El comienzo de la pareja

La pareja se inicia con el naciente enamoramiento, y en su primera fase domina el erotismo; se experimenta la felicidad erótica, el juego amoroso, la fusión de los cuerpos y de los espíritus para crear una unión íntima e intensa.

El comienzo de la pareja

Dos individuos distintos, separados, experimentan en un determinado momento una afinidad; tienen metas y sueños comunes, que pueden confluir en el mismo destino; por ello tienden a unirse, a fundirse para formar una pequeña colectividad compacta, un nosotros sólido.

La persona enamorada rompe el círculo mágico que lo tenía ligado a su comunidad y modifica las relaciones que había tenido hasta ese momento.

Sufre una mutación de su ser, la metanoia que sufrió San Pablo, la muerte-renacimiento. El individuo enamorado se rinde ante algo que lo trasciende y en lo que ve su propia realización.

Por esto, los dos cuerpos, antes de unirse, se hacen sagrados; entonces se realiza el milagro, la fusión con el universo.

Esto es el matrimonio, la unión consagrada; se trata de la celebración de la pareja de esposos y de la naturaleza, que no se distinguen la una de la otra: el cuerpo se hace divino, se fusiona con el otro y simboliza todo aquello que nace y que germina. De aquí nace el proyecto de recorrer el mundo juntos.

En la creación de este proyecto juega un papel clave la cultura, las experiencias acumuladas, los temores, las angustias, las desilusiones, los éxitos infantiles, los sueños y los deseos insatisfechos.

El paso del enamoramiento a la construcción de la vida en pareja es una evolución del estado infantil al adulto, del irracional al racional, y comporta no pocas dificultades.

Se trata de un proceso de crecimiento en que los sentimientos alcanzan un momento de prueba y confrontación con la planificación de la realidad y la vida amorosa.

Lo que condiciona el éxito de la relación es la confirmación de la capacidad de crear un proyecto de crecimiento de los valores humanos.

Paradójicamente, sólo las parejas que han conseguido una madurez psicológica y relacional libre de vínculos emotivos y de malestares psicológicos están capacitadas para asumir compromisos honestos y perdurables sobre los que construir una auténtica relación amorosa.

Los miembros de la pareja deberían evitar cualquier tipo de relación basada en la autoridad. El único compromiso necesario para el éxito es la honestidad y el deseo de crecer juntos.

Si una relación se desarrolla a partir de una elección honesta y libre, los valores se acumularán de forma natural. Esta unión adquirirá, por tanto, una solidez creciente que, poco a poco, dará forma a una relación con una fuerza y una continuidad que difícilmente podrá interrumpirse.

Si el crecimiento se detiene, la relación puede terminar pacíficamente y ambos miembros de la pareja conservarán los valores acumulados durante su relación, por lo que cada uno de ellos habrá aumentado sus capacidades para las posibles relaciones futuras.

FPor otra parte, esta forma de ruptura, si está orientada hacia unos valores verdaderos, puede, siempre que lo deseen los miembros de la pareja, permanecer abierta a posibles reencuentros para recomponer la relación.

Como todos los valores importantes, el amor romántico y los placeres psíquicos requieren cuidados, compromiso y tiempo para desarrollarse.

Los valores positivos creados son proporcionales al pensamiento racional y al compromiso honesto que se ha contraído.

Entre las parejas que funcionan, siempre sobresale la capacidad de compartir espontáneamente valores y proyectos comunes.

El punto de partida es la semejanza de ambos miembros en la forma de ver la vida y en las premisas filosóficas fundamentales de la existencia.

Sin esta base armónica, no puede haber un terreno sólido sobre el que desarrollar una relación recíproca de amor romántico, orientada hacia los valores verdaderos.

Para establecer una unión válida, probablemente de larga duración, ambos han de comprender las ideas que cada uno tiene sobre las relaciones entre el hombre y la mujer.

Para cooperar eficazmente en la construcción de un buen vínculo, los dos componentes de la pareja han de identificar inmediatamente las bases y la naturaleza de su relación.

 

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