¿Convivencia o matrimonio?

En nuestros días resulta frecuente que dos enamorados decidan vivir juntos, sin suscribir necesariamente el compromiso matrimonial. ¿Cómo debemos interpretar esta decisión?

¿Convivencia o matrimonio?

Tal vez, la elección de la convivencia sea malinterpretada, sobre todo por las generaciones más mayores. No siempre se trata de una elección basada en la comodidad y que subraya la ligereza de los jóvenes de hoy día, a los que con frecuencia se acusa de ser incapaces de responsabilizarse y de comprometerse a respetar los valores afectivos.

Los motivos que llevan a la opción de la convivencia pueden ser muchos. Los más comunes son:

• Deseo de experimentar la vida en común. Dificultades económicas para afrontar simultáneamente los gastos de montar una casa y organizar una boda.

• Temor al fracaso. Mayor facilidad para una posible separación.

• Estar a la espera del divorcio de una unión anterior.

• Miedo al compromiso.

• Deseo de amarse sin la necesidad de un vínculo jurídico explícito.

• Miedo de acomodarse, ya que un anillo confirma la certeza del vínculo y, de alguna manera, puede hacer que disminuya la atención hacia el otro y hacia el propio desarrollo personal.

• Si la unión se produce en la tercera edad: con frecuencia se produce por la viudedad, ya que un segundo matrimonio comportaría una reducción económica de las pensiones.

La convivencia supone una relación amorosa cada vez más habitual en nuestra cultura. Hablamos normalmente de parejas de hecho, una situación social común y que posee un reconocimiento oficial específico.

Las estadísticas informan que la mayoría de estas uniones, después de unos años de convivencia, terminan en una boda.

 

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