Los daños psicosomáticos de una relación difícil


Para que una pareja funcione es necesario emplear una gran cantidad de energía, tiempo, pensamientos y comportamientos.

La falta de entendimiento sexual, como he dicho a lo largo del libro, es importante. La traición puede constituir también un golpe muy duro.

Los daños psicosomáticos de una relación difícil

Sin embargo, hay muchas más parejas que sobreviven a estos problemas que las que fracasan debido a ellos. La inmensa mayoría de las separaciones y de los divorcios se producen por otras razones.

¿Cuáles? Hoy día, los psicólogos están convencidos de haber conseguido encontrar una respuesta, al haber identificado, gracias a los nuevos sistemas de investigación científica basados en estudios de laboratorio acerca de datos biológicos más que en interpretaciones de teorías abstractas, tanto los mecanismos que llevan a la deriva de una pareja en una espiral de hostilidades y luchas como la invisible línea de separación que, cuando se supera, implica que la comunicación entre los miembros de una pareja ya no tiene esperanzas de poder reemprenderse.

El conocimiento ha llegado hasta el punto de que, por medio del sencillo estudio de una discusión entre marido y mujer, es posible prever con un 94 % de éxito cuál será el destino de su matrimonio.

John M. Gottman, perteneciente al departamento de Psicología de la Universidad de Washington, es uno de los pioneros de estas nuevas técnicas de investigación y ha estudiado en su consulta a más de dos mil parejas de voluntarios, a los que ha hecho discutir mientras controlaba a la vez una serie de parámetros, como el ritmo cardiaco, la sudoración, la emisión de hormonas, la presión y el ritmo respiratorio.

Por medio de esta novedosa técnica ha descubierto, por ejemplo, que los mensajes más hostiles se dan entre un hombre y una mujer que viven juntos desde hace mucho tiempo, pero que esta comunicación se esconde frecuentemente en gestos, maneras de comportarse y miradas absolutamente imposibles de advertir por un observador externo.

Una frase banal como «has regado hoy las flores», pronunciada con un tono normal de voz, puede esconder viejas tensiones, llevar a un baile vertiginoso el trazado electrocardiográfico de ambos, aumentar el nivel de sudoración y provocar un aumento de adrenalina.
Tal vez basta con un insulto para que el amor, en pocos instantes, se transforme en un proceso destructivo:
• el corazón pasa de 70 a 100 pulsaciones por minuto;
• la presión se eleva;
• el estómago se contrae;
• se comienza a sudar;
• los movimientos se vuelven nerviosos, el cuerpo se paraliza y la mente se nubla.
Cuando esto sucede, la discusión llega a un punto muerto.

Puede crecer la tensión, pero ya no se pueden captar los mensajes del otro ni entender sus razones, ya que se produce una cerrazón que hace imposible la comunicación.

Si estas reacciones aparecen cada día, con ritmos cada vez más apremiantes, ambos corren el riesgo de enfermar gravemente.

En un primer momento se observan trastornos de ansiedad con posibles ataques de pánico, acompañados de cambios de humor.

Después, si estos se descuidan, aparecerán en unos pocos meses unos trastornos psicosomáticos que descompensarán la fisiología del organismo y podrán desencadenar patologías, incluso de carácter grave e irreversible.

Si analizamos, sobre todo, la forma de estos conflictos, podemos entender, según estos estudios, que una pareja esté destinada a durar más o menos.

Los resultados de la investigación nos reservan no pocas sorpresas. A diferencia de lo que se ha dicho siempre, no es cierto, por ejemplo, que las parejas que discuten más sean las que tienen un mayor riesgo de divorciarse.

Pero tampoco es cierta la afirmación contraria, es decir, que una pareja formada por dos individuos que no afrontan nunca los problemas que hay entre ellos y que obvian cualquier conflicto esté condenada a dejar su relación.

Más aún, la solución de los conflictos es, frecuentemente, sólo una de las opciones posibles. Hay parejas que viven felizmente juntas desde hace 40 años y repiten periódicamente las mismas discusiones: ella le acusa de algo, mientras él se acaba encerrando en sí mismo.

Es cierto que la forma de discutir es importante, pero lo es desde otros puntos de vista. Es clave, por ejemplo, afirma Gottman, que en conjunto, los momentos de tensión se vean equilibrados por un mayor número de situaciones de afecto, de gratificaciones, de felicitaciones y de apoyo recíproco.

Resulta importante evitar en los conflictos una escalada que lleve a desencadenar el fenómeno que conduce a una reacción psicológica y biológica que inunda el organismo y hace imposible cualquier clase de comunicación en la relación de pareja.

Para la supervivencia y la de la pareja, es absolutamente necesario evitar: ser hipercríticos con el compañero/a, caer en la trampa del victimismo, despreciar los comportamientos del compañero/a crear excesivos silencios en la comunicación.

 

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