Desarrollar la intuición

La inteligencia lógica y racional es el motor de nuestros actos. Pero a veces el cerebro nos envía mensajes, en apariencia irracionales, que pueden resultar muy reveladores.

Desarrollar la intuición

Pilar trabajaba como secretaria en una consulta médica, pero siempre le atrajo el mundo de los libros. Al carecer de estudios superiores, no veía la forma de conseguir un empleo en una editorial.

Una mañana, cuando se dirigía al trabajo en el metro, se fijó en los libros que leían dos personas frente a ella; la misma editorial que produjo el libro que ella misma estaba leyendo.

Su intuición le dijo: infórmate sobre sus ofertas de empleo. Lo hizo y descubrió que en la editorial había un puesto vacante de comercial. Pilar consiguió el trabajo y ahora está encantada.

Señales que ayudan

¿Has pasado alguna vez por una situación similar? ¿Has observado coincidencias muy significativas para ti? Cuando un asunto nos preocupa, captamos detalles a nuestro alrededor que tienen mucho que ver con él. Y a veces nuestra intuición puede darnos una pista clave.

Quizás, en este mundo hiperracionalizado en el que vivimos, hayamos dejado de lado aspectos intuitivos que hace mucho tiempo aseguraban nuestra supervivencia.

Esta intuición puede ayudarnos hoy en casos de incertidumbre e inseguridad, pero la tenemos desentrenada. Los grandes filósofos se ocuparon ya de este tema; según Aristóteles, la intuición es un tipo de conocimiento que comprende las definiciones sin necesidad de demostración.

Por su parte, Descartes la definió como «la concepción no dudosa de una mente pura y alerta». Recoloquemos a la intuición en el lugar que le corresponde.

¿Qué son las sincronicidades?

El caso de Valeria sirve para explicarlo bien. Las sincronicidades son esos detalles y situaciones, relacionados con nuestro caso particular, que se «manifiestan» frente a nosotros en el momento justo y nos impulsan a tomar ciertas decisiones.

El primero en hablar del principio de sincronicidad fue C. G. Jung, para explicar la conexión entre fenómenos o situaciones de la realidad que se enlazan de manera acausal, es decir, que no responden a la tradicional lógica causa-efecto.

La sincronicidad es algo así como una coincidencia portadora de un mensaje; si intentamos entenderla desde la intuición, nos puede anunciar que en nuestra vida puede estar operándose un cambio para el que ya estamos preparados.

Puedes entrenarte

Despertar de nuevo la presencia de la intuición en nuestras vidas sólo requiere de dos condiciones: querer hacerlo y estar abierto a las posibilidades.

El mundo que nos rodea está plagado de detalles y signos que miramos sin ver; es primordial abrir totalmente los ojos, quitarse las gafas de la costumbre y entrenarse para percibir todos los detalles que nos rodean, intentando llegar hasta el alma de las cosas.

De ese modo permitiremos que el instinto ocupe un lugar en nuestra existencia, dirigiéndonos guiños y señales.
Las personas intuitivas son terriblemente observadoras; su inconsciente analiza todos los detalles que perciben y les devuelve dicha información, procesada y analizada, mediante mensajes indicadores de lo que deben hacer o decir.

El objetivo principal de la intuición es conducirnos a un comportamiento que aúne con coherencia el ser y el «hacer». De esta forma, al principio es posible que nos impulse a hacer cosas que nos resulten difíciles, porque son nuevas y diferentes de aquellas a las que estamos acostumbrados.

La intuición nos ayuda a salir de la rutina o el exceso de comodidad. También nos impulsa a abandonar los patrones establecidos por la educación o la sociedad. Lo que aporta un plus de alegría y viveza a nuestra existencia, dotándola del encanto de lo inesperado y predisponiéndonos hacia el cambio.

