Vencer la timidez

Un 40 por ciento de las personas se autodefinen como tímidas o dicen haberlo sido en algún momento de su vida. Desde los escritores Stendhal y Byron hasta los cineastas Woody Alien y James Dean, el cantante Michael Jackson o el magnate Ted Turner, infinidad de tímidos famosos confirman que la cortedad puede superarse e incluso aprovecharse.

Vencer la timidez

Es el caso de Carolina. En su niñez, jugaba sola, hablaba sola, imaginaba familias felices y las describía en un cuadernito. Ella no tenía hermanos, su madre trabajaba y la cuidaba una niñera. De adolescente, a Carolina le horrorizaba la idea de ir a una fiesta o reunión porque se sentía insignificante. Sus amigas tenían novios, y ella esperaba un príncipe azul que descubriera todos los tesores que había en su interior. No era feliz, se veía diferente a los demás, y se refugiaba en la lectura y la escritura.

Así nació su vocación de periodista, para poder comunicar sus ideas, sentimientos y fantasías. Estudió la carrera y empezó a ejercer como periodista. Pero cada vez que tenía que hacer una entrevista se pasaba la semana previa angustiada.

Leía todo lo publicado sobre el personaje, preguntaba a todos y acababa siendo una erudita en la cuestión. Sí, al final bordaba el trabajo, pero había sufrido tanto… Cuando tuvo que sustituir a un compañero en un debate televisado, recurrió a una psicóloga para superar su pánico.Tenía 32 años y ya había sufrido mucho.

Durante su terapia para vencer la timidez, Carolina aprendió que ésta se compone de varios elementos:
• Escasa habilidad social. Los tímidos son torpes a la hora de iniciar una conversación, vergonzosos con el sexo opuesto, evitan las reuniones y se sienten muy inseguros ante los desconocidos.

• Ansiedad. Ante la interacción social, responden con el mutismo o una impulsividad de palabra que puede resultar casi agresiva.

• Prejuicios. Su temor al otro les puede llevar a prejuzgar a las personas y, generalmente, tienen una actitud desconfiada.

• Baja autoestima. Aunque muchos tímidos son geniales o brillantes, ellos no lo saben, y evitan mostrar sus conocimientos. En cambio, no detectan la ignorancia prepotente ajena.

El origen de la timidez

Según los expertos, el retraimiento social puede ser consecuencia de:
• El sentimiento de inferioridad, una primera experiencia sexual desafortunada o un defecto físico que no se acepta.

• Una vivencia humillante o una crisis que se percibe como un fracaso personal.

• La tendencia genética.

• La educación familiar sobreprotectora, desafectiva o cerrada al exterior.
Las personas cortadas evolucionan de distintos modos. Algunas se abandonan, se aislan y caen poco a poco en situaciones depresivas cargadas de angustia. Otras se crean una falsa imagen y se convierten en seres muy locuaces y asertivos, en lucha por esconder su forma de ser.Y hay quienes sobrerreaccionan: en los momentos más conflictivos pueden llegar a la imprudencia o hasta la grosería. Lo normal es que la timidez se amortigüe con los años, pero puede no desaparecer e incluso bloquear al afectado.

Más que discretos

La gente que se corta en situaciones concretas (contactar con el sexo contrario o hablar en público) puede tener relaciones positivas con los demás; quienes rehuyen todos los contactos sociales tienen mayores problemas.

Estas son algunas tendencias de conducta que distinguen a los tímidos de los discretos: evitan a los otros, sobre todo los grupos; renuncian a cualquier iniciativa en el terreno social; se refugian en el silencio en las reuniones; rehuyen mirar a los ojos de su interlocutor; hablan en voz muy baja, muy suave, monótona o atropellada.

Efectos perversos

Aunque a veces puede inspirar simpatía o ternura, la timidez tiene efectos negativos:
• Dificulta conocer gente, hacer amigos y disfrutar de experiencias, así como de la posibilidad de enriquecerse a través de ellas.

• Puede conducir a la soledad, el abandono o la depresión.

• Anula la asertividad, es decir, la capacidad para expresar las propias opiniones.

• Hace considerar a las otras personas como seres superiores, limita las valoraciones favorables que los otros puedan hacer del tímido y alienta a que le juzguen incorrectamente.

• Genera problemas para pensar claramente en ciertas ocasiones y para comunicarse con eficacia con las demás personas.

• Causa insatisfacción y baja autoconfianza: el tímido se ve incapaz de afrontar situaciones que los demás superan con soltura. Cuando tiene que actuar en público, el tímido siente el corazón desbocado, las manos húmedas y temblorosas, la respiración entrecortada, las mejillas color tomate, la voz descontrolada…

Ideas irracionales

Son las responsables de que el tímido quede anclado en un círculo vicioso de falta de iniciativa y temor a quedar mal. Veamos unos ejemplos muy comunes:
1 «Si me quedo hasta el final de una fiesta o una reunión, conoceré a alguien». Nadie garantiza que quien se queda pasivamente hasta que apagan las luces, logre atraer compañía. ¡Anímate a tomar la iniciativa cuanto antes!
2 «Si he de conocer a alguien que se interese por mí, sucederá, vaya adonde vaya». Otra maniobra defensiva. Cuanto más te abras, más gente conocerás.
3 «Si no le caigo bien a la primera es que no le gusto ni le gustaré nunca». Es raro que una persona revele su interés y simpatía incondicionales hacia otra desde la primera conversación.
4 «Si me acerco a alguien, le molestaré». ¿Por qué das por hecho que eres inferior? Si lo haces, estás proponiendo una relación de segunda clase.
5 «Seguro que no se me ocurrirá qué decir». Lo principal no es tanto ser ingenioso como tener una actitud confiada y amigable.

 

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