Hombre histriónico teatral

Hombre histriónico teatral

Su emotividad es exhuberante y sin contención. Ama sin pensar; sólo quiere sentir. La persona histriónica necesita ser el centro de atención y su idea del amor está teñida de superficialidad Y necesidad de afirmarse a través del otro

Paco conoció a Almudena en la universidad y enseguida se sintió impactado por ella: era guapa, jo ven y muy alegre. Todos la admiraban, y a ella no le desagradaba en absoluto.

Pronto se fueron a vivir juntos; sin embargo, a los pocos meses surgió el descontento por parte de Marta: «Necesito que sea más cariñoso y me dedique más tiempo. Ya no se derrite cuando me ve, como antes. Su amor no me llena».

¡Eres lo mejor que me ha pasado!

La persona histriónica tiene actitudes dramáticas e impresionistas, ve intimidad donde no la hay y es muy intensa; si le gustas puede hacerte sentir la persona más especial del mundo.

Al principio, salir con ella es emocionante y mágico, pero del enamoramiento frenético y fuera de control se pasa a la caída libre.

Las relaciones suelen terminar de manera drástica por culpa del síndrome del barril sin fondo: nunca se sienten lo suficiente amadas.

Basta ir a una discoteca de moda para encontrarse con un mundo superficial, donde hombres y mujeres hacen alarde de sus más encantadores atributos.

Ropa de marca, accesorios llamativos, miradas sugerentes ¿Sexo? No necesariamente. Cautivar, seducir, puede ser más excitante que irse a la cama (donde se notan los michelines y las estrías).

La persona histriónica fluctúa entre el: «No soy nada», cuando la desaprueban y «Soy un ser especial», cuando los otros responden con interés a sus intentos de llamar la atención. Al final, con su comportamiento provoca lo que tanto teme: la indiferencia.

• Sus frases: «Mi pareja no debería disfrutar las cosas sin mí». «¿En qué estás pensando, por qué no me lo cuentas?». «Quiero que siempre me tenga en cuenta, que vea por mis ojos, que seamos uno, ¿es mucho pedir si hay amor verdadero?».

• Consejo: Los histriónicos no diferencian entre el amor y el deseo, y evidentemente no son la misma cosa: el apetito por la persona amada es sólo una parte de la experiencia afectiva. Nos enamoramos de quien lleva el cuerpo, no del cuerpo.

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Una idea sobre “Hombre histriónico teatral

  1. Si es verdad, lo he visto en muchas personas, afecto por lo superficial y nada en el corazón… destino: tumba sin satisfacción.
    Buen artículo.

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