violación de los derechos civiles de la mujer, bajo el Título VII de la Ley de Derechos Civiles de 1964, y los casos de acoso sexual son llevados a juicio.

A pesar de todo, un porcentaje muy bajo de mujeres llegan a presentar cargos, contratar un abogado y llegar hasta el final.

¿Por qué? Los motivos pueden ser múltiples. Un estudio reciente sobre estudiantes femeninas de universidad —víctimas frecuentes de lo que un experto denomina irónicamente profesores lascivos— halló que muchas mujeres dudan si presentar o no cargos contra el agresor, por temor a que arruinen su vida.

Muchas políticas sobre acoso sexual están muy orientadas hacia el castigo y a muchas mujeres realmente no les interesa ver a un profesor perder su trabajo o que despidan a un supervisor. No desean cargar con esa culpa y las mujeres son muy propensas a sentir culpa.

Temor al desquite

Existe también el temor a las represalias. Aunque la ley prohibe a las compañías vengarse contra una mujer que presenta cargos contra su agresor, ella puede convertirse en persona non grata en su oficina; incluso sus propias compañeras pueden darle la espalda ya que, por temor a perder su puesto de trabajo, se niegan a apoyarla incluso cuando ellas pueden ser víctimas o conocer el problema.

Elina, una ejecutiva financiera de Madrid que presentó una acusación de ser acosada sexualmente por un supervisor, recibió amenazas de muerte incluso antes de presentar sus cargos. La despidieron del trabajo y aceptó otro en el que le pagaban menos sueldo al año.

Ella escribe que su nuevo empresario, preocupado por el hecho de que llevase a su anterior jefe ante los tribunales, le dijo que sentía mucho haberla contratado y la presionó mucho obligándola a responder a cada minuto de su tiempo, incluido el tiempo que pasaba en el servicio.

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