Progresar en la vida

Tienes derecho a elegir la vida que te gusta y a planear cómo llegar a tu destino. Eso sí, debes admitir que la corriente no siempre va a estar a tu favor, y que entonces deberás seguir remando
Si confías en ti misma, verás que la vida te proporciona los medios necesarios para alcanzar tus metas.

Progresar en la vida

¿Qué entiendes por prosperar en la vida?, ¿ganar más dinero, mudarte a una casa grande, comprar un coche caro? La prosperidad no se refiere sólo a los bienes materiales o a las mejoras laborales, sino también a los logros afectivos y personales: en las relaciones de amistad, con la pareja, en la sexualidad, en el desarrollo personal y en el mundo de las emociones y de la mente.

Tampoco supone sólo «obtener», sino, mucho más importante: disfrutar del camino para arribar a los logros y beneficios que derivan de lo que se obtiene.

Porque mucha gente que dispone de dinero, relaciones y bienes en su vida, no se gratifica con ellos, o los consigue pero no sabe mantenerlos.

¿Tienes capacidad de elección?

Para prosperar necesitas, en primer lugar, descubrir y tomar conciencia de lo que deseas proyectar en tu futuro.

Para ello debes desarrollar tu capacidad de decir «quiero esto», averiguar los peldaños que has de subir para alcanzarlo y empezar a hacerlo.

Al margen de que una situación o entorno sea más o menos adverso, competitivo o difícil, si una persona se siente bien en su piel y vence sus resistencias, si confía en sí misma y en su poder, aunque no le resulte fácil, terminará encontrando el camino para llegar adonde quiere. Si tienes una meta realista, puedes conseguir casi cualquier cosa.
Estos son siete secretos para prosperar en la vida.

Analiza quién eres y dónde estás

Respóndete de manera realista estas preguntas: ¿Mi situación laboral y económica me permite desarrollar mi proyecto? ¿Mi forma física me permite abordar el desafío? ¿Tengo los estudios o capacitación necesarios? ¿Qué nuevos recursos debo desarrollar para afrontar el reto? ¿Qué habilidades tengo y a qué puedo aspirar gracias a ellas? ¿Quiero destacar o sólo pasármelo bien? ¿Qué posibilidades tengo de llegar a buen puerto? Hazte consciente de tus capacidades, recursos o habilidades, pero también de tus limitaciones y carencias.

Al reconocer con qué cuentas, y también qué te falta para alcanzar tus metas, evitas plantearte objetivos irrealizables.

Averigua qué quieres conseguir

Si no sabes cuál es tu objetivo en la vida, comienza a la inversa: descartando lo que no quieres o no te gusta (por ejemplo, trabajar demasiadas horas, o perder tu libertad) hasta que aflore la «información interior» que te pondrá en la buena pista.

Para lograrlo, detén un poco la actividad cotidiana y sal de la vorágine del estrés. Intenta estar aquí, ahora, contigo mismo, «mira para dentro», porque de lo contrario corres el riesgo seguir avanzando sin saber lo que quieres.

Investiga, busca y descarta el «no lo sé», «me doy por vencido». Si perseveras descubrirás lo que de verdad necesitas.

Sigue el camino con la vista en la meta

Una vez identificado tu objetivo, piensa qué tienes que hacer para alcanzarlo. Además de mirar el resultado final, valora el esfuerzo que necesitas para conseguirlo, y si estás dispuesto a invertir el tiempo, dinero, disciplina y energía necesarios para conseguirlo.

Todo tiene un precio: ¿estás dispuesto a pagarlo? Divide el trabajo en pequeños pasos, para que tu autoestima se retroalimente al conseguirlos, y planifica los plazos sin demasiada rigidez. Pero sobre todo fluye: deja que tu inconsciente te vaya indicando el camino a seguir.

Si confías en el proceso, en que tu inteligencia o ser interior saben por dónde ir, en que tienes la capacidad para hacerlo, encontrarás el rumbo, aunque no lo veas de entrada, y verás que la vida te proporciona la gente y los medios que necesitas para avanzar.

Presta mucha atención a la meta, no la pierdas nunca de vista, y comienza a caminar hacia ella buscando el camino más factible en cada momento. Recuerda que a veces deberás dar rodeos o retroceder para seguir avanzando.

Descubre lo que no te deja avanzar

Casi todos nos estancamos debido a una serie de resistencias y miedos que nos paralizan o retienen. Detrás de cada «quiero» suele haber un «no quiero» oculto, y es imprescindible sacarlo a la luz para seguir avanzando.

A veces son las creencias o patrones personales, sociales o familiares —debidas a experiencias que has vivido o que has aprendido de los demás— las que te limitan o frenan. También puede tratarse de temores, que debes trabajar y limpiar.

Pon las cartas sobre la mesa, analiza los pros y contras de cada opción y decide qué es mejor para ti en este momento.

¿Realmente quieres el cambio que dices querer? Si lo que quieres es bastante fácil o lo tienes claro, ¿qué te frena a la hora de intentarlo? ¿Aceptas el esfuerzo, los riesgos y las molestias que implica el cambio? ¿Cuál es más cómoda y satisfactoria: tu posición actual o la que pretendes lograr?

Transforma tus resistencias en pensamientos positivos

Una vez descubierta tu resistencia o miedo, debes desactivarlo.

Por ejemplo, si has descubierto que no prosperas en el objetivo de conseguir pareja porque temes que la otra persona te anule o que la relación te asfixie, averigua de dónde proviene esa idea: quizá se deba a que creciste viendo a tu madre agobiada por los hijos y el trabajo doméstico, sin tiempo para ella misma, en comparación con una tía soltera que disfrutaba de la libertad y cuya alegría era visible.

Mira el polo opuesto: también existen relaciones positivas que enriquecen, en las que se reconoce y respeta al otro, personas que estimulan y ayudan a crecer.

Busca ejemplos de relaciones que funcionen entre tus amigos, en películas, libros o en la prensa. Hazte consciente de que existen y repítetelo a ti mismo.

Deja que el modelo positivo vaya entrando en tu vida hasta que expulse al anterior. Si a pesar de todo no avanzas, vuelve atrás y busca alguna resistencia oculta que no has visto todavía.

Aprende a disfrutar del camino

Compórtate como un niño, que se sube y cae una y otra vez de la bicicleta hasta que consigue aprender. La vida es un juego en el que no hay fracasos, sino aprendizajes: si te «caes» en el trabajo, las relaciones o el amor, te has de levantar hasta aprender lo que te toca.

Si eres de los que no disfrutan lo que logran por temor a perderlo, piensa: «Si antes no lo tenía, ¿qué más da? Sólo lo perderé, ¿qué más puede pasar? Quienes no se dan a los demás por miedo a sufrir, a la infelicidad, en realidad ya están sufriendo y siendo infelices ahora.

Consigue tiempo para estar solo contigo

Otra clave de la vida próspera es disponer del tiempo necesario para disfrutarla. Si no tienes la posibilidad de gozar de algo, ¿de qué te sirve? Es el caso del adicto al trabajo que nunca encuentra tiempo para sí mismo, de relax, de tranquilidad…

Puede haber temporadas en que uno necesita trabajar muchas horas, pero si ocurre de forma constante, indaga el porqué. Si nunca tienes tiempo para ti, plantéate qué estás haciendo con tu vida, de qué estás huyendo acumulando tanto trabajo, bienes o actividades que no disfrutas. Hazte consciente de aquello de lo que escapas.

 

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