Cómo reaccionarías si él es…

Los rasgos que te desagradan o te hacen enfadar de tu hombre son revulsivos y transformadores si sabes interpretarlos.

Cómo reaccionarías si él es...

Insensible

En su interior hay una reserva de emoción poderosa, pero nunca la libera. Puede que se vuelque en el trabajo o en los deportes, pero está bloqueado por la rabia y el dolor. Y tú respondes… furiosa, harta, criticona.
¿Qué hacer?
Entiende cuan cerrada te has vuelto por costumbre. Encuentra un lugar seguro para abrirte fuera de la relación. Es imperativo que restaures tu dignidad. Ponte en el lugar de él durante un rato cada día. Mira lo que ve, siente lo que siente. Si te ves atrapada en criticarle, siente lo que es para él ser el blanco de tus acusaciones y tu ira. Tras haber observado las cosas desde su posición, vuelve a ti misma y contempla un nuevo yo.

Dominante

Necesita mucha atención por parte de los demás. Y, en secreto, se duele de la poca que recibe de ti. Le gusta tener la última palabra, aunque te acuse de salirte siempre con la tuya. Y tú respondes… envidiosa, humillada, resentida.
¿Qué hacer?
Averigua si él, como hombre, goza de privilegios que tú no tienes. La envidia es una energía que puede ser canalizada para mejorar tu vida y llevar a cabo tus sueños. Aunque tus condiciones actuales pueden ser difíciles de cambiar, debes derribar los muros de tu resistencia. Encuentra tu fuente de poder. No pidas permiso: toma lo que por derecho es tuyo por amor hacia ti misma.

Despreciativo

Con el pretexto de «ayudarte», te ataca y manipula con comentarios provocadores, determinado a socavar tu autoconfianza. Es un recurso para mantener su autoridad.
Y tú respondes… temerosa, vulnerable, insegura.
¿Qué hacer?
Usa sus ataques como revulsivo para mejorar. Quizás te está haciendo un favor: puede ayudarte a comprender por qué no estás controlan do tu tiempo y energía de forma más productiva para ti misma. Él responderá muy diferente cuando hayas identificado tus propias ansias, carencias y sentimientos de incapacidad.

Iracundo

Sus ataques de ira son aterradores e imprevisibles. Con él, rara vez te puedes relajar y desahogar. Incluso si se disculpa, casi nunca tiene noción del daño hecho. Y tú respondes… indignada, rabiosa, desbordada.
¿Qué hacer?
Reconoce tu propia ira, que tu compañero tiende a invocar. No la rechaces y deja que te guíe hacia tu herida más profunda y hacia tu curación. Cuando descubras sus raíces, serás libre. Tu concienciación hará que tu compañero pierda su poder cuando se enfada. Y tú habrás recuperado el tuyo.

 

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