Conductas supersticiosas

¿Eres de las que nunca pasan por debajo de una escalera? ¿Das la vuelta si ves cruzar a un gato negro? ¿Te descompones si se te cae la sal o ves unas tijeras abiertas? Cuidado, esas conductas pueden perjudicar tus relaciones.

Conductas supersticiosas

1. Ir reduciendo las conductas supersticiosas. Los rituales refuerzan nuestros miedos. Los hacernos para sentirnos protegidos o incluso salvados, pero sólo suponen un alivio breve e inmediato. Lo mejor es atrevernos a dejarlos y afrontar los miedos poco a poco.

2. Parar los pensamientos. Al reducir nuestras «manías», nos será más fácil parar los pensamientos anticipatorios de daño: «Voy a tener mala suerte», «Tengo que hacerlo»…En cuanto aparezcan, hay que pensar inmediatamente en otra cosa. Con paciencia y perseverancia lo lograremos.

3. Experimentar la calma poco a poco. Tras el intenso esfuerzo que supone atrevernos a vivir sin supersticiones, lograremos que, poco a poco, nuestra ansiedad sea sustituida por una sensación de calma y confianza en la vida, en el futuro y en nosotros mismos.

No anticipes el daño

Te pasas la vida temiendo, adelantándote al daño, poniéndote en lo peor… Y lo que tú llamas «manías», en realidad son rituales que realizas para aliviar tu tensión.

Algunos de estos comportamientos, realizados de forma esporádica, están muy extendidos en la sociedad y no suelen sorprender. Pero si has ampliado el repertorio, puedes tener dificultades. Porque estas conductas pueden delatar:

• Inmadurez. Cuando somos pequeños las supersticiones son adaptativas, nos ayudan a vencer la vergüenza o el miedo que nos produce enfrentarnos a situaciones nuevas. Pero es sano y normal irlas eliminando poco a poco.

• Un trastorno obsesivo-compulsivo. Cuando esas conductas no se reducen, o se incrementan, pueden generar un trastorno obsesivo-compulsivo.

• Necesidad de controlarlo todo. La persona vive con gran sufrimiento porque pretende evitar y controlar los sucesos desagradables que le podría traer el futuro, algo absolutamente imposible.

• Un estado de alerta agotador. Ante la angustia y el sufrimiento permanente, la persona encuentra un alivio momentáneo realizando rituales, conductas que a la larga refuerzan el problema.

• Malas relaciones con los demás. Los rituales nos ordenan no pisar las rayas, ponernos guantes para abrir la puerta en casa de nuestros amigos… y un sin fin de conductas que incluso pueden ser consideradas ofensivas. No es de extrañar, por tanto, que aunque seamos encantadores, provoquemos malestar en las personas con quienes nos relacionamos.

 

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