Cometer errores (I)

Las consecuencias que provoca una equivocación son las que son, y hemos de aprender a verlas como simples hechos. Puede que no nos gusten demasiado, y que podían haber sido distintas, pero así son, y el hecho de aceptarlas también nos enseña.
A veces, el miedo que sentimos viene impuesto por las personas que nos rodean, por la creencia general de que equivocarse es negativo. Pero, aunque al principio no seamos capaces de saber si nuestro error dará frutos —e incluso provocará algo mucho mejor de lo que esperábamos—, es posible que así sea, y entonces ya no estará mal visto. El temor a equivocarnos provoca miedo a tomar decisiones, y este, una falta de acción o estancamiento que puede desembocar en frustración. Aquello que te hace feliz hoy, nunca será un error. Lo único importante es vivirlo con la intención de que sea lo mejor posible.

¿Pides consejo o aconsejas?

Aconsejar puede ser peligroso porque, generalmente, al hacerlo nos basamos en la propia experiencia, sin caer en la cuenta de que nosotros somos distintos del que recibe el consejo, y nuestras circunstancias también. Decir «Yo haría…» es muy arriesgado, pues conlleva lo que nosotros haríamos, pero no somos nosotros quienes estamos ante ese dilema. Por su parte, pedir consejo también puede ser arriesgado. La experiencia ajena nos ha de servir como guía, pero nunca debemos basar una decisión en el consejo de otro.
A veces seguimos a la sociedad para evitar la responsabilidad de tomar las riendas de nuestra vida. Creemos que sin responsabilidad no hay culpa; y es más cómodo permanecer en una zona en la que no nos arriesgamos a sentir frustración después. Sin embargo, cuando salimos de esa zona de confort, que implica no actuar para no cometer errores, aumentamos nuestra satisfacción y nuestra autoestima, al sabernos capaces de actuar por nosotros mismos. Es como cuando logras hacer algo que te asustaba, pero que al mismo tiempo deseabas hacer: la sensación de liberación resulta maravillosa.

Tu miedo es el peor error

Cuando aprendemos un idioma, es difícil hablarlo si mientras estamos pensando en cómo lo hacemos. Sólo pensando en lo que queremos decir, podremos hacernos entender. Si un bailarín no se ocupara solamente de sentir la música, sino que insistiera en repasar los pasos de baile mentalmente, o en el público que le está mirando, es muy probable que se equivocara. A la hora de realizar cualquier tarea, lo importante es tener presente la visión de lo que vamos a hacer, y permitir que sea el subconsciente quien se ocupe de pensar en cómo lo haremos. Incluso cuando estamos aprendiendo algo nuevo, es nuestra parte subconsciente la que aprende a manejarse. Si somos conscientes de que ambas partes funcionarán juntas y al unísono, tendremos la tranquilidad necesaria para actuar. Después, sólo hemos de observar con calma y alegría los resultados.

¿Temes arrepentirte?

Algunas personas, cuando llegan al final de sus vidas y echan la vista atrás, dicen que no se arrepienten de los errores cometidos, y que los volverían a cometer. Aunque siempre es mejor aprender la lección que encierran los fracasos, para no volver a caer en ellos, podemos aprender de estas personas que el acto de arrepentirse es inútil, que sólo sirve para causarnos dolor. Si nos sentimos arrepentidos por un error pasado es porque nos cuesta entender que equivocarse siempre es un acto involuntario. Por mucho que lo deseemos, es imposible haber actuado de forma distinta a como lo hicimos, puesto que las circunstancias de entonces no son las de ahora, y tampoco nosotros somos ya los mismos, seguramente hemos aprendido mucho desde entonces. Si fallamos en aquel momento fue precisamente porque aún no teníamos la experiencia necesaria, ni habíamos aprendido la lección que encerraba aquella equivocación. Comprender esto viene a decirnos, de nuevo, que gracias al error ha sido posible nuestro aprendizaje. Cometer errores forma parte del proceso de nuestro desarrollo y del hecho de vivir la vida, e intentar evitarlos es como intentar mantenerse en la cuerda floja eternamente. Llegará un momento en que nos caeremos, pero, sin duda, aprenderemos lo que tenemos que hacer para volver a levantarnos.

 

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