El instinto maternal

En algunas mujeres el deseo de ser madre se despierta de forma temprana; otras en cambio nunca sienten esa necesidad. En ello puede influir el dar prioridad a un buen estatus o al éxito profesional, pero también la biología

El instinto maternal

En la Naturaleza está escrito que el objetivo de la mujer en la sociedad es tener hijos… o así era hasta hace pocos años.

Los cambios que ha comportado la vida moderna han hecho alterar las prioridades femeninas: la necesidad de ser económicamente independientes o el acceso a puestos de trabajo de responsabilidad han relegado, en algunos casos, la maternidad a un segundo lugar.

Ser madre sigue siendo un deseo, pero ya no es tan urgente como antes: la edad media del primer hijo se sitúa en torno a los 30 años, cuando hace dos décadas estaba entre los 20 y 25.

¿Es algo físico o emocional?

Lo cierto es que cada vez se pospone más el nacimiento de los hijos, pero la mayoría de las mujeres reconoce que en algún momento de sus vidas experimentan ese instinto maternal; aunque también las hay que se sienten muy preocupadas porque no llegan a sentir esa «llamada». Sin embargo, estas mismas mujeres relatan cómo ese sentimiento aparece con fuerza inusitada una vez que han sido madres.

Cada una lo vive de una forma distinta, pero hay diversas teorías sobre él: Para la mayoría de los científicos el amor maternof ilial se sustenta en argumentos biológicos, químicos y hasta genéticos.

Según los expertos, hay incluso una hormona responsable del llamado instinto maternal de protección, que es la oxitocina, sintetizada por el hipotálamo. Esa es la razón que explica que las madres sean capaces, literalmente, de poner sus vidas en peligro para proteger a sus hijos.

Otras teorías, completamente opuestas, dicen que este instinto es una construcción social, algo aprendido, por lo que se puede renunciar a él. Así lo manifiesta la psicóloga Patricia Bedolla, de la Universidad Nacional Autónoma de México.

También podría ser algo biológico, pero que surgiera una vez se han tenido los hijos y no antes como suele pensarse. Así lo apunta un estudio británico, que asegura que el instinto maternal no es inherente a la condición de la mujer, pero que depende de un gen que se activa más o menos de acuerdo a la experiencia de cada una y que, especialmente, se hace presente después del nacimiento de los hijos.

A veces hay factores sociales que no ayudan a decidirse, pero en ningún caso la mujer debe sentir culpabilidad por no querer tener descendencia

Un deseo que está en «manos» de la mujer

Al margen de las teorías científicas acerca del instinto maternal, este concepto ha cambiado porque ellas asumen ahora más que nunca las riendas de su propia vida y eso hace que este «deseo» sea más controlable:

• Hay mujeres que, cuando se plantean ser madres, le dan vueltas a la idea de que «tener un hijo te cambia la vida» y eso las hace desistir. Pensar en que la relación de pareja puede resentirse, que su tiempo libre puede verse perjudicado, hace que sean más resistentes a ese instinto.

• Lo contrario suele ocurrir cuando se acercan a los 40 años y salta la alarma del reloj biológico. Parecen contar los minutos que quedan para entrar en una nueva etapa, en la que disminuye la capacidad de procreación. Esto hace que, a veces de forma inesperada, muchas mujeres quieran ser madres. Es como si la Naturaleza diera la voz de alarma para cumplir un deseo con fecha de caducidad. Por suerte, con los avances médicos actuales, el simple paso de los años no debe ser una razón para renunciar, si de verdad se quiere, a tener hijos.

• Por último, también se dan casos en los que se decide no tener descendencia por razones profesionales, porque no se ha encontrado a la pareja adecuada… En cualquier caso, la decisión de ser madre o no debe ser totalmente voluntaria.

 

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