Hermanas 1

No resulta difícil averiguar las raíces de la rivalidad entre hermanas. «Todo se remonta al principio, teniendo que compartir el amor de papá y mamá» dice Fernández.

Hermanas 1

«La última vez que hice un estudio en serio, observé una madre con un bebé de unos 6 ó 7 meses de edad y un niño de 3 años, quien obviamente seguía necesitando la atención de su madre. La madre estaba completamente absorbida por el bebé, le cantaba canciones, le hacía reír. Era una monada ver el tipo de amor que había entre ellos. ¡Pero, qué cara tenía el niño de 3 años!, era como si dijese: «¿Cómo puedes hacer esto? ¡Tú eres mi madre!».»

Incluso si los padres están pendientes de sus sentimientos y se esfuerzan por tratar a todos los miembros de la familia por igual, los hermanos pueden seguir considerándose rivales. Para un niño, escribe Fernández, el hermano «roba el tiempo… canciones, historias y sonrisas que van dirigidas a él».
«No hace falta tener padres para fomentarlo» dice Fernández. «De hecho, sostengo una teoría personal de que las personas se casan porque el voto de abandonarás a lo demás, significa que serás mío. Eso es lo que he querido toda mi vida, ¡un ser humano que sea sólo mío!

Pero no es sólo la rivalidad inicial y las cicatrices que tenemos de la infancia lo que se interpone entre nosotros y la amistad con un hermano.

A pesar del hecho de que los hermanos comparten la mitad de los genes, es muy posible que no nos parezcamos más que dos desconocidos por la calle.

Aunque es posible que compartamos una relación genética, podemos ser personas totalmente diferentes, con una vida aparentemente común pero muy distinta, viéndola a través de las diversas personalidades. Si se le pide a unos hermanos que narren su misma infancia, es muy probable que cuenten historias muy distintas.

Fernández cuenta una historia de ella misma cuando tenía 10 años y esperaba con ansiedad a que regresase su hermano mayor de trabajar en la ciudad. Cuando llegó, él le pidió que diesen un paseo después de cenar. «Eso era lo que yo esperaba —él quería hablar conmigo» recuerda Fernández.

Pero cuando hubieron andado varios metros de la casa, su hermano le dio una moneda y le pidió que le hiciese de coartada.

Tenía una cita con una chica. «Me quedé destrozada. Fue el primer rechazo que tuve con un chico» dice ella.

Cuando, ya de adulta, sacó a colación el incidente, su hermano casi no se acordaba. «Es muy típico entre hermanos» dice ella. «Lo que para uno es muy doloroso el otro casi no lo recuerda».

La fuerza de la gravedad

A pesar de todo, independientemente de lo distanciados que estemos, psicológica o físicamente, la relación entre hermanos puede ser muy fuerte. Es posible que estemos unidos para siempre por una especie de gravedad emocional.

«Yo soy tan distinta de mi hermano y hermana» dice Fernández. «Mi hermana es una persona pragmática, buena con los números.

Mi hermano es un hombre de negocios. Yo soy más emocional. Pudiera parecer que no hay una gran conexión entre nosotros. Con todo, un domingo decidimos ir a ver a nuestro padre que está en una residencia.

Mis hermanos vinieron a buscarme. Estaba a punto de sentarme en el asiento trasero cuando dijeron, «No, siéntate delante con nosotros».

Cuando pasé delante, me sentí tan cómoda, tan inundada de la sensación tan bonita que era, lo primitivamente familiar que resultaba estar sentada en el coche entre mi hermano y mi hermana.

Había algo físico en ello. Era como si mis células genéticas estuvieran diciendo, «Oh, felicidad, felicidad, la familia ha vuelto a unirse».

En su investigación, la doctora Bedford descubrió una serie de hechos que parecían ayudar a encubrir algunas relaciones fraternales que no iban bien. La vejez, dice ella, es «algo en pro de la igualdad de derechos.

Conforme vamos envejeciendo valoramos más la familia y nos sentimos más obligados a mantener el contacto». «Vas perdiendo a los vecinos de modo que empiezas a depender de la hermana. Te pasas las horas colgada al teléfono hablando con ella».

Aunque puede tener el efecto contrario, la muerte de los padres puede unir más a los hermanos, sobre todo si hace que mantengan más el contacto.

Las personas se quieren más cuanto más se relacionan. Circunstancias tales como la muerte de los padres, que da más motivos de contacto, ayudaron a algunas de las personas de mi grupo de investigación. Mejoraron los aspectos emocionales de su relación. A menudo desaparecían los aspectos negativos de su relación, y la relación les ayudaba a tener más contacto con el presente.

Por supuesto el contacto estrecho puede resucitar viejas heridas. El niño que usted era puede estar oculto esperando a sabotearle.

Si el tiempo no ha curado esas viejas heridas, dice Fernández, usted tiene dos elecciones. Puede enterrarlas, por el bien de su relación, o hablar de ello con sus hermanos.

«Algunos hermanos tienen que mantener esa larga y dolorosa charla» dice Fernández. «Nunca te odié. Tenía envidia. Pensé que tú me odiabas, por eso hice lo que hice». «Usted ríe, llora y de repente empieza una nueva relación.

 

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