Cómo hacer las paces

La comunicación es la base de la relación de pareja. Cierto. Pero cuando está muy deteriorada, valen más las acciones responsables e ilusionantes. Cuando las palabras tan sólo enturbian, es el momento de callar, observar al otro, comprenderle y recuperar el objetivo: que ambos queremos vivir mejor.

Cómo hacer las paces

Las mujeres se quejan de que Los hombres no escuchan, de que no manifiestan sus sentimientos, incluso de que son insensibles.

Pero, las mujeres no dan muestra de mayor empatía y sensibilidad cuando opinan así, porque con ello demuestran que ellas tampoco comprenden sus motivos ni son capaces de ponerse en la piel de sus parejas.

¿Tan diferentes somos? Probablemente, no tanto. Ambos arrastramos miedos, inseguridades y carencias. Sólo que son miedos diferentes y, aún más importante, los manifestamos de forma diferente.

A veces, hablar empeora las cosas

Cuando las palabras sólo empeoran las cosas, en vez de mejorarlas (a pesar de las mejores intenciones), urge buscar otras vías.

Dejar las palabras a un lado, parar la mente charlatana con su discurso interminable de quejas y críticas (y casi siempre escasas autocríticas). Parar, callar, observar al otro, comprenderle, y recuperar el objetivo: que ambos queremos vivir mejor.

Cuando las palabras se han convertido en un arma de doble filo, gestos y actitudes cargados de amor pueden recordaros que vais en el mismo barco, y que no estáis dispuestos a naufragar.

¿Por qué peleamos?

El malestar, resentimiento y frustración que experimentan algunas mujeres procede de la ansiedad que les produce el sentimiento de desconexión. O sea, que por detrás de casi todos los reproches que le hace a su pareja subyace el miedo a la desconexión: al distanciamientos sentimental y emocional.

Por eso, necesita hablar de ello, como si a través de las palabras pudiera conseguir tender esos puentes que considera rotos.

Por qué ellos hablan tan poco Por otra parte, el malestar del hombre procede, en la mayoría de los casos, de la sensación de incapacidad, de fracaso, de incompetencia.

Y eso es precisamente lo que hace que se resista a dialogar, ya que experimenta el temible «tenemos que hablar» como la amenaza de una lista de reproches que incidirán en su sensación de incompetencia.

La mayoría son miedos inconscientes La mayoría de las veces, el miedo de la mujer a la desconexión y la vergüenza del hombre son inconscientes.

Es difícil oír que él diga: «Me avergüenzo cuando me dices que haga algo por los niños porque me siento suspendido como padre»; o ella: «Alzo la voz y respondo mal porque me enfada creer que ya no te importo».

Estos miedos profundos se manifiestan de diferentes formas: con resentimiento y furia, culpabilizando a la otra persona; centrándose en el trabajo para obtener un buen estatus social y profesional que demuestre la valía; buscando la admiración y aprobación de otras personas; obsesiones o actitudes compulsivas, como comprar, comer o beber en exceso.

Estas reacciones alivian el dolor momentáneamente, pero son «pan para hoy y hambre para mañana». Un diálogo de sordos Generalmente, cuando insistimos en «hablar» de la relación, lo que queremos es convencer, dejar claro nuestro punto de vista, como si el hecho de que Lo entienda de una vez por todas fuera a resolver todos los problemas.

Pero, ¿te has parado a pensar alguna vez que tu pareja pueda tener otro punto de vista, otra versión de la historia, que también puede pensar que tú no comprendes y ésa es la clave de todos los problemas?

Cada cual con sus argumentos y su convencimiento, y a la defensiva, los ánimos se calientan y las mejores intenciones acaban convirtiéndose en armas defensivas y ofensivas.

Recuperar el amor La verdad que no se expresa, el miedo de origen, es la clave que ayudaría a resolver efectivamente gran parte de los problemas entre la pareja.

Si nos interesáramos por lo que hace sufrir a la otra persona, no nos dolería tanto lo que nos hace.

Pero se nos olvida el amor (la causa) y nos quedamos con lo anecdótico (las reacciones defensivas). Y, sin embargo, más importante que los hechos son los sentimientos que los motivan.

Ponernos en su lugar

Se nos ha explicado que el estrés se manifiesta con un instinto de lucha o huida. Pero se ha demostrado científicamente que las mujeres actúan ante el estrés de otra manera.

Las mujeres de la prehistoria se defendían protegiéndose mutuamente, organizándose y estableciendo vínculos. Hoy siguen encontrando consuelo y fuerza en la unión.

Ellos prefieren huir Por su parte, los hombres tratan de lidiar el estrés de maneras que, a juicio de las mujeres, parecen amenazar los vínculos sentimentales: con distracciones (trabajo, televisión, ordenador); búsqueda de estatus (trabajo, deportes); cierre emocional (si no siente nada, no se siente inadecuado); enfado (si ejerce poder y control, no siente la impotencia del fracaso), etc.

Ellas necesitan hablar Lo que a las mujeres les cuesta más trabajo entender es que para el hombre medio las relaciones no son una fuente de consuelo. Luchar o huir es el equivalente masculino de cuidar y hacer amistades en las mujeres.

En estas circunstancias, a las mujeres es contundente: el hombre de tu vida será más amoroso, compasivo y solidario si puedes entender y aceptar su vulnerabilidad a la vergüenza.

Practica el ¿Qué te hace sentir mal? Por un tiempo, abandona tu urgencia de arreglar las cosas hablando. La mujer que sigue a su hombre, que huye de habitación en habitación, está tratando con valor pero equivocadamente de obtener una conexión y superar su miedo al aislamiento.

Pero no hace más que aumentar el miedo de él a la vergüenza del fracaso y la incapacidad. Obsérvale intenta comprender lo que está sintiendo.

Respeta su intimidad si crees que necesita espacio. O bien, siéntate a su lado en silencio, abrázale o cógele de la mano.

Ponte en su piel mientras recuerdas que le amas y que^puede estar pasando por un momento difícil.

Cambia por un momento el «¿Qué hay de mí?» o «Así es como lo veo yo», por «¿Cómo te encuentras?» o «¿Qué te hace sentir mal?».

Suaviza tus requerimientos para escuchar los suyos, porque ése es el puente que andas buscando para volver a estar del mismo lado. Desde el amor será mucho más fácil empezar a actuar con respeto. Y hablar, finalmente, será más efectivo.

 

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