Construye tu casa de la felicidad (I)

El pilar del corazón

El amor auténtico hacia lo que te rodea (incluidas las demás personas) es la auténtica protección contra el sufrimiento. El egocentrismo resulta la verdadera causa que convierte la propia vida en un drama.
7 Céntrate en la gratitud. La felicidad no es lo que te hace agradecido, sino que es la gratitud lo que te hace feliz.
¿Cómo? Cada noche, antes de dormirte, piensa en cinco cosas que te hayan pasado durante el día y por las que sientas agradecimiento. Si no las encuentras, piensa en cosas que tienes y aprecias. Repítelo antes de levantarte.
8 Practica el perdón. El perdón tiene poco que ver con la persona o situación que perdonas; es un regalo que te haces a ti mismo, un acto de autocuración. Dejas de darle poder a alguien o algo sobre tu vida (tu infelicidad) y asumes las riendas para sanarlo. ¿Cómo? Abandona el egocentrismo por un momento; la otra persona puede tener sus motivos y su propio sufrimiento. Comprenderás que las personas hacen daño a otras personas sólo porque ellas mismas están heridas. Deja tu dolor a un lado por un momento y céntrate en el dolor de la otra persona (a la que considerabas «culpable»). Cambia el «¿por qué a mí?» por un «¿por qué no a mí?».
9 Reparte bondad. ¿Te encuentras hecho polvo? ¿Crees que no tienes nada que aportar a las demás personas? Deja de autocompadecerte. A menudo subestimamos el poder que tenemos de alegrarle el día a alguien.
¿Cómo? Sé útil a las personas que te rodean; ten un gesto amable, una sonrisa, ayuda a algún vecino… Cuando más tengas la sensación de que «hoy no es tu día», no pierdas el tiempo compadeciéndote (total, para qué, si «hoy no es tu día») y piensa cómo puedes aprovecharlo haciendo feliz a otras personas. Te sorprenderás al ver cómo todo ese agradecimiento vuelve a ti.

El pilar de tu cuerpo

Tu organismo es un laboratorio de química de la felicidad (serotonina, dopamina, endorfinas, oxitocina…) y también de la infelicidad (cortisona, toxinas, etc.). Aprende cómo hacer feliz a tus células.
10 Alimenta a tu cuerpo. Una mente sana suele encontrar mejor campo de cultivo en un cuerpo sano. ¿Cómo? Evita la comida basura y so-breprocesada, el exceso de estimulantes y azúcar. Consume productos frescos e integrales, bebe abundante agua y otros líquidos de origen natural.
11 Infunde energía a tu cuerpo. A través del descanso, la respiración y el ejercido adecuados.
¿Cómo? Caminar, correr, nadar, bailar, el yoga… aumentan tu nivel de dopamina, serotonina y norepinefrina (sustancias químicas de la felicidad).
12 Sincroniza con la sabiduría de tu cuerpo. Tu cuerpo sabe lo que te conviene en cada momento, aprende a conectar con él y a detectar sus mensajes. ¿Cómo? Acostúmbrate a mirar a tu cuerpo con la misma ternura que miras a un bebé (o un animal de compañía o cualquier cosa que te transmita un sentimiento profundo de amor). Cada vez que vayas a hacer (o dejar de hacer) una cosa, plantéate si es bueno para tu cuerpo y para ti: comer chocolate, tumbarte en el sofá, trasnochar, etc. Trátate como tratarías a tu hija o tu hijo pequeño y dale lo que necesita e intenta evitarle lo que le perjudica.

