Sé feliz con menos

¿Adquiriste algo hace unos meses que aún no has estrenado? ¿Y te hace más feliz? Es posible que las cosas materiales estén quitando espacio a tu felicidad. Para dejarle sitio, simplifica y organiza tu vida de forma más responsable contigo y con todo tu entorno.

Sé feliz con menos

Pon tu empeño en lo que de verdad te merece la pena

Simplificar es organizar responsablemente tu vida de forma que puedas hacer lo que realmente quieres hacer, pero perjudicando en lo mínimo a ti, a tu entorno y a los que te rodean.

Durante los últimos 15 años, la simplicidad voluntaria como es llamada, ha ganado miles de conversos. Se han publicado muchos libros, páginas web y hasta creado asociaciones de amigos de simplificar la vida en todo el mundo.

¿Y en qué consiste? Simplemente, en ser más feliz con menos. Ya en los años 60, inspirados por milenarias filosofías orientales y prácticas ascéticas, los hippies descubrieron que la simplicidad era atractiva por varios motivos, uno de los más importantes, la sostenibilidad ecológica.

Sin embargo, los que vivimos en los años que corren no somos necesariamente ascéticos espirituales o amantes de la gramola.

Pero podemos modificar y adaptar nuestro comportamiento diario, intentando ser conscientes de lo que comemos, conducimos y compramos.

Porque una forma de empezar a simplificar nuestra vida es replantearnos los gastos inútiles que alimentan la voracidad del consumismo.

Tracender el deseo

La mayoría de las tradiciones espirituales: cristianismo, budismo, yoga… animan a llevar a una vida más simple.

Y es que el deseo de bienes externos causa infelicidad tanto a nivel práctico como a nivel espiritual.

Para poder pagarte más cosas, tienes que trabajar más horas, mermando el tiempo que es verdaderamente necesario para otras actividades ya sea un hobby, tiempo para tu familia o para conocerte a ti misma.

Es difícil no sucumbir ante las cosas externas cuando vemos cientos de anuncios que afirman que la felicidad reside en una nueva casa, coche o tecnología.

Pero a pesar de esos mensajes comerciales, el consumismo no es igual a la felicidad. Muchas personas que practican la simplicidad voluntaria descubren que si trascienden sus deseos materiales pueden llevar unas vidas más realizadas, aunque más modestas.

Céntrate en lo positivo

La mayoría de las personas que siguen un camino espiritual reconocen en un momento dado que la felicidad no puede comprarse.

Para encontrar la paz que buscas realmente, es necesario dejar de adquirir bienes de forma inconsciente y abrazar la simplicidad.

¿Cómo hacerlo exactamente? Un consejo es centrarte en lo positivo. En vez de concentrarte en lo que te estás negando, pon tu empeño en lo que realmente merece la pena o en lo que te proporciona real satisfacción.

¿Seguro que no te gusta escribir, leer, soñar, salir con amigos, escuchar música, bailar, tomar el sol, hacer ejercicio, cocinar…

Permítete tus caprichos

Es cierto que quienes abrazan voluntariamente la simplicidad a veces llegan a extremos. Algunos restringen tanto su consumo que hacen su propio desodorante con bicarbonato de sosa y agua.

Pero no tiene por qué ser tan radical. En realidad, si asumes esa actitud, corres el riesgo de sufrir una recaída. La clave es, por el contrario, la moderación.

Puedes utilizar papel higiénico (¡menos mal!). Incluso puedes ir de compras. Vivir con sencillez significa seleccionar los artículos que realmente importan, en vez de acumular innecesariamente.

Por ejemplo, te puede gustar la ropa. Cuidarte y arreglarte te hace sentir bien, ¿por qué no? Pero al menos, intenta comprar pocas cosas que realmente te gustan.

Es cierto que hoy la gente no puede o no está dispuesta a llevar ese estilo de vida tan espartano. Pero cada uno tiene que decidir hasta dónde quiere llegar, lo que puede dejar y lo que quiere realmente.

Cuestión de coherencia

La presión del entorno, de nuestra cultura de usar y tirar, no pone nada fácil vivir renunciando a lo accesorio. Para muchas personas puede resultar desasosegante tener una casa más pequeña que la de sus amigos o familiares, o conducir un coche de segunda mano, o llevar ropas que otros ya usaron.

Cuando surgen estos inconvenientes, una comunidad de gente que piense de forma similar puede venir muy bien. Hay a quienes les ayuda conectarse a la red y leer mensajes compartiendo ideas de cómo ahorrar dinero y proteger al medio ambiente.

En internet siempre hay grupos de apoyo para estas causas de compromiso solidario. También es verdad que vivir moderadamente suele requerir más tiempo y energía, pero proporciona una satisfacción añadida: es el efecto de la coherencia entre lo que se siente, lo que se piensa y lo que se hace.

Aumenta tu sensibilidad

La buena noticia es que la simplicidad voluntaria se vuelve más sencilla a medida que la practicas. Y es que cuanto más tiempo o recursos dedicas a lo que realmente importa, obtienes más satisfacción, lo que hace que las compras y el consumismo pierdan interés.

Puedes apreciar mucho mejor los pequeños y auténticos placeres de la vida, esos que no dependen del dinero, y fomentar una vida más profunda y plena, de forma que no tengas que llenarte con el consumismo o con otro tipo de evasión.

Decir no a las cosas innecesarias significa que reconoces la abundancia de lo que tienes a tu alcance y sabes ser agradecido. Paradójicamente, cuando has abrazado las virtudes de la vida sencilla, acabas siendo rico personal y espiritualmente.

 

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