¿Sientes culpa?

En algunos casos la culpa se convierte en el alto precio que se paga por haber sentido placer o haber disfrutado. ¡Quizás te conviene revisar tu escala de valores!

¿Sientes culpa?

Quien no la siente en absoluto puede ser un psicópata; quien la padece demasiado puede ver afectada toda su vida emocional. La culpa es una experiencia dolorosa que deriva de la sensación, más o menos consciente, de haber transgredido las normas personales, culturales, éticas o sociales.

Tu armonía interior

En cierto grado la culpa resulta útil, porque permite corregir los errores cometidos, pero en exceso es uno de los principales enemigos de nuestra armonía interior. Nos lleva a enfrentarnos con nosotros mismos y puede bloquearnos.

Wayne Dyer (Tus zonas erróneas) opina que la culpabilidad no es sólo una de las formas más comunes de angustia en nuestra cultura, sino también una de las emociones más inútiles, porque nos hace despilfarrar el presente al paralizarnos en un comportamiento pasado. La culpa no resuelta se halla en la raíz de numerosos conflictos psicológicos, y puede llegar a amargarnos la existencia.

¿Tienes una forma de pensar equivocada?

Administramos mal los sentimientos de culpa cuando mantenemos un sistema de pensamiento polarizado (pensamos que las cosas son blancas o negras, buenas o malas, y no admitimos el término medio); cuando pensamos en negativo (tan sólo tenemos en cuenta los detalles negativos y además los magnificamos, sin atender a los aspectos positivos) ; cuando somos demasiado rígidos (nos basamos en un sistema de normas estricto donde el deber prevalece en todas nuestras acciones); cuando eludimos responsabilidades (pasamos a responsabilizarnos de las vidas de los demás o a las circunstancias), y cuando somos demasiado perfeccionistas.

¡Qué desasosiego!

La culpabilidad se manifiesta a través de señales físicas (presión en el pecho, dolor de estómago, de cabeza, de espalda), emocionales (nerviosismo, desasosiego, agresividad, irascibilidad) y mentales (pensamientos inútiles, autoacusaciones y autorreproches).

Tres tipos de culpa

Existen tres formas patológicas: la culpa neurótica, que es la que surge ante situaciones o actos insignificantes por los que la persona se siente excesivamente responsable; la que sienten las personas deprimidas por hechos del pasado, pero que pueden llegar a considerar anodinos cuando se curan, y la culpa delirante: la provocada por acciones inexistentes o irracionales (se da en una depresión delirante o en un trastorno esquizofrénico).

Los dulces, el tabaco y el sexo

La mayor parte de los remordimientos los produce, por este orden, el hecho de consumir chocolate y dulces, el fumar y el llevar una vida sedentaria, según un estudio de la Universidad de Reading (Gran Bretaña), en el que participaron 4.000 adultos de Alemania, Reino Unido, Suiza, Italia, España, Bélgica, Holanda y Australia.

Además, el grado de remordimientos varía de unos países a otros. Los británicos son los que peor lo pasan: un 40 por ciento de ellos reconoce sentirse culpable y considera que su salud corre riesgos por esa causa.

Los holandeses son los que gozan más abiertamente de lo que hacen, y en un nivel intermedio se encuentran españoles, italianos y belgas, que también dicen tener pocos remordimientos después de haber bebido, comido dulces, fumado o mantenido relaciones sexuales. Ir de compras sin necesidad y compulsivamente, y ver mucha televisión también nos causa quebraderos de cabeza.

Se gesta en la infancia

Dyer diferencia la culpa autoimpuesta de la culpa residual, una reacción emocional que se genera en la infancia se sigue cargando en la edad adulta, y que nace de mensajes como: Mamá no te va a querer si haces eso, Deberías sentirte avergonzado

La culpabilidad es en nuestra cultura una herramienta para manipular a los demás: los padres para «educar» a sus hijos; los amantes para castigar a su pareja («Si me quisieras…»), o los maestros para «enseñar» a sus alumnos.

¿Mujer y educada en el catolicismo?

Las mujeres se sienten más culpables que los varones, y los países tradicionalmente religiosos generan mayor cantidad de ciudadanos con remordimientos.

La religión católica basa el sacramento de la confesión, precisamente, en ese sentimiento de culpa del que hablamos, en la idea de encontrarse de forma permanente en falta (por acción u omisión) con la divinidad.

Te provoca estrés

El duelo crónico puede desembocar en depresión, estrés, úlcera o hasta ataques de corazón, y favorecer las infecciones y los desórdenes alimentarios.

La sensación crónica de culpa induce también a que la gente se equivoque en sus decisiones vitales y en sus actividades laborales. Su propuesta no es dejar los placeres a un lado, sino actuar con moderación: «Sólo un poquito de lo que más te guste».

Perjudica la amistad

Quienes se autoinculpan de los fracasos, ya sean propios o ajenos, sufren en las relaciones sociales, porque perciben a los demás como superiores y son incapaces de defender sus derechos.

En el otro extremo están quienes por sistema adjudican la culpa a los demás: estas personas resultan tan cargantes que no tardan mucho tiempo en verse evitadas por el resto del mundo y aisladas. Defendernos por sistema es fatal para nuestro progreso personal y nos distancia de los demás.

¡Aleja de ti la culpa!

Identifica tus sentimientos de culpa. Analiza en qué situaciones sobrevienen.
Acéptalos como normales y comprensibles. Si conoces sus causas y origen, te será más fácil corregirlos o combatirlos.

Habla con otras personas (si es necesario, con profesionales) del tema. Aliviarás tu malestar. Reconoce tus propios límites y asume sólo la parte que te toca.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.