Liberarse del dolor

Para que el sufrimiento se extinga, hay que asumirlo, vivirlo y dejar que pase hasta que se consuma. Intentar ocultarlo o hacer como si no existiera sólo sirve para provocar más angustia y dolor.

Liberarse del dolor

A veces, cuando sufrimos, reaccionamos inconscientemente intentando seguir adelante como si nada pasara, pero con esta actitud sólo conseguimos el efecto contrario a lo que buscamos.

Nuestro dolor empieza a crecer y a cobrar mayor importancia a medida que tratamos de ocultarlo a nuestros ojos y a los de los demás.

Pero escapar del sufrimiento es imposible; sólo si nos permitirnos vivir la experiencia del dolor hasta agotarlo conseguiremos que finalmente desaparezca.

Reconoce que sufres

Asumir el sufrimiento es el primer paso para dejar de sufrir. Tomar conciencia de él es la única forma de poder eliminarlo después.

Importa saber esto porque en ocasiones el dolor se enquista de tal modo que llegas a acostumbrarte a vivir con él, lo que impide que alcances tu felicidad y te resta libertad para ser tú misma.

Intentar seguir con tu vida dando de lado a ese dolor es el resultado de un miedo inconsciente a reconocerlo, ya que si así lo hicieras tendrías que tomar una decisión al respecto, y enfrentarse a algo que uno teme asusta todavía más.

Esta conducta es comparable a caminar con una muleta teniendo las dos piernas sanas. De hecho, es posible que te hayas familiarizado tanto con tu dolor que a veces incluso encuentres cierta comodidad en él.

Y aunque a nadie le gusta sufrir, cuando te has acostumbrado a llevar una muleta puede darte miedo desprenderte de ella. Reflexiona: ese dolor es tu muleta, ¡deja de apoyarte en él!

Seguro que en más de una ocasión te has preguntado: «¿Por qué me ocurre esto a mí? ¿Por qué no consigo lo que quiero?».

Sin embargo hay una pregunta mucho más importante a la que deberías dar respuesta. En la vida no siempre sabemos por qué ocurren las cosas, pero es posible saber qué es lo que origina nuestro sufrimiento.

En Las cuatro nobles verdades Buda te anima a preguntarte qué es lo que está causando tu dolor y a ser persistente en la búsqueda de la respuesta, por muy escondida que parezca estar en el interior de la mente. Sólo así podrás dirigirte hacia la solución que acabe con tu malestar.

Es posible que en un principio no encuentres la respuesta, pues tu subconsciente te pone trabas, ya que teme sufrir más aún con la contestación. Sin embargo, es todo lo contrario, la mayoría de las veces en la respuesta está la clave para dejar de sufrir.

Ocultar el dolor a los demás es incómodo e inútil. Casi siempre, por muy bien que sepas disimularlo, los que te quieren terminan percibiendo lo mal que lo estás pasando.

Y es posible que cuando lo hagan ya sea tarde para ayudarte, e incluso puedes provocar que se sientan culpables al no haberse dado cuenta antes.

Como ves, no afrontar nuestras realidades puede traer consigo consecuencias más negativas aún. Y es que nos cuesta trabajo decir la verdad serena y claramente, pero es la mejor manera de caminar en la vida y en las relaciones.

Intentar ocultar el dolor al mundo requiere de un esfuerzo tan exagerado e innecesario que agota nuestras fuerzas y energías, pero no el dolor.

No es sano intentar aparentar normalidad cuando la realidad evidencia que ese aplomo aparente no es lógico. Guardar el dolor te desgasta a ti y le alimenta a él; afrontarlo y compartirlo lo diluye.

Pide ayuda a la soledad

La soledad también es una gran fuente de alivio del dolor, pues te ayuda a retraerte un tiempo del mundo y de la vida, algo necesario para descansar, recuperar fuerzas y ganas para continuar adelante, darte tiempo para comprender mejor tu sufrimiento y reflexionar en cómo hallar soluciones.

No hay que temer estar solo porque puede serte útil para reencontrarte y ocuparte de ti misma.

Darte un tiempo para estar a solas contigo misma y con tus pensamientos, cuidarte y mimarte en la soledad de tu silencio, es un paso hacia la recuperación.

Es una medicina que te pide el corazón, y puede ser desde un sencillo descanso o una siesta hasta tomarte el día libre para estar en tu sola compañía.

Pero recuerda que un tiempo a solas debe equilibrarse con un tiempo compartido para no caer en la desesperación que en ocasiones provoca la soledad cuando se está sufriendo.

Asume lo inevitable

Hay ocasiones en las que el sufrimiento lo causa un hecho irremediable, como es la pérdida de un ser querido o algo cuya solución no depende de ti.

Entonces debes permitirte vivir tu dolor como parte ineludible de tu recuperación. El sufrimiento es humano y la forma de lograr que se extinga es ir quemando etapas poco a poco, cerrando un ciclo tras otro hasta que finalice el último.

Necesitarás paciencia y serenidad, pero el paso del tiempo, compartir tu dolor con los que amas, experimentar la naturaleza y ocuparte en realizar actividades que realmente te satisfagan, serán siempre tus mejores aliados en este trance.

La ayuda de un profesional también es inestimable. Puede ser un auxilio temporal para un momento de tu vida en el que te sientes más vulnerable. Todos hemos vivido o viviremos un momento así, en el que buscar apoyo es un signo de inteligencia y de autoconocimiento.

Saca provecho de las crisis

Hay un proverbio chino que dice que las crisis son oportunidades, y algo que genera sufrimiento es una crisis.

Aprovecha esos momentos para pensar en si debes cambiar algo de tu vida, contempla la posibilidad de aprender del dolor.

Cuando aparece puede servir de revulsivo en tu forma de vivir o de pensar; indicarte que debes actuar de una forma distinta; o quizá, simplemente, enseñarte lo que debes saber para no volver a sufrir.

Sea como sea, una actitud positiva, a pesar del sufrimiento, es imprescindible para seguir adelante.

Uno puede ser consciente de su sufrimiento y, a pesar de ello, seguir caminando porque en cada paso que des puedes ir liberándote de la carga.

Utiliza todo lo que te sea útil: la escritura puede ser un gran medio para descargar tu dolor y puedes aprender mucho de lo que has escrito; la música o el baile también son buenas herramientas.

En general, las artes y las actividades que tengan que ver con el deporte o la naturaleza también lo son.

Agotando el dolor puedes tomar la actitud de seguir caminando, parándote a veces a descansar y a descargar las tensiones de ese sufrimiento. Una vez que eres consciente de que sufres y que te has respondido a cuál es su causa, tras haberte permitido compartir y descargar el dolor en soledad y en compañía, es fácil que tomes la actitud adecuada que te llevará directamente a la solución. Entonces podrás dar los pasos que sean necesarios para trabajar con tu sufrimiento hasta extinguirlo definitivamente.

El llanto es el recurso que emplean los niños para deshacerse del sufrimiento rápidamente

 

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