Miedo al ridículo

El miedo a que se rían de nosotros, a hacer algo inconveniente delante de los demás, genera ansiedad y dificulta las relaciones sociales: ¿Qué van a pensar de mi?

Miedo al ridículo

Aunque a priori no lo creamos, el temor al ridículo afecta tanto a tímidos como a extravertidos, y siempre va unido a la vergüenza.

Tras un sentido del ridículo exagerado suele haber una persona que confía poco en sus capacidades, o con complejo de culpa o inferioridad: teme que los demás descubran algo, aunque la mayoría de las veces ese defecto sólo existe en su imaginación.

Si éste es tu caso, piensa qué quieres esconder, imagina qué pasaría si descubrieran tu defecto (¿sería tan grave?) y, por último, reconoce y convéncete de que el mundo no terminaría.

¡Desdramatiza!

¿Quieres que te resbalen las miradas? Los psicólogos recomiendan, tras protagonizar un escena absurda o cómica.
• Cuéntalo tú primero: si te adelantas al chismoso, se reirán contigo, no de ti.

• Si te sientes ridícula, plantéate: ¿tendrá alguna importancia esta situación dentro de cinco años?

• Lo que te ha pasado a ti, podría ocurrirle a cualquiera: ¡no lo dudes!

• Si ya has pasado por una situación embarazosa, tienes menos posibilidades de que se repita.

• Mentalízate de que nunca somos ridículas; simplemente nos sentimos ridículas.

• Cuanta más importancia le des tú, más le darán otros.

• Lo mejor después de caerse es levantarse con una sonrisa y poder compartirla con los demás.

• Resultamos especialmente ridículas cuando vivimos obsesionadas por el parecer de los demás, cuando nos preocupa más nuestra imagen, lo que piensan de nosotras, que lo que en realidad somos y sentimos. ¡Aprende a comportarte con naturalidad y disfruta!

Claves para abrirte a los demás

1. Cuando creas que lo que vas a decir no tiene importancia, piensa que para ti si es importante y no te bloquees. Recuerda que eres tú (y no los demás) el que estás elaborando un juicio negativo acerca de ti misma que te está dominando y paralizando.

2. No le des tanta importancia a las opiniones ajenas y empieza a escucharte. Seguro que tienes mucho más que contarte a ti misma de lo que crees. Y tu propia opinión es la que más valor debe tener.

3. Aprende a relajarte y a darte tiempo a ti misma.

4. Haz una lista de todo lo positivo que ves en ti. Descubrirás cosas que nunca habías tenido en cuenta.

 

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