Cuidar a los demás sin enfermar tú misma

Hacerte cargo de un familiar que te necesita es una decisión generosa que comporta sacrificios y renuncias. Pero para que tu salud no se resienta debes tratar de reservarte tu propio espacio, marcar límites y, si es preciso, pedir ayuda y delegar los cuidados.

Cuidar a los demás sin enfermar tú misma

Estás en un momento de tu vida en que tus hijos ya no necesitan tanto de ti y te tocaría empezar a permitirte cosas que apenas habías tenido oportunidad de hacer antes: viajar, quedar con amigas, apuntarte a un curso…

Sin embargo, la realidad es que a menudo esta etapa coincide con que tus padres (o marido, suegros…)

se han hecho mayores, su salud se ha resentido y comienzan a necesitar tus cuidados. En estas circunstancias, muchas mujeres «aparcan» de nuevo sus proyectos para dedicarse casi por completo a la atención de ese familiar que no puede valerse por sí mismo.

Atencióncon el síndrome de la cuidadora

En un 65% de los casos, la responsabilidad de hacerse cargo de una persona dependiente recae en una mujer de su familia que tiene entre 45 y 65 años y convive con ella.

No tiene ingresos económicos, aunque su dedicación a menudo supera las 10 horas diarias, y además, acumula otras obligaciones, como hijos o nietos que atender y labores de la casa.

Para colmo, recibe escasa colaboración y comprensión por parte de otros familiares.

Esto, junto al desgaste emocional que provoca ser testigo directo del deterioro de un ser querido (que puede volverse extremadamente exigente) genera cambios de humor, rabia, sentimiento de injusticia, desánimo…

Sin olvidar las manifestaciones físicas más frecuentes: fatiga y problemas osteomusculares derivados de cargar peso, adoptar posturas incorrectas al movilizar a la persona dependiente…

Esta sobrecarga física y emocional se conoce como «síndrome de la cuidadora» y puede llevarla a derrumbarse si no se ataja a tiempo. Estos son sus principales síntomas:
Físicos: cansancio, dolor de cabeza, de articulaciones, gastritis, hipertensión, insomnio, mareos, etc.
Psíquicos: ansiedad, apatía, baja autoestima, depresión, irritabilidad o trastornos del sueño.
Sociales: aislamiento, soledad, falta de tiempo libre y de aficiones.
Laboral: absentismo y desinterés laboral o pérdida del puesto de trabajo por ser incompatible con el cuidado del familiar.

 

Una idea sobre “Cuidar a los demás sin enfermar tú misma

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.