La flexibilidad

Nos dicen ue sqeamos fuertes y firmes como rocas. Pero es la gota de agua la que horada la piedra, y el junco el que resiste los vendavales. Apúntate a la flexibilidad

La flexibilidad

Cuanto más seguro estás de ti mismo, menos te cuesta amoldarte a las circunstancias.

A medida que nos creamos opiniones sobre las cosas, conformamos la propia identidad y le damos carácter de definitiva.

Pero sin darnos cuenta, la artrosis mental comienza a apoderarse de nuestra capacidad para fluir.

Y un día, da lo mismo la edad que tengamos (15, 30 o 70 años), comprobamos que somos fósiles mentales: cualquier nuevo concepto, cambio y revisión de nuestras opiniones rompe, quiebra, amenaza la rígida imagen que tenemos de quiénes somos.

No eres lo que opinas

Y somos mucho más que un montón de opiniones. Una idea tiene validez en un momento concreto para el que nació.

Instantes después, las circunstancias habrán cambiado de tal manera que debería de estar en cuestión su validez. Pero ¿cuándo fue la última vez que revisamos las opiniones sobre las que cimentamos nuestro modus vivendi y nuestras decisiones? Con papel y lápiz en la mano, podemos darnos un tiempo para este sencillo ejercicio…

1° Apunta diez aspectos de la vida: (trabajo, familia, pareja, hijos, diversión, política, sexualidad, amigos, cualidad principal, defecto predominante…).
2° Apunta diez opiniones, con una o dos palabras a lo sumo, referentes a cada uno de estos aspectos, sin meditarlo, de forma espontánea (leo y escribo lo que me viene a la cabeza).
3° A continuación, revisa estas opiniones y apunta una opción
diferente por cada una de ellas, con la que puedas también estar de acuerdo.
4° Lee las opiniones primeras e intenta ver en ellas un resumen de tu identidad pasada, ya superada en este momento.
5° Lee las opiniones siguientes e intenta ver en ellas el perfil de una posible nueva identidad emergente. Intenta cultivar esta nueva identidad, que también es tuya.

Aprender a pactar

Cada cual puede asumir personalidades diversas y, lejos de dejar de ser quien es, a través de esta variedad de aspectos descubre su esencia rica y múltiple.

En realidad, cuanto más seguros estamos de nosotros mismos, menos nos cuesta amoldarnos a las circunstancias, aceptar otros puntos de vista y transformar la imagen que tenemos de nosotros y la que damos a los demás.

Cuanto más firme sea el estado de paz interna, de bienestar personal y de armonía, menos amenazados nos sentiremos por las opiniones divergentes y más abiertos estaremos a aproximar posiciones con los otros.

En general, si nos vemos amenazados, vulnerables, tenderemos a ser tercos y obstinados.

Pero eso mismo les sucede a los demás; por lo tanto, el primer paso para poder ser flexibles y acercar posturas es retirar el espectro de la amenaza en uno y otro bando…

Céntrate en tu meta

Aprender a pactar es un arte de las relaciones humanas que, de forma recíproca, nos permite manifestar diferentes formas de nuestro ser.

Lo importante es no perder el objetivo, a veces relegado por el empecinamiento en ideas, reacciones mentales y emocionales.

Si, por ejemplo, el objetivo es recuperar la cercanía con nuestra pareja tras una discusión, recordémoslo y no lo releguemos en cuanto vuelva a brotar el motivo del desacuerdo que provocó el conflicto.

Centrados en el objetivo, podemos repasar qué nos aproxima y qué nos aleja de esa meta, para fortalecer lo primero y transmutar lo segundo, sustituyéndolo por posiciones más cercanas.

Tal vez no impongamos nuestro punto de vista sobre tal asunto, pero tendremos éxito en nuestro fin principal.

 

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