El vacío existencial

La plenitud es paz interior, autoestima, hacer el bien, sentirse parte de un todo superior…

El vacío existencial

El vacío existencia! nos provoca una angustia de la que queremos huir. En vez de ello, aprendamos a reconocernos como partes, plenas de sentido, de un grandioso universo.

«No se que quiero», «No sé qué siento», «No sé por dónde tirar». Inquietud, inseguridad, vacío… Todos los intentos de definirlo empiezan con una negación, un indicador de la nada…

Y nada sólo es la ausencia de algo, el defecto de la afirmación, la otra cara de la moneda. Nuestra sociedad, sustentada en cubrir cualquier necesidad, incluso en crearnos aquellas que no teníamos para que disfrutemos satisfaciéndolas, paradójicamente ve aumentar cada día los trastornos de angustia y vacío.

Cuando sufrimos este sentimiento de vacío, aun estando rodeados de lo que se supone que podemos necesitar, aun contando con salud, con familia, con pareja, con amigos, es que nuestra alma pide el único alimento que la deja satisfecha, el único que no se puede comercializar ni vender: la plenitud de ser…

Para afrontar el vacío intentamos distraernos, comemos indiscriminadamente, tal vez caemos en el hechizo del alcohol y de otras drogas, farmacéuticas o clandestinas; salimos a comprar compulsivamente, nos colgamos del teléfono, nos sobreocupamos para no tener tiempo de pensar… Y la sensación de vacío sigue creciendo y fortaleciéndose.

Universo enigmático

Sólo un 4 por ciento del universo es materia. La composición del 96 por ciento restante, la desconocemos; es una incógnita que llamamos vacío.

Justo uno de los objetivos del experimento que el LHC, el Gran Colisionador de Hadrones -inmenso acelerador de partículas en cuyo interior los responsables del Laboratorio Europeo de Física (CERN) reproducirán las condiciones que se dieron una fracción de segundo después del big bang—, intentará demostrar es «la existencia en el universo de una enorme cantidad de masa oscura que no vemos ni sentimos, pero que está ahí», según se explicó durante su presentación.

Minúscula parte de ese universo, ¿cómo no vamos a sentir «vacío» si desconocemos el 96 por ciento que nos constituye? Anonadados.

No es extraño que nos sintamos anonadados flotando en medio de este vacío, más de tres cuartas partes de nuestra existencia de la que no somos conscientes.

Anonadar significa aniquilar, dejar una cosa reducida a nada, disminuir mucho algo…

¿Qué es aquello que hemos aniquilado?, ¿qué lo reducido a nada?, ¿qué parte nuestra se ha disminuido mientras nuestra forma volcada hacia el exterior aumentaba desaforadamente?

El mundo interior; la capacidad de sentirnos bien en nosotros mismos; la introspección, esa vuelta a casa; sabernos completos dentro de las finas paredes de nuestro cuerpo; la capacidad de cerrar los ojos, escuchar el silencio y saber, con la mente aquietada, quiénes somos.

Jugar sin metas

Parece sencillo saber quiénes somos, pero no lo es. No, al menos, en una sociedad donde para poder parar un rato, observar, respirar, mirar, necesitamos un cigarrillo en la mano o un perrito al que pasear: si no, así parados, sin más, se nos considera sospechosos de locura o, incluso, de intenciones ilícitas…

Pero saber quiénes somos en realidad precisa de ese tiempo de parada y silencio, exige retirar la mirada de lo externo. No nos han preparado desde niños para simplemente ser, descubrirnos a nosotros en un juego sin metas, sin ganador ni vencido, sin modelos que imitar.

Así que hemos construido nuestra trayectoria vital, y la seguimos manteniendo, respondiendo a modelos adquiridos y mirando hacia el exterior.

El vacío que produce la angustia es la ausencia de significado. Para no sentir angustia neurótica o desesperada, hay que tener paz interior. Estar bien con uno mismo.

Sentir autoestima, estar contentos con nuestras acciones, poder mirarnos al espejo y no avergonzarnos.

Hacer el bien, portarse bien, perdonar todo y a todos, creer que no estamos solos, que formamos parte de algo superior, que hay un sentido para todo, observar los acontecimientos desde una perspectiva más alta y ver los significados; no ver sólo los fenómenos parciales, sino las totalidades, actuar con el corazón y no hacer lo que hacen todos como borregos.

Comprometerse. Son razones que nos trascienden las que pueden dar significado a la vida. El ser humano resulta incompleto sin esa dimensión más allá de las inmediatas necesidades individuales.

Sin esa dimensión transpersonal, por más que logremos, no se sostienen una felicidad y plenitud reales y duraderas.

Cumplidas las expectativas inmediatas, o cuando el destino nos arrebate la posibilidad de cumplir las siguientes, nos encontraremos frente al gran vacío, ese 96 por ciento desconocido de uno mismo y del universo…

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