Acoso sexual 2

Las mujeres temen también tener que repetir lo sucedido delante de los tribunales. Por desgracia, los tribunales, al oír casos de acoso sexual, también han permitido testimoniar sobre la conducta de la víctima de tal forma que la vida de una víctima de violación se convierte en un libro abierto. Con ello los tribunales «refuerzan algunos de los estereotipos sexuales de la mujer más degradantes».

La conducta de la mujer —incluso su modo de hablar y de vestirse— se considera una cuestión importante.

En realidad tanto ella como su agresor se someten a juicio. La conducta de la mujer se analiza detenidamente para que los tribunales decidan si dejó claro que las insinuaciones del hombre no eran bien recibidas, algo que refuerza la idea de que la mujer mantiene un rol de protectora en las cuestiones sexuales.

En efecto los tribunales establecen que «los hombres poseen el derecho legal a tratar a las mujeres que lleven la ropa apretada con menos respeto que a las mujeres que les queda más suelta».

Admiramos tremendamente el valor que tienen estas mujeres que han presentado estos cargos y han seguido hasta el final. Hace falta valor para arriesgarse a que la consideren alborotadora, en una sociedad que espera que las mujeres no se quejen cuando les pasan cosas a ellas.

¿Qué es el acoso sexual?

Los tribunales también han luchado contra la definición de acoso sexual. En algunos casos, resulta fácil de reconocer. El denominado acoso sexual quid pro quo —yo hago algo por usted y usted hace algo por mí— normalmente implica una promesa de ventajas laborales a cambio de favores sexuales.

Es entonces cuando el jefe le pide que se acueste con él a cambio de un trabajo o ascenso. No es tan fácil de reconocer el tipo de acoso que crea lo que la ley denomina un entorno laboral hostil.

Comentarios insinuantes, bromas o gestos, incluso fotografías o dibujos sexualmente explícitos dejados en la mesa de trabajo, constituyen también acoso sexual, pero a muchas empresas y a los tribunales —incluso a algunas mujeres— les cuesta mucho distinguir entre lo que está bien y lo que está mal.

Parte del problema es que, como se ha visto en estudios, los hombres pueden ver la situación de forma muy distinta a las mujeres. Muchos hombres se sienten halagados por insinuaciones sexuales, y piensan que las mujeres también.

Hasta 1991 los tribunales tendían a considerar los casos de acoso sexual más como los podría ver «un hombre razonable» que «una mujer razonable». Pero en enero de 1991 el 9th U.S. Circuit Court of Appeals invirtió una ley anterior que decía que un agente que inundaba a una compañera de trabajo con cartas de amor no era culpable de acoso sexual. Cualquier «mujer razonable», deciden los tribunales, se habría sentido asustada y alterada con las cartas.

Abuso de poder

Es la diferencia de poder la que da lugar al acoso. Normalmente una víctima de acoso sexual está en posición inferior a la de su agresor, como en el caso de María Julia. Aunque su jefe no le amenazó claramente con respecto a su trabajo, el hecho de que fuese propietario de la compañía hacía que ella se sintiese intimidada. Si usted trabaja, hay muchas posibilidades de que su jefe sea un hombre.

Según un estudio, el 75 por 100 de las mujeres están empleadas en trabajos donde existe segregación por sexo, están supervisadas por hombres, con virtiendo el lugar de trabajo en un lugar propicio para el acoso.
Pero no sólo los jefes tienen la culpa. Lo que le sucede a una secretaria le puede pasar también a una neurocirujana. Incluso cuando el hombre no está en una situación mayor de poder en el trabajo, nuestra sociedad considera a los hombres, por virtud de su género, más poderosos que las mujeres.

En los lugares de trabajo a los hombres se les considera más competentes, responsables, comprometidos y valiosos que las mujeres. Una mujer —incluso cuando ha alcanzado poder en una organización— tiene menos posibilidades de que la crean, que un hombre, y es posible que incluso la consideren menos influyente por haber sufrido acoso y no haber sido capaz de frenarlo.

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