Libérate del peso de la insatisfacción

¿Eres de las que nunca están satisfechas con nada, de aquellas que no pueden disfrutar de sus logros por más de cinco minutos? Esta sensación puede tener raíces muy profundas; liberarte de ella es una cuestión de inteligencia emocional.
Hay personas que lo tienen todo: una familia, un buen empleo, una casa hermosa, bienes para vivir confortablemente y dinero para disfrutar de una buena vida. Sin embargo, no son felices: sienten que siempre les falta algo.
Otros se esfuerzan por conseguir sus metas, pero cuando lo logran, piensan que después de todo, lo que lograron no fue gran cosa. Alcanzar logros muy anhelados tampoco los deja felices.
Si sentís que este tipo de malestar emocional te afecta, presta atención a las raíces del sentimiento de tener siempre algo en falta. Así podrás comenzar a revertir esta tendencia anímica. La inclinación a pensar que nunca es suficiente no tiene relación con tener o no tener bienes materiales, logros o éxito. La sensación de que nunca es suficiente es un hábito y una consecuencia de los impulsos dominantes que moldean la personalidad.
Estos modelos fueron activados por vivencias del pasado y todo lo que rodea la vida de las personas insatisfechas no hace sino mantenerlas atrapadas en las misma red.
Correr detrás de bienes, premios y ascensos laborales para quedar tan insatisfechos como antes no mitigará esta herida emocional que dejaron las experiencias del pasado. Mirar hacia atrás no resolverá los problemas ni cambiará tu actitud frente a las cosas, a menos que estés dispuesto a hacerlo. Anímate, entonces, a cerrar las etapas del pasado y a darte nuevos motivos para disfrutar de tu vida presente.
Es cierto que nos enfrentamos constantemente a nuestro futuro, pero también es cierto que somos los únicos autores de nuestra vida, los únicos que podemos darnos las razones para vivir en plenitud con lo que somos y lo que tenemos. Algunas estrategias que te ayudarán a lograrlo son:
• Reconoce que si hubieras podido hacerlo, lo habrías hecho. No te preocupes por lo que no pudiste hacer hasta ahora; todavía estás a tiempo de reconvertir tu forma de mirar la vida y vivir satisfecho con tus logros.
• Genera un buen trato con ti misma. La mayoría de las insatisfacciones o problemas no tienen que ver con que carezcamos de respuestas o soluciones, sino con que tenemos un vínculo muy exigente y áspero con nosotras mismas. Date una chance para retomar un buen clima hacia tu propio interior.
• Deja de culparte. Remover viejos problemas y angustias de nada sirve, todo lo contrario, frena tu impulso hacia adelante. Te mereces un cambio de vida y para eso precisas una nueva perspectiva. ¡Suelta el pasado que te condena!
• Repasa tus propias inteligencias. Redescubrir aquello para lo cual eres realmente buena es el primer gran paso. Anímate a valorarte, si tu no lo haces, los de afuera jamás podrán hacerlo.
La satisfacción con una misma, su vida y sus logros es un aprendizaje y, para muchas personas, un auténtico desafío.
Para lograr vivir satisfechos con lo que nosotros somos hay que comenzar por escucharse interiormente con honestidad y bajando el nivel de las exigencias. Es importante, además, aprender a dirigir nuestros deseos, ya que saber visualizar metas y valores nos conduce a la plenitud como personas. Dejar de lado el desgaste del deseo consumista -que se agota en cada adquisición y se despierta con el siguiente objeto anhelado-, para volverse hacia los deseos más genuinos del corazón será la forma de comenzar a transitar el camino de la verdadera felicidad. Esta nueva manera de desear y de soñar implica elegir lo que se desea, disfrutar de lo que se tiene, valorar lo que se es y gozar inmensamente de la riqueza increíble del vínculo con nosotras mismas y con los que tenemos alrededor.
Para salir de la trampa del deseo efímero hay que aprender a desear. Este aprendizaje exige volver a los grandes anhelos de la vida: el amor, los afectos, la creatividad. El bienestar, las relaciones amorosas y el sentimiento de progresar en algo son componentes de felicidad.
Aprender a desear implica saber elegir nuestros deseos, teniendo en cuenta que los pilares de la felicidad no están en la acumulación de objetivos sino en la respuesta a la necesidad de amar y ser amados, de trascender y crear. Cuando aprendemos a desear, descubrimos también la habilidad para disfrutar. Gozar profunda y plenamente de lo que tenemos, aquí y ahora, es uno de los grandes secretos de la felicidad.
Al volver la mirada hacia los aspectos de nuestra vida que están plenos y realmente nos gratifican, descubrimos que tenemos muchas razones para ser felices; pero claro: hay que darse tiempo para mirar, para asombrarse, para desarrollar esta nueva inteligencia y advertir que la felicidad ya es nuestra compañera de ruta.
Pasan los días, las semanas y los años, y nuestros deseos nunca se detienen. Transitamos la vida deseando una nueva casa, un nuevo empleo, un auto más moderno, un viaje soñado, convencidos de que aquellos serán sinónimo de bienestar y alegría.
Sin darnos cuenta pasan las generaciones y olvidamos una premisa importante: la felicidad está más cerca de lo que pensamos. Y si tuviéramos que definirla, la palabra indicada sería «chispazo»: la felicidad, el bienestar y la alegría surge del impulso gratificador que se enciende como una pequeña chispa dentro nuestro cuando nos decidimos de corazón a ser felices.
Una vez encendido, ese fervor se expande dentro de nosotros en cada ámbito que transitamos, en cada momento que nos toca vivir. Esta es la propuesta: encendamos la felicidad, contagiémosla a nuestro entorno. Seamos ejemplo allí donde estemos. Confiemos en que podemos convertirnos en un «espiral positivo».

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