Aprender a perdonar

10 buenas razones para eliminar rencores pasados

Aprender a perdonar

Te ayudamos a comprender porqué nos cuesta deshacernos de las emociones negativas y lo guiamos por el sendero de la liberación personal y la alegría.

Las emociones negativas, como el odio, los celos, el rencor o la envidia perjudican más a quien las padece, que a la persona u objeto de ese sentimiento nocivo.

Así, no afectan tanto la salud mental y física de la persona que las sufre, sino de quien las emite; ya que la energía negativa que generan esos pensamientos ensucian nuestra mente y espíritu de tal modo, que sólo atraen más emociones negativas.

Liberarse de esos pensamientos y sentimientos que llegan a obsesionarnos con frecuencia es la clave que necesitamos para ascender hacia el camino de la felicidad personal.

Te guiamos en la comprensión de estas debilidades que nos afectan a todos y te ayudamos a superarlas.

El rencor, una emoción bloqueada

Por lo general, las personas francas y abiertas suelen manifestar de forma directa lo que piensan o sienten a quien los acompaña.

Sin embargo, muchas veces por necesidad de mantener una relación o un puesto de trabajo, la mayoría prefiere ocultar sus verdaderos sentimientos, ya sea por miedo o por un falso sentido de lo que es la educación.

Como resultado, la frustración al no poder decir aquello que nos enoja, ofende o duele, se enquista dentro de nuestro ser. Entonces, adquiere la forma de un profundo resentimiento hacia la persona que nos causó algún tipo de daño o mal.

Como toda emoción negativa, al permanecer dentro nuestro, nos perjudica, no sólo emocionalmente, sino, físicamente, ya que también repercute en nuestro organismo. La hipertensión, el exceso de peso, los problemas digestivos y otros malestares físicos tienen muchas veces su origen en esas emociones bloqueadas.

El camino hacia la liberación

Existen muchísimas formas de revertir los pensamientos y emociones negativas para poder vivir en paz, sin obsesionarnos con tomar venganza o esperar que al otro le vaya mal debido a lo que nos hizo.

Liberarnos significará, en principio, comprendernos a nosotros mismos y, también, al otro. Si bien se dice que odiar es mejor que deprimirse, lo más saludable es, sin lugar a dudas, despejar los nubarrones y perdonar.

Pero, ¿cómo lograrlo si parecería que llevamos un puñal clavado a traición en el corazón? Hay técnicas sencillas y buenas razones para liberarnos del rencor. Las siguientes son algunas de ellas.

10 buenas razones para liberarnos del rencor

  1. Si pierde tiempo en resentirse contra otro, está restando el tiempo que tiene en su vida para hacer con ella todo tipo de cosas positivas, creativas y placenteras.
  2. Le está dando más importancia a otra persona que a usted. Ámese y deje que aquél que lo defraudó siga su camino. No se ate a él o ella con un sentimiento negativo.
  3. Acepte el rencor como un aspecto negativo de su personalidad. Piense cuándo lo sufrió por primera vez. Quizá, se hizo en usted un hábito. Reemplácelo por el opuesto, aunque le cueste. Cada vez que sienta rencor, cambie esa palabra por amor e internalice esa consigna dentro suyo diciéndose, por ejemplo: «Siento AMOR por… (nombre de la persona)».
    Con el tiempo, el subconsciente tomará nota y el rencor desaparecerá dejándolo libre de ese sentimiento.
  4. Perdónese a sí mismo por lo que crea que deba perdonarse (ser demasiado crédulo, ser rencoroso, ser débil, ser influenciable, etc.).
  5. Si tiene ocasión, exprese el enojo a la persona que lo causó, aunque esto signifique una ruptura o una pérdida. La autenticidad del enojo es la clave. Antes de enojarse, asegúrese de que lo que cree que le hizo esa persona no es sólo fruto de su imaginación.
  6. Acepte que ha sido dañado (defraudado, abandonado, maltratado, etc.). Muchas veces, el rencor desaparece cuando nos damos cuenta de que hemos sido víctimas de alguien inescrupuloso, que no merece que nosotros nos pongamos a su altura, sintiendo emociones tan bajas y como las que él o ella han manifestado por nosotras.
  7. El campo de la mente es aquello en lo que pensamos. Dibuje un círculo y sombree qué cantidad de su pensamiento «gasta» cada día en sentir rencor por otro. Medite acerca de ello para poder reemplazar ese espacio con cosas placenteras para usted. Es energía psíquica desperdiciada en algo inútil y, si la gasta en cosas inútiles, no le quedarán fuerzas para movilizar su mente tras sus objetivos vitales.
  8. Un paso crucial: perdone a quien le hizo daño. Esta actitud es inteligente y, a la vez, «sanamente egoísta». Usted se está sacando de encima a un enemigo que invade sus sueños, sus pesadillas, su vida familiar, su trabajo y aparece en todo momento amargándole la vida. Déjelo ir de su mente. Olvídelo para siempre perdonándole sus mentiras, cobardías, hipocresías, olvidos, desconfianzas, avaricias, etc. Al fin de cuentas, son cargas del otro, no suyas; por tanto, no es usted quien debe soportarlas, ¿no le parece?
  9. Deje de compararse con los demás. Siempre habrá alguien mejor y peor que nosotros, alguien más capaz en algún sentido o en otro, sea dentro del ámbito práctico o emocional. Recuerde que usted es único. No piense que los demás trabajan menos, ganan más dinero que usted, o tienen parejas que los aman, mientras que usted hace lo imposible por ser feliz en el amor y no lo logra. El rencor y la envidia son hermanos.
  10. Repita incansablemente durante el día la palabra más poderosa otorgada a los humanos. Esa palabra es AMOR. Vivénciela y contágiela a todos los seres conocidos y desconocidos, buenos y no tan buenos. Después de todo, lo acepte o no, ellos son sus hermanos.

La ley del perdón

Muchas enfermedades se relacionan con el rencor y el resentimiento, porque son heridas que no se cierran, por no sabernos controlar, dejamos que la mente se dispare y se manifiesten acciones que dan paso a la ira, rabia, a una carga energética que no nos favorece para nada.

El enojo constante lleva irremediablemente a un desequilibrio energético, que se refleja primero en el comportamiento (depresión, ira, obcecación) y, luego, en el plano físico (enfermedades de diverso tipo desde las más leves a las más graves).

Lo increíble es que, revirtiendo esos sentimientos, se puede restablecer la salud mental, emocional y física.

No es un trabajo sencillo pero, si se persevera, se puede estimular el pensamiento de modo que, cada vez que aflore un pensamiento negativo, lo reemplacemos por uno positivo, totalmente contrario.

Es difícil, ya que, probablemente, la herida sea grande, pero la ley del perdón nos asegura, desde el plano metafísico que, transmutando los pensamientos negativos en positivos, se revierte cualquier daño que nos infrinjamos al envenenarnos con rencores inútiles.

El ego y el rencor

El rencor habla de la “herida del ego”. Si nuestro pequeño “yo” se siente amenazado, humillado, maltratado u ofendido, surge el rencor. Olvidarse del ego y comenzar a conectarse con el Yo superior, ése que está directamente unido a la divinidad de cualquier credo constituye una forma de renunciar a los malos sentimientos.

Es el modo de trascender por encima de las mezquindades del mundo y mirar desde otro punto de vista más amplio lo que realmente nos ha sucedido. Vencer al ego es la forma de encontrar la paz interior, más allá de que otros no lo hayan logrado.

 

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