Cómo reconocerla

Las intuiciones, por naturaleza, son siempre positivas y pueden conducirnos hacia lo mejor en todos los campos de la vida. Pero no debemos confundirlas con otras pulsiones, aunque en ocasiones sean muy similares. Hay tres casos fundamentales que pueden llevarnos a la confusión, y hay que estar atentos y reflexionar profundamente sobre ellos para evitar errores:
• La expresión de un deseo. Cuando queremos conseguir algo que realmente es una ilusión o casi un imposible, podemos pensar que nuestra intuición nos está indicando ese camino. ¡Cuidado con los deseos demasiado alejados de la realidad o de nuestras capacidades!

• La expresión de una fantasía. Algunas personas sueñan más su vida de lo que en realidad la viven; imaginación y realidad se superponen. En este caso, la información no se recibe, sino que se concibe, siendo una proyección de nuestros deseos. Esta proyección no llegará a materializarse, ya que pertenece a la esfera onírica.

• La expresión de una compulsión. Se trata en realidad de la imposibilidad de no realizar una acción, ya que, si no la llevamos a cabo, experimentaremos angustia y culpabilidad. En estos casos, actuamos de manera irracional, mientras que la intuición considera (de manera inconsciente) todos los parámetros de nuestra realidad, interior y exterior.

Preparar la mente para el sexto sentido

Una persona estresada, agobiada o acelerada, difícilmente podrá escuchar su voz interior y utilizarla para ayudarse en la toma de decisiones.

Para desarrollar nuestra capacidad de observación y percepción inconsciente, debemos despertar nuestra mente, aportándole calma y reflexión.

La meditación es una espléndida aliada para conseguirlo, pero no todo el mundo es capaz de llevarla a la práctica. Por ese motivo, podemos empezar llevando a cabo una serie de dinámicas más sencillas hasta conseguir alcanzar el objetivo.

Con ropa suelta y en un ambiente silencioso y tranquilo, siéntate o túmbate de la manera más cómoda posible. Cierra los ojos y relaja los músculos del rostro, separando las mandíbulas. Relaja el cuerpo. Inspira por la nariz y baja el aire hasta el vientre; deja después que suba al tórax para pasar a continuación a expulsarlo, sin forzar, como si fuera un suspiro.

Realiza las inspiraciones de manera cíclica y relajada, sin detenerte; sé consciente de lo que estás haciendo. La inspiración dura unos cinco segundos, y la espiración, entre siete y ocho.

Lleva a cabo este ejercicio durante cinco minutos todos los días; si lo haces por la mañana, mucho mejor. Te ayudará a estar más relajado y a tener la mente despierta para recibir todos los signos del exterior y para realizar un análisis ajustado de las distintas situaciones.

Ábrete a percibir

La relajación prepara mente y cuerpo para que sean capaces de captar las señales. Estas las percibimos siempre a través de los sentidos: la vista, el oído, el tacto…

Por ello, es esencial ser consciente de lo que se hace. Por ejemplo, cuando estemos en el autobús o en el metro, podemos observar a nuestros compañeros de viaje y ejercitar nuestras capacidades analíticas intentando deducir aspectos de sus vidas.

Esto nos habituará a analizar los detalles que vemos. En general, no escuchamos a nuestros interlocutores al cien por cien, sino que nos dedicamos a preparar nuestras respuestas.

Si prestamos atención a lo que se nos dice, descubriremos que podemos llegar a conocer muchos aspectos relevantes de las personas que nos serán muy útiles para nuestras futuras relaciones. La percepción sensorial es también crucial.

¿Quién no se ha sentido «cargado» o «vaciado» de energía al tratar con ciertas personas? Las circunstancias de los demás nos influyen de manera inconsciente, y podemos percibirlas aunque se nos traten de ocultar.

La mente capta los mensajes de comunicación no verbal y saca conclusiones a partir de ellos, que nada tienen que ver con nuestra percepción visual o auditiva. Si nos acostumbrarnos a tener en cuenta estos detalles, se transformarán en una información valiosísima para complementar nuestra racionalidad.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.