Aplica la inteligencia emocional

Comienza a conocer tus propias habilidades, date un espacio para la experimentación con tu propio arsenal de capacidades personales y empieza a llevar a la práctica una nueva manera de accionar con tu entorno.
Tengo el mejor curriculum y no consigo trabajo. Tengo todo para conquistar a alguien pero no logro relaciones duraderas. Tengo el dinero necesario pero no consigo que las cosas me salgan bien… Hoy por hoy sabemos que no sólo el razonamiento y la educación formal cuentan, sino que la inteligencia es mucho más que esto: en nuestro desempeño social y laboral impactan directamente nuestras competencias personales. Así que pongamos manos a la obra para saber con qué herramientas contamos para activar esas inteligencias que hasta ahora no utilizamos.

Cómo manejar tus inteligencias

Quizás, al buscar tus propios talentos, te resulte complicado descubrirlos o saber cuál de ellos predomina. Pero hay algo que es seguro, y es que todos tenemos habilidades y aptitudes diferenciales y complementarias en relación a los demás. Aunque no siempre lo tengamos en cuenta ni las pongamos en práctica, estas habilidades y aptitudes pueden ser revisadas, «activadas» y potenciadas si nos dedicamos a utilizar algunas herramientas de autodescubrimiento y autodesarrollo personal. Se trata, en definitiva, de usar a nuestro favor una serie de recursos mentales y reflexivos que nos permitirán conocer aquello para lo que somos buenos y que hasta ahora no habíamos logrado observar. Algunas de estas herramientas prácticas son las que exponemos a continuación:
• El sentimiento: imagínate que mañana es ese «gran día». Vas a dar un examen o asistir a una entrevista laboral, o quizás tengas esa reunión que venías esperando hace tiempo. Los nervios te invaden y no podes dejar de pensar en lo que puede llegar a pasar. También tenes miedo de haberte olvidado algo o de equivocarte y hacer que todo fracase. Estás a punto de estallar y necesitas calmarte, por lo que empiezas a pelearte con tu pareja, con tus hijos, con el primero que se te cruce y hasta con ti misma, pensando que así te vas a sentir mejor. O tal vez optas por realizar todos los trucos posibles para ignorar esos sentimientos de ansiedad, creyendo que así van a desaparecer por arte de magia. ¿Por qué, en lugar de intentar escapar de ellos o proyectarlos hacia otros, mejor no les prestamos atención? Aceptar lo que nos está pasando es una buena solución en los momentos en que nos invaden emociones difíciles de controlar. Una buena forma de hacerlo es recodando que los sentimientos no son etiquetas; creer que somos lo que sentimos es un error. Vivimos definiéndonos de acuerdo a nuestras emociones: si tendemos a ponernos tristes, nos colgamos el cartel de «depresivos»; si usualmente nos enojamos, somos «irascibles». Esas etiquetas nos quitan la posibilidad de gestionar nuestros reales sentimientos y mejorarlos para convertirlos en cualidades y aptitudes.
• Reconciliación con uno mismo: nos propusimos lograr algo y a mitad de camino nos damos cuenta de que no pudimos, de que sencillamente eso no era para nosotros, que en realidad nuestro interés pasa por otro lado, que nuestros deseos de pronto han cambiado. Sin embargo, en vez de aceptar con claridad y autocompasión la necesidad de cambio que estamos experimentando, nos culpamos hasta el punto de forzarnos a seguir por un camino que no es el que nos hace feliz. En psicoanálisis, la culpa es definida como uno de los sentimientos más castradores. Nace en la infancia y hace que a veces nos sintamos mal por percibirnos de determinada manera. Si las emociones son las manifestaciones de lo contenido dentro nuestro, ¿por qué no escucharlas sin sentir remordimientos? Recordemos que no hay mejor manera de desarrollar nuestra propia inteligencia que siendo libres de elegir lo que deseamos.
Allí donde está nuestro gusto, nuestro placer, seguramente estará nuestro potencial y nuestro mayor talento. Date el permiso de cambiar de rumbo cuantas veces sea necesario hasta encontrar tu diferencial.
• La conversación-espejo con el otro: ya miles de veces te enfrentaste a ti misma tratando de hurgar en tu mundo interno, buscando aquello que te de felicidad, que te apasione tanto como para darle un nuevo rumbo a tus vínculos y a tus proyectos. Quizás sea hora de buscar a tu alrededor y pedirle a quienes más te conocen que te den su opinión acerca de ti misma. Nadie como tus amigos sabrá decirte qué ve de diferente y asombroso en ti. Seguramente, si les preguntas «¿qué crees que es lo mejor de mí?, ¿cuál crees que es mi mejor habilidad o talento?», te sorprendas enormemente con las respuestas. Esto sucede porque muchas veces desde afuera los demás pueden apreciar en nosotros aspectos que desconocemos. Presta atención y dale una oportunidad a la mirada de quienes más te conocen, solo ellos pueden sumar una perspectiva diferente a la que tu tienes sobre tu persona.
• Tu voz interior: las emociones son formas de expresión de nuestra psiquis que se manifiestan a través del cuerpo, como el sudor cuando tenemos miedo o el dolor de panza por la angustia. Más tarde, traducimos esas sensaciones mediante palabras, recuerdos o imágenes. Aquellos sentimientos que nos avergüenzan, nos incomodan o nos hacen sufrir son negativos. La ira o la envidia son ejemplos de esas emociones. No solamente son destructivas para nosotros y nuestro entorno, sino que nos anulan ante la posibilidad de encontrar, dentro nuestro, herramientas superadoras. Lo que necesitamos, en realidad, es asumir responsabilidades en vez de castigarnos injustamente por tenerlas. Despeja la bronca, sólo así habrá silencio suficiente para escuchar a tu voz interior, aquella que te sabrá decir qué es lo que estás buscando.
• El gestor de las emociones: el YO es el encargado de coordinar lo que sentimos. Los psicoanalistas lo definen como una entidad mediante la cual el individuo se hace consciente de su propia existencia. Cuando una carga es demasiado fuerte, ocupa tanto lugar en nuestras vidas que podemos sentirnos anulados. Por eso, aunque a veces nos resulte difícil controlarnos, es importante que sepamos que podemos hacerlo. Dejar entrar lo que sentimos, aceptar lo que nos pasa y entender por qué nos sucede es importante para crecer como personas.
Así, con estos pequeños pero a la vez reveladores pasos, podremos empezar a convertirnos en los administradores de nuestros propios talentos y habilidades, dejando de estar ocultos detrás de nuestras pasiones incontrolables. Sentí lo maravilloso que es tomar el control de lo que haces y de lo que te pasa. Aprovecha todo, tanto los momentos de tristeza como los de felicidad, porque en cada uno de ellos siempre podrás obtener un nuevo aprendizaje sobre ti misma. Hay habilidades que solo descubrimos en momentos de crisis.

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