Cometer errores

La única condición para ejercer el derecho a cometer errores es responsabilizarte de ellos

Cometer errores

Algunas de las más conocidas obras de arte y de los más importantes descubrimientos científicos fueron el fruto de un error.

De la misma forma que un niño se cae muchas veces cuando está aprendiendo a caminar, un adulto se equivoca para aprender las lecciones que va necesitando a lo largo de su vida.

Cometer errores es parte imprescindible del hecho de madurar, y, si no lo aceptamos, nos instalaremos de forma permanente en la duda y en la indecisión.

Equivocarse resulta positivo en muchas ocasiones, puesto que, gracias a los errores, la vida responde a muchas de nuestras preguntas y nos aclara los dilemas que más nos preocupan.

Después de habernos equivocado, la incertidumbre que antes sentíamos desaparece, provocando que ceda también nuestra inseguridad.

Acepta que eres imperfecta

Los seres humanos, por el mero hecho de serlo, tenemos derecho a hacer las cosas de manera imperfecta y, por tanto, mal. Cuando comprendemos y aceptamos que es un derecho de todos los que pretendemos dirigir nuestra propia vida, se afloja la tensión y sentimos alivio al poder comportarnos como lo que somos, seres imperfectos.

Como dice Woody Allen, si no te equivocas de vez en cuando, quiere decir que no estás aprovechando todas tus oportunidades.

¿Te asusta reconocer tus errores?

Algunas personas creen que no se equivocan nunca; o, lo que es peor, cuando fallan y alguien se lo hace ver, se niegan a reconocerlo.

Piensan que sus argumentos y su actitud perdería credibilidad si cometieran errores. ¿Por qué actúan de esta manera? La razón es que tienen un fuerte sentimiento de culpabilidad.

Equivocarse les hace sentir ridículos, lo que demuestra su gran inseguridad. No actúan así porque se consideren perfectos, sino todo lo contrario: es su sentimiento de inferioridad lo que les lleva a tener una pretensión exagerada de perfección.

El perfeccionismo puede ser muy nocivo cuando, aparte de intentar hacer las cosas bien, raya en la intolerancia; porque llega un momento en que no somos capaces de decidir cuándo las cosas son válidas y cuándo no.

Esto nos lleva a enredarnos en una tela de araña que tejemos con nuestras propias dudas y temores, y de la que es muy difícil salir.

¿Te haces responsable de lo tuyo?

La única condición para ejercer el derecho que todos tenemos a cometer errores es responsabilizarnos de ellos.

Las personas admiramos la valentía y la sinceridad en los demás; por ello, cuando alguien reconoce que ha cometido un error o se disculpa por haberse equivocado, aunque sea de forma garrafal, pensamos que es lo suficientemente madura, valiente y segura para reconocer que es sencillamente humana.

La persona que reconoce su error demuestra humildad y sencillez al hacerlo, y, sobre todo, da a entender que está dispuesta a enmendarlo, a responsabilizarse de las consecuencias que pueda haber causado, porque es capaz de aprender de lo vivido. Según decía Ortega y Gasset: «El reconocimiento de un error entraña una nueva verdad».

¿Cómo ves los errores ajenos?

Según tomamos los errores de los demás, tomamos los nuestros. Podemos ser muy críticos con el resto del mundo, demostrando que aún nos falta mucho por madurar como personas. ¿Crees que todo el mundo está en contra de ti y de tus deseos?

Cuando sólo vemos las equivocaciones de los demás, es posible que en realidad estemos reflejando en ellos los pensamientos que tenemos sobre nosotros mismos. Es importante contemplar que un error nunca se comete a propósito; por eso, conviene tomarlos como lo que son, equivocaciones sin pretensión de hacer daño a nadie.

Cuando aceptamos, además, que cualquiera puede equivocarse, incluido uno mismo, no sólo nos liberamos de gran parte del temor y la inseguridad que sentimos, sino que también nos convertimos en seres independientes, capaces de caminar y avanzar por nosotros mismos sin temer hacerlo mal a cada paso.

Cicerón decía: Todos los hombres pueden caer en un error, pero sólo los necios perseveran en él. Aprender significa no cometer el mismo fallo demasiadas veces. Para ello es necesario ser conscientes de:
¿Qué nos ha llevado a equivocarnos? ¿Cuál es la razón por la que hemos actuado así?
Estas son sólo algunas de las preguntas que nos sirven para comprender que, cuando cometemos un error, siempre hay una razón que nos ha llevado a hacerlo.

Es posible que en un primer momento no seamos capaces de verla, pero siempre está ahí. Lo que ocurre es que, mientras estamos inmersos en nuestras circunstancias, la capacidad para mirar con perspectiva queda mermada por las emociones, los deseos, los miedos, las dudas… Por eso somos incapaces de contemplar otras posibilidades ni otras maneras de actuar.

Es probable que hayamos reaccionado, en lugar de actuado, que es lo que conviene. En cualquier caso, equivocarnos siempre nos da la posibilidad de aprender la lección que necesitamos en un determinado momento.

Sigue leyendo >>>

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.