Hombre obsesivo compulsivo

Hombre obsesivo compulsivo

Un obsesivo antes de hacer el amor: ¿Has cerrado bien las ventanas? ¿Seguro que los niños están dormidos? ¿Te has lavado los dientes? ¿No te queda mejor el pijama amarillo? Debo ir al baño. ¡Qué tarde se ha hecho! ¿Y si lo dejamos para mañana?

Lucía es muy trabajadora y ordenada, adora los detalles, es exigente consigo misma… y con su pareja. Durante el año que llevan viviendo juntos, el chico ha desarrollado una fuerte frustración.

Nada de lo que hace está bien, su vida se está volviendo aburrida y cada vez tiene menos sexo: ella no puede «perder tiempo» en esas cosas.

Todo te sale mal…

La espontaneidad, la sorpresa y la improvisación suelen ser vistas por el obsesivo como una falta de control. Para evitarlo organiza, establece reglas y sistematiza todo a su paso.

Los abrazos serán «exactos», los besos estarán «bien ejecutados» y la convivencia responderá a un manual «bien especificado».

Se fija más en lo negativo, por eso es propenso a criticar a todo el mundo. Enseguida se convierte en un inspector de hacienda.

Mejor me encargo yo

El perfeccionista excluye irrespetuosamente al otro y le coloca en un segundo plano, lo que va minando la relación. A veces llega a hacerse cargo de todo: pagos, arreglos, decoración de la casa, planificación de viajes, educación de los hijos, alimentación…

A no ser que la pareja opte por convertirse también al perfeccionismo y secundar al otro. Eso sí, es el partido perfecto para la cultura casamentera: serio, responsable y bien colocado. En las sociedades desarrolladas, las personas obsesivas son admiradas por su disciplina, respeto a la autoridad y capacidad de trabajo pero, ¿a qué coste?

• Sus frases: «Mejor lo hago yo, él no sabe». «No soporto el desorden, quiero cada cosa en su sitio». «La gente no controla sus emociones».

• Consejo: Ojo si buscas una pareja que te «rescate» de tus fracasos, te lleve por la buena senda o te ayude a «sentar la cabeza». Con el tiempo, ella será la persona más crítica con tus fallos. La libertad de elección, la espontaneidad y el derecho a cometer errores sin ser sancionados es lo que más se disfruta con una pareja.

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