Tomar una decisión sin miedo a equivocarse

Lo que para muchos constituye una costumbre muy saludable, incluso estimulante, para otros supone un auténtico martirio. La inseguridad y una falta de autoestima puede esconderse detrás de la dificultad para escoger.

Tomar una decisión sin miedo a equivocarse

Una de las características más apreciadas en los líderes es, precisamente, su capacidad para tomar decisiones y mantener la calma ante situaciones complejas.

Pero no hace falta remitirse a las grandes iniciativas empresariales, fíjate que en tu día a día pasas gran parte de tu tiempo optando entre diferentes alternativas.

¿Te pasas la vida dudando?

La seguridad (o la falta de ella) depende mucho del temperamento de cada persona y de su nivel de autoexigencia, pero también de su entorno. Así…
El perfeccionismo hace difícil la toma de decisiones. Tiende a darse en personas responsables, exigentes y detallistas, pero con ciertas dosis de inseguridad.

Además, su rigidez entorpece la creatividad para solucionar los problemas que se les presentan, y ante un error ni se conceden ni permiten el derecho a la equivocación.

La mala gestión del tiempo es algo que tienen en común las personas a las que les cuesta decantarse por una u otra opción.

Se concentran tanto en los detalles que se pierden lo principal.
La comodidad. Acostumbrarse a que otros decidan por uno mismo es muy cómodo, pero tiene sus consecuencias: es más fácil manipular a alguien que se muestra inseguro.

El poder de decisión

Pregúntate lo siguiente: ¿de qué decisiones no tomadas te arrepientes más? Seguramente responderás: de las que no tomé por miedo.

Piensa ahora en las características que tienen las personas de tu alrededor que actúan con rapidez, objetividad y reflexión. Los siguientes rasgos suelen distinguirlos:
Son gente positiva. Por ejemplo, los padres no sobreprotectores, que dejan que sus hijos experimenten desde pequeños las consecuencias de sus decisiones, ayudan a que sus vástagos sean en un futuro adultos seguros.

Tienen confianza en sí mismos y toman iniciativas rápidamente, ya que están más seguros de que si se equivocan sabrán reaccionar con precisión y podrán adaptarse a la nueva situación.

Saben decidir según la situación. No es lo mismo una decisión en el ámbito familiar que en el laboral o el social, y distinguirlo es básico.

Actuar por impulso

Si eres de los que primero actúan y luego piensan en lo que han hecho, toma nota del siguiente análisis:
Precipitarse: A veces sorprende ver personas que, ante situaciones muy importantes de su vida (como por ejemplo la elección de un piso para vivir en pareja), dan esos pasos tan vitales guiadas únicamente por el impulso, sin hacer un análisis objetivo y riguroso.

Las posibilidades de éxito en estos casos son muy pequeñas. Además, estas personas no suelen aprender con los errores cometidos, pues de nuevo deciden desde el impulso y no desde la reflexión.

Arrepentirse: En otras ocasiones, las decisiones se pueden tomar por condicionantes externos o internos, de los que no sabemos librarnos adecuadamente.

Por ejemplo, hay quien se pasa la vida arrepintiéndose de no haber sido capaz de decir NO en determinados momentos, pero lo peor es que se queda en la queja o en la flagelación, y su error no le sirve para empezar a tomar decisiones por él mismo.

Reflexionar: Analizar con objetividad las decisiones que mayores consecuencias pueden tener para nuestra vida es muy importante. Pero cuidado, tampoco debes querer controlarlo todo, ya que se cae en la trampa de realizar un análisis tan exhaustivo de cada situación que acaba por paralizarte.

Tan malo es precipitarse en exceso como darle mil vueltas a las cosas. Otorgar la importancia adecuada a cada caso es lo que cuenta.

Instrucciones para indecisas

•Separa las decisiones importantes de las cotidianas.

• Pon un tiempo límite para las dudas habituales: si pasados 5 minutos no sabes qué hacer, toma la primera opción que venga a tu cabeza y parezca razonable.

• Plantéate una alternativa que puedas aplicar en el caso de que la decisión tomada no te satisfaga.

• Ante la duda, pregúntate: ¿Qué es lo peor que puede suceder si me equivoco? Al responder te das cuenta de que «lo peor» no es tan grave, y que lo puedes asumir.

• En las decisiones importantes escribe tres columnas con las ventajas, desventajas y alternativas de cada decisión. Lo verás más claro.

• En las que no son inmediatas marca un día límite en el calendario.

• Acepta que puedes equivocarte como todo el mundo.

 

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