Vive sin causarte daños

Descubre cómo aplicar y tener en cuenta tu sensibilidad en todos los aspectos de tu vida, sin renunciar a vivir intensamente, a reír y a llorar. Respeta tu sensibilidad especial, y los demás harán lo mismo.

Vive sin causarte daños

¿Sueles hacer cosas que dañan tu sensibilidad? ¿Te gustaría elegir tu camino en lugar de seguir el de todo el mundo? ¿Sientes a veces que vas en contra de ti mismo? Saber qué es lo que te hace daño y no hacerlo significa que valoras bien tus diferencias con respecto a los demás.

Por tanto, no debes sentirte inferior ni creerte menos que nadie. Sencillamente, cada persona es un mundo, y de los distintos tipos de sensibilidades depende mucho la forma de ser de una persona: lo que acepta o lo que rechaza, lo que asimila como propio o como ajeno, lo que le gusta o le disgusta, etc.

Debes darte cuenta de que, en mayor o menor medida, cada uno elige lo que más le conviene en cada momento, y tú debes hacer lo mismo, pero siempre teniendo en cuenta tu sensibilidad.

Así no te harás daño ni sentirás que te estás saboteando a ti misma.

¡Cuidado con los sobreestímulos!

Lo que para unos es lo más normal del mundo, como por ejemplo ver una película violenta, para ti puede significar pasar un mal rato, tener pesadillas o revivir esas duras imágenes en la mente torturándote durante días.

Los cambios o las nuevas experiencias te provocarán un cierto estrés o sobreactivación, pero esto no implica que renuncies a vivir; al contrario, tu sensibilidad se beneficia de dar pasos nuevos porque te capacita con una gran información disponible rápidamente, debido a tu habilidad de percibir y prever acontecimientos.

El consejo: La sobreestimulación significa que estás más expuesto a sentir intensamente todo lo que te ocurre, pero recuerda que eso es muy positivo, porque las personas necesitamos sentirnos estimuladas de continuo para ser felices.

Tu guía interno

Tus pensamientos y emociones son como un libro abierto para ti, y debes tenerlos en cuenta, pues tu sensibilidad hace de guía en tu vida.

Del mismo modo, el cuerpo puede hacerte de guía diciéndote con sensaciones físicas -como angustia o incluso dolor físico— qué es lo apropiado para ti y qué cosas te harán daño o perturbarán tu bienestar.

Fiarte de pensamientos, emociones y sensaciones es fiarte de ti mismo. El consejo: Una persona muy sensible debe cuidarse, pero también necesita sentir experiencias nuevas y la ilusión de llevarlas a cabo.

Pasos para una sensibilidad sana

Esforzarte en hallar el equilibrio es lo mejor para tener una sensibilidad sana.
1. Reflexiona sobre tu forma de cuidarte. Hay dos formas que utilizan las personas muy sensibles para cuidar de sí mismas:
I Quizás te fuerces demasiado a vivir hacia fuera, en continua estimulación debido al trabajo o al ocio, asumiendo muchos riesgos, explorando la vida e intentando vivir como todo el mundo.
II Quizás estés haciendo lo contrario: cerrarte para no correr riesgos y huir del estrés, o para crearte un mundo en soledad por temor a que te hagan daño. Ambas formas están equivocadas y pueden dañar tu sensibilidad.
2. Encuentra tu equilibrio. Si vives demasiado hacia dentro, privarás al mundo de tu sensibilidad.Y si vives demasiado hacia fuera, sé consciente de que llevarás a cabo mejor cualquier responsabilidad si descansas e interiorizas.
3. Descansa todo lo que puedas. Las personas muy sensibles necesitan dormir mucho y profundamente. Respeta un horario para el esparcimiento. Practica la relajación, la meditación u otra actividad que te ayude a conectar con tu interior mientras recuperas energía.
4. Conoce todo acerca de tu sensibilidad. Es esencial que te protejas de lo que te daña gratuitamente. Por ejemplo, si las discusiones te lastiman, no permitas que nadie te enrede en ellas.
5. Lo importante es la expresión de ti mismo. Sé siempre como eres y quieres ser. Cuando hables, cuando escuches, cuando trabajes, cuando disfrutes de tus ratos de ocio, permítete ser tú mismo, con tus errores y aciertos, virtudes y defectos. Sé tú mismo.
6. Ríete y llora cuando lo necesites. La risa y el llanto son dos necesidades fisiológicas, y aunque la primera debe aparecer con más frecuencia, también es importante dejar que afloren las lágrimas cuando lo necesites.

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