Rompe con tus malos hábitos

La felicidad tiene varios accesos. ¡Cuidado con los fáciles!

La mayoría de nuestros comportamientos son rutinarios. Presta atención a los que más daño te causan y despéjalos del camino de tu felicidad.

Rompe con tus malos hábitos

Los estudios existentes sobre la felicidad confirman que el nivel de ésta no depende, tanto como creemos, de las circunstancias que nos creamos (el nivel de riqueza, el estado civil, las condiciones de trabajo), unos elementos que, aparentemente, marcan de forma crucial nuestra vida.

Solemos pensar que la vida empezará a sonreímos cuando tengamos mucho dinero, cuando consigamos la pareja que queremos o el trabajo adecuado.Y pueden contribuir, pero no hasta el punto de garantizarnos la felicidad o de sumirnos en la miseria.

Aunque puede ocurrir que lo que creíamos que acabaría dándonos la felicidad nos lleve a la desgracia, como una trampa de la que es difícil escapar.

Pero la auténtica razón por la que tendemos a ir por la vida con una sonrisa o con el vacío en el corazón, se debe en un 50 por ciento a que nacimos así (a nuestra carga genética) y en otro 50 por ciento a los pensamientos, sentimientos y creencias que nos hemos formado en respuesta a nuestras experiencias vitales, así como a las reacciones que desplegamos.

Es decir, la forma de comunicanos y actuar en la vida. Por eso, antes de entrar de lleno en lo que tienes que hacer para ser feliz, debes prestar atención a dos de los hábitos de pensamiento que más te hacen infeliz. Estos son:
• El mito de «querer más». Paul Getty fue la primera persona en la historia que consiguió ganar mil millones de dólares; cuando un periodista le preguntó: «Usted es el hombre más rico del mundo, ¿cómo sabe si tiene suficiente?», él se quedó pensativo un momento y respondió: «Yo diría que todavía no».

Está demostrado que nuestro deseo de adquirir cosas no nos trae verdadera dicha. Sin embargo, el sistema de consumo y la publicidad, las nuevas tecnologías, las modas, nos atrapan en el deseo de querer más. Siempre. Lo cual nos coloca en una situación de insatisfacción permanente.Y la insatisfacción es el opuesto de la felicidad.

Cambia tu pensamiento: Observa todo lo que tienes en tu vida, aprecíalo y considéralo más que suficiente. Cambia el hábito de querer más por el de apreciar lo que tienes y sentir tu vida perfecta, tal como es, aunque siempre en proceso de cambios.

• El mito de «seré feliz cuando…». Situar en el futuro la consecución de la felicidad casi siempre va asociado a un «cuando».»Cuando pierda los kilos de más», «Cuando tenga pareja»,»Cuando encuentre a la pareja perfecta»,»Cuando encuentre trabajo»,»Cuando tenga un trabajo mejor», «Cuando sea madre (o padre)», «Cuando los niños se vayan de casa», «Cuando me jubile»… Pero el futuro, entre otras cosas, también te va a traer la vejez, enfermedades y la muerte.

Y te tocará afrontarlo como mejor puedas. Así que afronta como mejor puedas tu presente. La supuesta felicidad futura no es más que un autoengaño.

Déjalo en la categoría de los sueños y vive y reconoce la felicidad presente. Cambia tu pensamiento: Sustituye el hábito de aplazar la felicidad por el de enamorarte de lo que tienes en estos momentos.Ya sabes la consigna: hacer lo que amas y, por encima de todo, amar lo que haces.

¿Qué camino eliges?

Hay distintos caminos que pueden hacerte feliz, si bien no todos te garantizan que lo seas por mucho tiempo:

• Feliz a corto plazo. Recurres a comportamientos que te sacan de tu infelicidad pero que son perjudiciales, como el alcohol, las drogas, el sexo mal entendido, la adicción a las compras, el juego, la comida o la televisión. No es más que una anestesia temporal, una vía de escape.

• Feliz a medio plazo. Obtienes placer de cosas saludables que deseas o tienes en tu vida: la búsqueda de seguridad económica, habilidades y talentos, rodearte de cosas bellas e inspiradoras (tu casa, tu coche, etc.), perder peso… Si reflexionas, verás que tu felicidad depende de circunstancias externas de tu vida.

• Feliz porque sí. No importa lo que tengas o lo que te pase; aportas felicidad a tus experiencias en vez de tratar de extraer felicidad de las mismas. Puedes sentir cualquier emoción (incluida la tristeza, el miedo, la ira) desde un estado subyacente de paz y bienestar. Vives de la felicidad y no para la felicidad. Ésta sí que dura.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.