Apuesta por el diálogo

A veces la más simple de las conversaciones es la excusa perfecta para sacar a relucir viejas controversias. Recordar «los trapos sucios» solo sirve para entrar en una espiral de discusiones. Lo pasado, pasado está.

Las vacaciones no siempre son ese período idílico de plenitud y felicidad conyugal que sueñas durante todo el año.

Tienes más tiempo para compartir con tu pareja, pero también para discutir. Y es que para algunos pasar 24 horas juntos no es sinónimo de estrechar lazos, sino de tensar esa cuerda invisible que une (o desune) cualquier relación.

Apuesta por el diálogo

La convivencia durante las vacaciones genera más conflictos cotidianos y cualquier tema saca a relucir, de rebote, incidentes pasados hace días, meses e incluso años: los temidos reproches.

¿Por qué sacamos los trapos sucios?

Se trata de una reacción bastante habitual pero no siempre la razón de fondo es la misma:
• Sensación de control. Reaccionar con cierta agresividad e intentar atacar al otro con algún «asunto pendiente» te puede hacer pensar que eres tú y no él quien tiene el control total de la discusión. Es tu forma de tomar las riendas cuando te faltan otros argumentos.

• Posible frustración. Quizá durante el año te has creado demasiadas expectativas respecto a las vacaciones. Luego no se corresponden con lo que habías imaginado y cualquier situación es el inicio de una discusión. Siempre salen frases del tipo «teníamos que haber ido donde yo dije» o «yo ya sabía que pasaría esto».

• Percibes desilusión. Tener más tiempo para veros puede que te haga dar cuenta de algunos aspectos que tenías olvidados. No acabas de aceptar algunas de sus manías o detectas que las cosas ya no son como antes. Las peleas surgen entonces con más facilidad.

• Desencuentros. Aveces tienes la sensación de que no estáis en una relación equilibrada, que tú estás dando más o incluso que te has sacrificado más. Inevitablemente eso os conducirá a hablar de actitudes pasadas.

Los reproches mas frecuenes

Los motivos pueden ser infinitos porque cualquier detalle de la vida de pareja puede originar tensiones. Hay que preguntarse por qué surgen estos reproches:

• Episodios concretos que te han molestado realmente. Piensa que lo que para uno es insignificante para el otro puede ser una gran ofensa y, si en ese instante no lo dice, seguro que al final saldrá más adelante y con mayor acritud.
• Los sacrificios son otros de los reproches que suelen surgir con más frecuencia en una pareja: «renuncié a mi carrera por ti» o «yo no me compro nada y tú vas y te gastas el dinero en esto» son frases habituales.

• Los olvidos o la falta de apoyo en momentos difíciles salen a relucir tarde o temprano, y también las traiciones. El tema de la infidelidad es recurrente pero también los coqueteos que se percibieron en un momento dado (y no habías dicho nada) incrementan la lista de agravios.

• Solo son excusas. La mayoría de veces el motivo es lo de menos. Los expertos aseguran que los hombres acostumbran a recriminar cuestiones económicas y las mujeres, en cambio, suelen echar en cara las cuestiones emocionales.

Detener la espiral es necesario

Los reproches pueden tener un efecto devastador en la pareja. El malestar que generan las recriminaciones constantes va cavando una distancia entre las dos personas que un día puede ser insalvable. De hecho, en ocasiones son un síntoma claro de una crisis de pareja que permanece oculta. Sigue estas pautas para evitarlo:
• Reconoced los propios sentimientos, en vez de arremeter contra el otro. Vale más decir «me siento mal si no me apoyas» a «solo piensas en ti, eres un egoísta».

• Puestos a hablar del tema una vez más, sed conscientes de ello y procurad que esta sea la última, zanjando la cuestión para que no os queden más cosas en el tintero. Expon tu punto de vista y escucha también lo que él tiene que decirte. Si la discusión os ciega y habéis entrado en un callejón sin salida, haced una pausa para relajar los nervios, aclarar las ideas y tomar perspectiva.

• Si eres tú quien reprocha… Intenta expresar tus sentimientos de forma suave, evitando exigencias o dramatismos del tipo «es que nunca vas a aprender»

• «siempre igual, lo haces todo mal». Sé consciente de que tus palabras le pueden afectar y nunca utilices las amenazas para conseguir lo que quieres de él.

• Si es tu pareja quien siempre saca los trapos sucios a la primera ocasión dile cómo te sientes cada vez que lo hace y hazle entender que volver a discutir por el mismo tema es una pérdida de tiempo y solo genera más tensión entre vosotros.

Por muy pequeños que sean los reproches, pueden tener un efecto devastador en la pareja cavando una distancia insalvable.

 

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