Construye tu casa de la felicidad

Realiza el proyecto de tu felicidad. Afiánzalo con unos buenos cimientos donde asentar los pilares que sustentarán tu propósito de vida: tu dicha.

Construye tu casa de la felicidad

La gente feliz vive su vida de forma diferente a como lo hacen las personas de tendencias depresivas.

Concretamente difieren en 21 hábitos de vida que identificaremos como hábitos de la felicidad. 21 formas básicas de actuar, repartidas en diferentes áreas de tu vida, y que Shimoff ha estructurado como si se tratara de construir tu casa de la felicidad.

Los cimientos

Los mejores años de tu vida son aquellos en los que decides que tus problemas te pertenecen, asegura el psicólogo Albert Ellis. Mira tu parte de responsabilidad en cualquier conflicto de tu vida y afróntalo desde la perspectiva de que está en tus manos solucionarlo.

Céntrate en la solución. Si algo no te gusta, cámbialo; si no puedes, cambiarlo, cambia tu actitud. No te quejes. ¿Cómo? Obsesionarte con el problema, te hunde; apuntar a las soluciones te ofrece la ilusión de un nuevo objetivo en tu vida. La gente victoriosa se centra en las soluciones, mientras que las víctimas se quejan de sus problemas.

Busca la lección y el regalo. Todo problema, cualquier capítulo de tu vida, «bueno» o «malo», deseable o no, encierra una lección.

Ese es tu regalo. ¿Cómo? En cada problema, en vez de victimizarte, busca tu parte de responsabilidad, dónde estaban las señales previas que no detectaste y ya anunciaban el conflicto, observa sincera y valientemente cómo contribuíste a agravar el problema.

Aprende de la situación y toma nota de lo que harías diferente la próxima ocasión. Agradece la lección. Ahora eres una persona más sabia y mejor preparada para la vida.

3 Haz las paces contigo mismo, perdónate. A nadie le gusta vivir luchando, y siempre intentamos hacer algo por mantener la paz, nos equivoquemos o no. Pero a menudo vivimos en guerra con nosotros mismos (diciéndonos mensajes que nos deprimen, entristecen o enfadan) y, muchas veces, hacemos poco por resolverlo.

¿Cómo? Comparte si quieres tu historia, tus traumas, tus meteduras de pata, reconócelas valientemente; cuéntalo si quieres sacarlo fuera. Pero no más de tres veces, porque la insistencia sólo conseguirá atraparte en el victimismo.

Si has hecho daño, repáralo si puedes. Si crees que has metido la pata, perdónate; si tu error te ha hecho perder cosas, recuerda que en la vida nada permanece y todo fluye. Dale una oportunidad a la vida, y a ti con ella.

El pilar de la mente

Los pensamientos no son inofensivos: los negativos intoxican tu organismo físico y mental; los positivos curan y depuran. Asume nuevos hábitos para pensar mejor.

Cuestiona tus pensamientos. ¿Verdad que no te crees todo lo que oyes? Tampoco te crees todo lo que lees y, después del Photoshop, tampoco te crees todo lo que ves.

Pues toma nota: no te creas todo lo que piensas. No caigas en el error de seguir identificándote con tus pensamientos; no forman parte de tu propia identidad. ¿Cómo? Cada vez que te encuentres mal, detecta el mensaje que te estás diciendo y pregúntate si es eso cierto. Si no puedes afirmarlo con total certeza, cámbialo por otro pensamiento más positivo que se acerque más a la verdad.

Suelta amarras. Una trampa para cazar monos en Borneo consiste en poner arroz en una cascara de coco atada al suelo, con un agujero lo bastante pequeño para que pueda entrar la mano.

Cuando el mono toma el arroz, con el puño cerrado, no puede sacar la mano. ¡Pero el mono no suelta el arroz, y así queda atrapado! Ni tus pensamientos ni tus sentimientos son tú; deja de aferrarte a ellos como si fueran arroz. ¿Cómo? 1. Observa un pensamiento que te hace sentir mal.

Analiza si tiene algo de cierto.

Busca otros pensamientos más positivos sobre el mismo tema que también tengan algo de cierto. 4. Dale espacio en tu mente a esos pensamientos más positivos.

Plantéate si te conviene soltar el pensamiento que te hace sentir mal, ahora que tienes otras perspectivas más positivas para encarar el tema. 6. Pregúntate: ¿Cuándo voy a dejarlo ir? Respóndete: Ahora.

Reinicia el proceso cada vez que vuelvas a ese pensamiento, o cuando tengas otros que te hagan sentir mal.

Predispón tu mente a la alegría. Qué fácil decirlo, ¿no? La buena noticia es que es cuestión de hábito. Como dice la vieja leyenda cherokee, la vida (y la mente) es una pelea entre dos lobos: el lobo de la infelicidad (el miedo, la preocupación, la ira, la autocompasión…) y el de la felicidad (el gozo, el amor, la generosidad, la compasión). ¿Cuál gana? El que te dediques a alimentar.

¿Cómo? Registra lo positivo; repara en todo lo bueno que te ocurra; ve dando premios a las cosas hermosas que te rodean. ¿Te han cortado el teléfono y te han dejado sin internet?

Sal a pasear por el barrio, visita a tu familia, a tus amigos…Toma un tema cada día, por ejemplo: el agua. Celebra y aprecia cada cosa que hagas con el agua: ducharte, fregar los platos, regar las plantas, etc.

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