La perfección no existe ni debe convertirse en obsesión

¿El anhelo de perfección es un rasgo que se hereda?

Hay muchos factores que intervienen en ello, pero una de las claves es, efectivamente, tener padres muy perfeccionistas.

La perfección no existe ni debe convertirse en obsesión

Los niños aprenden por imitación y copian los comportamientos y actitudes que ven. Si tus padres pensaban que tenían que hacerlo todo perfecto (y se exigían hasta el extremo) es muy probable que tú repitas ese esquema.

¿Entonces se es perfeccionista durante toda la vida?

Si desde pequeña te han felicitado cada vez que hacías las cosas perfectas, lo más probable es que sigas intentando alcanzar la máxima perfección a lo largo de la vida. Entonces es normal creer desde la infancia que hay que hacerlo todo bien, que fallar es algo horrible y que se debe evitar por todos los medios.

Además, a este tipo de personas, cuando las cosas les salen como esperan la sociedad suele valorar sus esfuerzos.

¿Es bueno tener esta actitud tan autoexigente? No es malo querer hacer las cosas lo mejor posible: el problema es caer en la exageración. Las personas muy perfeccionistas pretenden destacar absolutamente en todo y eso crea las bases para unsufrimientoemocionalque solo les lleva a sentirse cada vez más frustrados.

¿Cómo acaba afectando todo esto a nivel personal?

Pretender ser sublime en todo trae consecuencias muy negativas. La persona vive en un constante estado de ansiedad ya que piensa que cualquier error sería fatal. Por eso se mantiene en alerta de forma permanente. Además, suelen compararse continuamente con los que les rodean y esto conlleva una insatisfacción continua muy peligrosa.

¿Puede afectar a la salud?

Por supuesto. Este estado de ansiedad mantenido en el tiempo activa el sistema nervioso. El «estrés» que conlleva acarrea consecuencias físicas ya que puede provocar dificultades para dormir, dolores de cabeza o incluso hipertensión.

¿Afecta también a la relación con los demás?

Sí, y mucho. Estas personas, además de querer hacerlo todo perfecto, se vuelven muy exigentes con su entorno.

Como están convencidas de que cada uno puede lograr la perfección si se lo propone, se muestran muy intransigentes con los otros.

Además, una persona perfeccionista no se permite estar relajada y tranquila en compañía de otros, pues vive las relaciones como luchas de poder.

Asimismo, los demás se terminan cansando de tener un amigo, un compañero o un jefe tan «perfecto», que nunca se equivoca. A pesar de todo, ¿por qué se mantiene esta actitud? Porque erróneamente se puede llegar a pensar que esa es la única forma de conseguir todo lo que se desea (aprobación social, éxito en el trabajo…).

La obsesión del perfeccionista va aumentando cada vez más porque si comete un error se exige todavía más. Esta es una «trampa» muy común que hace que no se dé cuenta de que la solución no está en ser cada vez mejor, sino en aceptar que somos humanos y que cometemos errores.

Si eres demasiado exigente ponte manos a la obra para eliminar ese perfeccionismo que puede perjudicarte.
• Metas asumibles
Involúcrate en lo que haces e intenta motivarte y emocionarte con ello. Pon ilusión en los proyectos que emprendes e intenta valorar cada paso que das, felicitándote por ello. Si solo piensas en la meta inalcanzable que te has marcado cualquier cosa se convertirá en fuente de frustración e insatisfacción.

• Sin comparaciones
Evita compararte con los demás. Solo debes hacerlo contigo misma, con tus propias experiencias anteriores. Echa de vez en cuando una mirada hacia atrás, observa dón-de estabas hace unos meses (en el trabajo, en casa, con la familia…) y sé consciente de los avances que has dado.

• Aprende y sigue
No te valores en función de los resultados que obtengas en cada momento y no tomes tus errores como algo personal. Intenta aprender de ellos y acepta que cometerás muchos a lo largo de tu vida y que pueden servirte para avanzar. Piensa que la persona que no comete errores no tiene nada que aprender y no tiene la posibilidad de mejorar en su vida.

 

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