Emetofobia

Más frecuente en mujeres, cuáles son las señales para detectarla e iniciar una consulta profesional.

Emetofobia

Una paciente joven, de unos 23 años, se sentó en el consultorio de su psicóloga y dijo: «Tengo miedo a vomitar.

Prefiero morirme a vomitar», Ella relataba que no podía ver a otra persona vomitando y que llegaba a tener crisis de pánico cada vez que tenía náuseas.

En su corta vida no recordaba haber vomitado jamás. Tenía conductas que, de algún modo, le aseguraban evitar el vómito: no masticaba chicles, siempre llevaba agua consigo, no tomaba nunca gaseosas, no comía salsas.

Tomaba antiespasmódicos de venta libre en forma casi constante para amortiguar las molestias disgestivas.

Cada vez que sentía náuseas se volvía a su casa en el auto a toda velocidad sin medir los riesgos.

Sufría emetofobia. Se trata de un miedo irracional y anormal al vómito, a vomitar y/o a ver a otra persona vomitando. Muchos emetofóbicos no pueden llevar una vida normal a causa de este trastorno -ver Síntomas-.

En ocasiones, además de la sensación de ahogo y el temor a asfixiarse que tienen, algunos sienten una gran vergüenza a vomitar.

Las estadísticas son variadas. Algunos autores señalan que cerca del 6% de la población padece esta fobia (la mayoría de ellos sin saberlo).

El promedio de edad de las personas que padecen este trastorno tienen en promedio 26 años y, en el 70% de los casos, son mujeres.
Reconocer este miedo es el primer paso. A partir de allí, la psicoterapia permitirá reconocer la base que sustena este temor irracional y, a través del trabajo individual, ayudará al paciente a establecer una relación normal con este síntoma y mejorar su calidad de vida.

Síntomas de la emetofobia

Se suele evitar…

  1. El transporte público.
  2. El permitir que otro conduzca (si viajan insisten en hacerlo en coche y ser el conductor).
  3. El embarazo, cuidar niños (son más propensos al vómito), algún tratamiento médico que implique anestesia o fármacos si el efecto secundario pueden ser náuseas o vómitos.
  4. Salidas a comer afuera, reuniones sociales, fiestas. En casos extremos se aíslan para reducir al mínimo el riesgo de contraer cualquier infección alimentaria.

Además, muchos adoptan meticulosas normas de higiene de los alimentos y son extremadamente cuidadosos acerca de la comida que ingieren, especialmente si comen afuera.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.