Los maridos en crisis y las mujeres desorientadas

Cuando por fin llega el momento de disfrutar de la estabilidad que proporciona la madurez y lo cosechado durante tantos años, tu marido se empeña en poner vuestra vida patas arriba comportándose como si fuera casi un adolescente. Es una situación bastante común, pero tú puedes contribuir a que supere esa crisis.

Los maridos en crisis y las mujeres desorientadas

Casi al mismo tiempo en que alcanzan la tan deseada estabilidad laboral, económica y familiar, algunos hombres se sumergen en «la crisis de la madurez», que se caracteriza por la interminable retahila de «ojalas»: «ojalá hubiera hecho esto» u «ojalá no hubiera hecho aquello otro», cayendo en un cuestionamiento continuo del camino recorrido y una irrefrenable, y vana, búsqueda del tiempo perdido.

¿Es la crisis de los 40?

Aunque ya no es tan frecuente vincularlo a esa cifra, algunos hombres pasan por la crisis de la mediana edad a los 40, otros lo hacen a los 50 e incluso hay quien la pasa con más de 60. Ya sea por la presión de cumplir una cifra redonda, por la jubilación, por la independencia de lo hijos o porque un día un joven le llamó «señor» por la calle, cualquier detalle significativo puede ser el detonante para detenerse a hacer un análisis de su vida, de los logros obtenidos y de los objetivos previstos.

O tal vez el hombre se siente atrapado por las responsabilidades profesionales y familiares, frustrado por no haber hecho realidad algunos sueños o está preocupado por el futuro o por su salud porque empieza a tener cada vez más evidencias de que la juventud se aleja: salen canas, arrugas, una prominencia destacable en su abdomen, ya no se entrega igual jugando al fútbol, ni tan siquiera «en la cama».

Algunos hombres asumen los cambios sin mayor dramatismo, otros caen en trastornos depresivos y hay quienes se lanzan a recuperar esa juventud perdida.

La segunda adolescencia

¿Tu marido salió una mañana a trabajar vestido con su formal traje gris y regresó como un juerguista perpetuo?; ¿está pensando continuamente en teñirse el pelo o en disimular como sea su incipiente calva?; ¿de pronto se ha desvanecido su afición por las salas de cine e insiste en hacer escapaditas a alguna discoteca de moda?; ¿considera aburridas las cenas con los amigos de siempre y prefiere irse de juerga con sus nuevos compañeros del gimnasio?; ¿coquetea sin pudor y con demasiado atrevimiento con jovencitas a las que les lleva dos décadas? Si se dan varias de las situaciones anteriores, su comportamiento corresponde efectivamente más a un jovenzuelo que al de un hombre maduro. Precisamente una de las características de los varones que están inmersos en la crisis de la mediana edad es la adopción de actitudes más propias de la adolescencia.

Puede que la crisis no tenga más consecuencias que pagar una cuota al gimnasio o alguna que otra resaca, pero algunos hombres acaban creyendo que pueden engañar al tiempo saliendo con mujeres más jóvenes, dejando el trabajo, rompiendo con sus amistades o abandonando a su familia.

«Y yo…¿Qué hago?

Esta es la pregunta que se plantean la mayoría de las mujeres ante el desconcertante comportamiento de su marido. Y es que es fácil sentirse poco valorada cuando tu pareja hace escapadas inesperadas o reconoce que prefiere salir con sus amigos a ir contigo y con los niños al cine.

Es lógico que se resquebrajen algunos pilares de tu existencia: tú luchas por avanzar hacia adelante con vuestros proyectos en común y él, en cambio, prefiere desandar el camino.

No es fácil mantener la calma cuando te confiesa sentirse frustrado por todo lo que habéis logrado juntos. Pues precisamente se trata de eso, de no dejar que los nervios te traicionen. Hay algunas ideas que pueden serte útiles para reconducir la situación:
No aparezcas a sus ojos como una sabelotodo moralista dándole constantemente consejos o reprimendas. Busca situaciones como ver fotografías o vídeos domésticos y ayúdale a valorar los años que habéis vivido y compartido juntos.

Acompáñale en alguna de sus iniciativas (como ir al gimnasio o salir de excursión en moto) para que se dé cuenta de que divertirse no es incompatible con una vida de pareja.

Cuida tu autoestima, no permitas que su crisis altere tu confianza. Resalta los logros que ambos habéis conseguido hasta el momento. Anímale a realizar algunos de esos sueños que se quedaron en el tintero, como estudiar, viajar, escribir un libro, aprender un idioma…

Manten alto el sentido el humor. Siempre es una estupenda vía de escape. Y si se pasa de la raya, buscad ayuda profesional o incluso invítale a imaginarse sus días sin su mujer y sus hijos, una vida que, quizá de forma inconsciente, está poniendo en juego.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.