La culpa

La culpa es un mecanismo a través del cual interiorizamos las normas sociales, nos castigamos cuando no lo hacemos y reprimimos nuestros intintos más egocéntricos. Sin embargo, la mala conciencia también tiene una variante útil y adaptativa cuando se manifiesta en forma de responsabilidad personal.

La culpa

Al centrarnos en nuestros actos —sin juzgarlos como una globalidad perversa que merece castigo—, estaremos transformando nuestros errores en comportamientos susceptibles de modificarse a través de la reparación o la prevención de conductas.

Pero si nos lamentamos y torturamos con el único fin de expiar nuestras malas acciones, la culpa se alimenta a sí misma y se convierte en un fin, no en un medio para modificar los comportamientos.

Mensajes desctructivos

Los psicólogos llaman «crímenes imaginarios» a las acusaciones erróneas y mensajes destructivos de nuestros padres que a menudos son la fuente de fracasos e incapacidad para ser felices:
• Traicionar a los tuyos
Este sentimiento se produce cuando vivimos en un conflicto permanente entre nuestros deseos y el código de valores que nos han inculcado. La idea de obediencia ciega es el resultado de una educación tiránica, en la que los padres exigen a sus hijos que colmen todas sus exigencias y expectativas.

•Sentirte una carga
No dejamos de excusarnos, de justificarnos, de sacrificarnos por todos: amigos, familia, compañeros de trabajo… La raíz de esta conducta reside en la percepción infantil de ser una carga para nuestros padres, inculcada a través de reproches como: «Con lo que me cuesta pagarte los estudios, mejor que no suspendas». De ahí surgen creencias erróneas: «Si hubiera sido más listo y más obediente, mis padres habrían sido más felices». Entonces sentimos la necesidad permanente de reparación.

• Haber sido el niño mimado
La incapacidad para recibir cumplidos y muestras de afecto se da mucho entre los que fueron el ojito derecho de papá o mamá, pues piensan que han sido amados en detrimento de sus hermanos, o por uno de los padres en prejuicio del otro. Sienten también que, al haber sido idealizados por sus padres, nunca podrán estar a la altura de esas expectativas, lo que les lleva con frecuencia a conductas de fracaso: Veis como en realidad no valgo nada.

• Abandonar a los padres
El origen de muchas formas de irresponsabilidad (inestabilidad en el trabajo, endeudamiento continuo, fracasos en las relaciones…) radica en la imposibilidad de tener una auténtica autonomía, tanto afectiva como material, lo que nos aboca a seguir dependiendo de nuestros padres. Tras esta estrategia inconsciente se oculta la incapacidad de separarnos de ellos, mártires o acusadores cada vez que tratamos de volar con nuestras propias alas.

• Superar a los demás
Los triunfos sociales, materiales o afectivos no llegan a satisfacernos plenamente. Peor aún: los devaluamos o saboteamos. Esta conducta se basa en una doble idea inconsciente: «No debo disfrutar de las alegrías de la vida mientras tanta gente sufre» y «Si triunfo, humillo a quienes no han tenido mi suerte».

• Creernos malos en el fondo
Proviene de habernos sentido indignos de niños, pues quizás nuestros padres quisieron un hijo perfecto y se pasaron toda nuestra infancia desvalorizándonos.

¿Sufres culpa inconsciente?

Deriva de haber renunciado a nuestros íntimos deseos, y es el sentimiento de culpabilidad menos evidente pero más venenoso, pues se manifiesta en conductas destructivas, como formas de expiación no conscientes. La culpa inconsciente te atormenta si…
º Eliges parejas que no te convienen o te rechazan.
º Permaneces estancado en trabajos que no te satisfacen.
º Encuentras siempre razones para privarte de un placer.
º Después de tener un triunfo o de pasar un buen rato, te sientes angustiado.
º Fracasas misteriosamente en todo aquello que emprendes.
º Te sientes forzado a actuar mal.
º Corres riesgos inútiles que ponen en peligro tu seguridad.
º Te sientes indigno de los cumplidos o muestras de afecto que recibes.
º Tienes la sensación de que los demás no te aprecian ni te quieren.
º No sabes decir no.
º Sientes la necesidad de sacrificarte siempre por los demás.

 

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