Confía en tu criterio

¿Das mil vueltas a las cosas antes de decidir? ¿Tienes miedo a equivocarte? La indecisión nos lleva a pedir consejo a unos y otros antes de tomar una decisión, en un intento vano de encontrar la solución perfecta

Confía en tu criterio

3 claves para tomar decisiones

La decisión perfecta no existe. Buscar la decisión perfecta es pretender controlar el futuro. Este pensamiento irracional no nos deja ser felices porque, siendo incapaces de conocer lo que nos va a pasar al minuto siguiente, ¡pretendemos anticipar años o toda la vida!

Busca la solución satisfactoria. Ya que, por mucho que razonemos, no podemos obtener garantías de que la decisión que vamos a tomar sea la perfecta, tenemos que aprender a conformarnos con la alternativa que, en este preciso momento, nos parezca más apropiada.

Ten valor. Andar temeroso por todo y buscar garantías —que nadie nos puede dar— dificulta realizar proyectos.

La indecisión y la duda nos impiden crecer y avanzar en la vida. Para ser felices, necesitamos cambios que rompan la rutina. Arriésgate (lo que no significar realizar actividades peligrosas).

El empeño en encontrar la solución óptima a tus problemas te ha llevado a expresar a todo el mundo tus dudas, a dilatar excesivamente algunas decisiones o a no tomarlas nunca. En lugar de pedir ayuda constantemente, lo que has de aprender es a aceptar la incertidumbre.

• Encuentra el punto medio. Entre ser impulsiva a la hora de tomar decisiones a pretender encontrar la decisión perfecta, va un abismo.

• Piensa sólo un tiempo razonable. Si no tienes clara la decisión y puedes posponerla, lo mejor es parar. Muchas veces, durante este tiempo de «descanso» surge claramente lo que de verdad quieres hacer. Pensando demasiado, lo único que consigues es distorsionar el problema y torturarte.

• Ten autocontrol. Proponte firmemente tomar las decisiones por ti misma y, aunque te informes o expreses tus dudas, asume la responsabilidad de las mismas sin dejarte llevar por ío que te digan los demás.

• Confía en ti. No hay nada que nos produzca más desazón que tomar una decisión desafortunada inducido por otros. Si somos nosotros quienes nos equivocamos, aceptamos mejor los errores que si nos hemos dejado influir por los demás. Y si las decisiones no nos pertenecen, aunque nos salgan bien, no nos atribuimos el éxito. Podemos pedir consejo, pero sabiendo que la responsabilidad de la decisión es nuestra.

• Toma lápiz y papel. Cuando tengas que tomar una decisión, escribe las diferentes alternativas, mostrando los pros y contras de cada una. Verás con más claridad los resultados.

 

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