El pilar del alma

«Te hayas dado cuenta o no, las hayas reconocido como espirituales o no, seguramente habrás pasado por experiencias de silencio o transcendencia de lo divino… unos segundos, unos minutos que parecen eternos; un momento en que lo normal y corriente se ve hermoso y radiante; una profunda sensación de estar en paz, de sentirse feliz porque sí. Cuando surjan estas experiencias, cree en ellas. Reflejan tu verdadera naturaleza» (Sri Sri Ravi Rhankar, maestro espiritual).
13 Busca la conexión con tu poder superior. Aliméntate de la belleza, del arte, de la música, de los momentos, intensos siempre, que te conectan a la vez con tu interior y con lo universal. ¿Cómo?: Medita, canta, ora; son atajos a la felicidad porque potencian la actividad en las zonas del cerebro asociadas con la dicha y la compasión.
14 Escucha tu voz interior. Además de preguntar a diestro y siniestro, cada vez que tienes que resolver un asunto importante, conecta con tu sabiduría interior. ¿Cómo? Escribe tu pregunta y todo lo que te inspire, sin censura. Busca señales a tu alrededor; a menudo las respuestas están ahí fuera: sólo tienes que detectarlas. Dales un voto de confianza.
15 Confía en el desarrollo de la vida. Piensa por un momento que tú no eres responsable absoluto de tu vida (qué relajación, ¿verdad?), como si formaras parte de un plan, de una sincronía, y que el universo está ahí para apoyarte. ¿Cómo? Transmite una intención importante para tu ser superior. Suelta amarras. Confía. Observa lo que pasa.

El tejado

Vive tu vida con propósito. Las personas que lo tienen viven inspiradas a cada momento y pase lo que pase, con ¡ una sensación de significado.
16 Descubre lo que te apasiona. Lo sabrás porque te encontrarás en paz, con la sensación de estar en tu sitio, feliz. ¿Cómo? Sal un momento de tu ajetreada actividad, para y pregúntate: ¿Qué es lo que de verdad me gusta hacer? ¿Cuándo me siento bien? Escríbelo. Las respuestas serán como migas de pan que te conducen a tu propósito.
Lo importante no es pensar mucho sino amar mucho, así que haz lo que más te incite a amar (Santa Teresa).
17 Sigue la inspiración del momento. No basta con limitarse a hacer las cosas fáciles o que te quedan de paso. La inspiración te da el valor y la tenacidad para hacer cualquier cosa con tal de cumplir tu propósito, aunque constituya un reto o te dé miedo.
¿Cómo? Pregúntate cada mañana: «¿Qué tendría sentido hacer hoy?». Encuentra tiempo para hacerlo.
18 Contribuye a algo más grande que tú. Sé útil, pero no te limites a las exigencias de tu vida diaria. Piensa en cómo tu propósito puede ser de utilidad a otras personas.
¿Cómo? Plantéate: ¿Cómo podría servir mejor a los demás? Desde tu trabajo, tus estudios, el voluntariado… Con sólo una o dos horas al mes puedes cambiar tu vida y la de muchas otras personas.

El jardín

Cultiva las relaciones nutritivas, incluidas aquellas que, aun siendo doloro-sas, te ayudan a crecer y a estar bien.
19 Cuida tus relaciones. Aprecia las relaciones nutritivas y suaviza las que te resultan tóxicas; o, al menos, inténtalo antes de eliminarlas de tu vida. ¿Cómo? Recuerda que las personas somos espejo las unas de las otras; cuando alguien esté enfadado o muy crítico, comienza suavizando tu mirada, tu expresión, el tono de tu voz, pero no le lleves la contraria. Más tarde, intenta aportar elementos positivos a su visión. Y aprecia a las personas que te dan energía y fuerza. Díselo («Me haces reír «/’Gracias por apoyarme», etc.).
20 Rodéate de apoyos. Ante un conflicto, puedes sentirte muy solo. Pero muchas personas están en tu misma situación, llevan más tiempo y saben más. Contacta con ellas.
¿Cómo? Busca personas que sepan escuchar y comprender tus problemas o proyectos. Si es necesario, forma un grupo de apoyo y organiza reuniones periódicas (madres de adolescentes, personas discapacitadas deportistas, etc.)
21 Considera al mundo tu familia. Lo cierto es que todos vamos en el mismo barco, en este planeta, en el cosmos. ¿Cómo? Considera que cada persona con la que te cruzas es de tu familia y céntrate más en lo que tenéis en común que en lo que os diferencia. Permítete ver su niña o niño interior, sus problemas, limitaciones y sufrimientos cotidianos, sus luchas, sus deseos de felicidad. Exactamente igual que tú.

 

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