Inteligencia emocional: Qué es y cómo mejorarla

Entender y saber interpretar tus propias emociones y las de las personas que te rodean es una habilidad que no todo el mundo tiene de forma innata. Pero con las estrategias adecuadas puedes desarrollar tu inteligencia emocional.

Inteligencia emocional: Qué es y cómo mejorarla

Te mira a los ojos y enseguida sabe que no estás bien, le llamas por teléfono y nota en tu voz que algo te preocupa o, simplemente, te da un abrazo justo en el momento que más lo necesitas.

Seguramente conoces a alguien que se adapta completamente a este perfil. Pues bien, esta persona es así porque posee una habilidad especial y compleja: sabe gestionar adecuadamente las emociones, tanto las propias como las ajenas. Es lo que en psicología se conoce como «inteligencia emocional».

Puede ser el secreto del éxito

Este tipo de inteligencia es el que permite que personas que no tienen una mente «brillante» en temas como las matemáticas o la historia acaben triunfando en cualquier ámbito: saben relacionarse, coger lo mejor de cada persona, aprender, crecer y superarse día a día.

Te proponemos que descubras si tú ya estás dentro de este grupo de «privilegiados» analizando tu comportamiento habitual:
• ¿Eres conciliadora?
Una característica de las personas que poseen una elevada inteligencia emocional es que siempre suelen saber «manejar» las relaciones interpersonales. Por ello crean un clima de confianza y comodidad entre las personas y generan sensación de bienestar.

• ¿Evitas la confrontación?
Saber mantener bajo control las emociones, incluso en situaciones conflictivas y convertirlas en oportunidades de mejora es otra de las características que definen a este tipo de personas.

• ¿Te piden consejos?
Cuando una persona sabe manejarlas emociones suele convertirse en «líder». Es más creativa a la hora de resolver problemas y se muestra segura de sus decisiones. Por eso genera más confianza.

• ¿Eres buena organizando?
La inteligencia emocional permite disponer de recursos para negociar con eficacia, comunicarse mejor con las personas del entorno y motivarlas para generar en ellas una actitud proactiva de mejora continua.

• ¿Gestionas bien el tiempo? También es una característica de las personas con una elevada inteligencia emocional el saber gestionar bien el tiempo del que disponen. Por ello, si trabajan, también suelen saber conciliar mejor la vida profesional y la laboral.

Aprende a manejar las emociones

La inteligencia emocional es esencial en todos los ámbitos; tanto en el personal, como en el relativo a la esfera profesional. Hoy en día incluso se considera un factor mucho más determinante del éxito que el coeficiente intelectual.

Además, la gran ventaja de este tipo de habilidad frente a la inteligencia pura y dura o a la propia por ejemplo de aquellas personas con mucha memoria, es que esta se puede «entrenar» y mejorar.

Basta con poner en práctica estas estrategias:
• Conócete «más».
Toma conciencia de ti misma: analiza tus defectos e intenta mejorar como persona, pero no olvides que es natural que cometas errores y que no hay que castigarse por ello sino que deben servirte como experiencia para aprender. Es la forma más sencilla de practicar el «autocontrol» emocional. Y conocerte es el primer e imprescindible paso para lograr comprender a los demás y ser más flexible y tolerante ante el comportamiento ajeno. Además, esto te permitirá confiar más en ti misma y ganar seguridad.

• Esfuérzate en ser «mejor».
Debes intentar lograr tus objetivos esforzándote, poco a poco. Es cierto que debes aceptarte tal y cómo eres, pero también has de alimentar día a día tu espíritu de superación. Lo conseguirás si adoptas siempre una actitud optimista: sé persistente a pesar de los obstáculos y los contratiempos, e intenta ver siempre la botella medio llena.

• Ponte en su lugar.
La empatía, es decir, el saber ponerte en el lugar de los demás, es esencial para que tus relaciones personales mejoren. Si lo haces, verás cómo las personas de tu entorno te valoran, te respetan y confían en ti. No hay nada que una más que una sonrisa cómplice o unas palabras de ánimo cuando el que está a tu lado lo pasa mal.

• No te cierres al cambio.
La vida te exige constantemente adaptarte a circunstancias nuevas. Por eso resulta mucho más constructivo adoptar el «aprendizaje» como elemento de mejora continua y fuente de gratificación. Intenta aprender de las cualidades de los demás, fíjate también en sus errores para evitar repetirlos tú y ganarás inteligencia emocional.

 

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