¿Deberías volver con tu ex o no?

La sabiduría popular (y tus amigas) aseguran que las segundas partes nunca frieron buenas; sin embargo, la idea de retomar tu relación ronda tu cabeza. No sabemos si este dicho se cumplirá o no en tu caso, pero lo que sí debes tener claro es que, sea cual sea tu decisión, necesitas meditarla a fondo porque será la definitiva.

Entonces, ¿merece la pena intentarlo? Pues lo cierto es que depende de muchos factores y para dar con la respuesta es necesario analizar la situación al detalle.

¿Deberías volver con tu ex o no?

Para empezar, lo más fácil es detectar cuándo no debes darle otra oportunidad bajo ningún concepto: si ya no estáis enamorados, si las discusiones se os iban de las manos hasta faltaros el respeto o si nunca te has sentido valorada y eres más feliz ahora, no deberías ni planteártelo.

Si pasabas más tiempo enfadada y triste que disfrutando del momento o ninguno de los dos estábais dispuestos a cambiar ciertos aspectos fundamentales, olvídalo. Tampoco te merecerá la pena si no había consenso sobre temas fundamentales como tener hijos o no. Por no hablar de infidelidades o engaños: ni hablar de perdonarle.

Y si simplemente la soledad no es lo tuyo y ahora echas de menos estar en pareja, más de lo mismo. Pero si no existen grandes dramas de fondo, no todo está perdido. En un estudio de la revista Journal of Adolescent Research en el que participaron jóvenes de entre 17 y 24 años, el 44% de los encuestados aseguró haber vuelto con su ex en los dos años siguientes a la separación. Una cifra que demuestra que, en ocasiones, un paréntesis puede servir para replantearse las necesidades de cada uno y darse cuenta de que juntos es mejor.

Zapping amoroso

Que haya un porcentaje tan elevado de rupturas que no llegan a ser definitivas no es casualidad. Todos los expertos coinciden en que la explicación podría estar en el ritmo de la sociedad digital, que nos ha convertido en seres más impacientes y sin ganas de invertir nuestra energía en nada que no tenga los resultados esperados de inmediato.

Es decir, que ante un bache o una crisis -circunstancias normales en cualquier relación humana-, en vez de tratar de salir del túnel y reparar aquello que falla, entramos en un círculo vicioso de negatividad que lleva a la opción más fácil: el distanciamiento. Y es entonces, tras meses alejados, cuando nos damos cuenta de que dejarlo no fue una decisión acertada y que casi todo se podía haber evitado.

Un esquema que suele ser habitual en parejas que no han tenido un final demasiado conflictivo ni doloroso, sino en las que los factores externos como el estrés, los cambios laborales o los agobios frente al compromiso han generado un desgaste. Y es que, como apunta Juan Domínguez, psicólogo experto en terapia sexual y de pareja, «los millennials nos hemos acostumbrado a una vida en la que, si algo no nos gusta, deslizamos el dedo y pasamos a lo siguiente, cambiamos de canal o adquirimos algo mejor».

Por ejemplo, si sale al mercado un nuevo móvil, nos lanzamos a comprarlo, aunque el nuestro esté en perfectas condiciones. No tenemos ninguna necesidad de perder el tiempo en algo que no nos convence al cien por cien. Y esto también se aplica a nuestra vida sentimental. «Con un poco de humor podríamos hablar de pareja low cost o zapping amoroso. Hemos desaprendido la importancia de mantener, cuidar o arreglar, tanto las cosas materiales como las relaciones», comenta Domínguez, que basándose en su experiencia con este tipo de conflictos añade: «La dificultad para tratar y reparar provoca que, a veces, la separación sea casi la única salida para actualizar la pareja». ¿Todavía no tienes claro si volver o no con él? Hazte la siguiente pregunta: ¿por qué lo dejasteis?

Según Juan Domínguez, para encontrar la respuesta debes clasificar tus respuestas en una de estas tres categorías: en la primera van aquellos motivos que afectan a los elementos centrales de la pareja, como vivir juntos o la posibilidad de estar con otras personas a la vez.

Si no hay un entendimiento en estas decisiones, el futuro pinta difícil porque ninguno de los dos cambiará de opinión. En la segunda entraría todo lo que tenga que ver con la estructura de la relación. Un ejemplo de estas fricciones son los temas que afectan a la convivencia, como la planificación del dinero y el espacio de cada uno o a la vida social -hacer fiestas en casa o salir de marcha con los amigos-. «En este caso, podemos coincidir en la idea general y no es grave que haya diferencias en ciertos aspectos concretos.

Aquí tenemos más posibilidades de llegar a acuerdos y buscar zonas comunes», aclara Domínguez. La última casilla es la de los asuntos cotidianos. Es decir, roces que generan discusiones recurrentes pero que no dejan de ser tonterías, como que a uno le moleste el desorden del otro o que deje el tubo de la pasta de dientes sin cerrar.

Si todas las razones que propiciaron el final son de este estilo, las posibilidades de solucionarlo y reconciliaros son muy altas, ya que basta con prestar un poco de atención en el día a día y entender las necesidades del otro para no volver a caer en lo mismo. Para reforzar la decisión que vayas a tomar, también es bueno escribir en un papel una lista de los pros y los contras que tiene intentarlo.

Y ten paciencia porque, come recomienda Domínguez, «el duelo pasa por fases que te irán haciendo ver con más claridad lo que necesitas. En ningún caso tomes decisiones precipitadas». No hay ninguna prisa, es mejor dar pasos firmes y acertados. Si ya habéis tenido el tiempo suficiente para pensar y, finalmente, decidís probar suerte, es fundamental que defináis muy bien los pasos a seguir y que planteéis una estrategia efectiva con la que los dos salgáis ganando.

Empezar desde cero

Por lo general, tras haber experimentado la tristeza de la separación y el subidón que supone reencontrarse de nuevo, no es raro olvidar todo lo vivido (y sufrido) en los últimos meses y volver a cometer los mismos errores al cabo de un tiempo. «El efecto de estas emociones es muy intenso, pero dura poco y no cambia los comportamientos automáticos», afirma Domínguez, que también cree que, sin conflicto, no hay cambio. Lo que lleva a otra equivocación recurrente: no opinar por miedo a que haya desencuentros.

Asúmelo: las diferencias en una pareja no son un hándicap, sino un factor que suma y con el que hay que saber convivir. Es el momento perfecto para probar nuevas mecánicas. Si volvéis, que sea para estar mejor que nunca.

Las preguntas que debes hacerte

Salir de la encrucijada en la que estás inmersa depende de ti. El primer paso para conseguirlo es sincerarte contigo misma y poner tus sentimientos a examen. Plantearte estas cuestiones te ayudará a salir de dudas.
¿Por qué quieres reconciliarte?
Si sólo echas de menos cosas concretas como viajar juntos o no estar sola, olvídate de él. Pero si sientes que podéis salir del bache y es el amor de tu vida, entonces adelante.
¿Qué has aprendido durante el break?
Lo normal después de una etapa de reflexión es salir con las ideas claras y una lista que incluya las cosas que quieres (y las que no) en tu vida. Ten esto presente para emitir tu veredicto final.
¿Qué harás para que funcione?
¿Estás dispuesta a negociar y cambiar? Si la respuesta es negativa, y no vas a dar un paso atrás, es mejor que cada uno vaya por su lado. Evitaréis otro disgusto innecesario.
¿Estás totalmente convencida?
En el caso de que no lo tengas claro, lo más recomendable es que optes por ser prudente y esperes un poco más hasta estar completamente segura de lo que deseas. Así le harás menos daño.

 

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