Los secretos de una buena relación

No existe un modelo de comportamiento que pueda asumirse como una fórmula infalible para vivir con serenidad y realizarse en el seno de una pareja.

Cada individuo posee unas características personales propias, y la combinación entre dos personas puede ser, pues, compleja y muy variada. ¿Cuántas pretensiones y cuáles pueden consentirse en el interior de una pareja? ¿Se puede ser feliz, o los compromisos para seguir unidos son tales que estamos destinados a condicionarnos mutuamente y, por tanto, a oprimirnos?

Los secretos de una buena relación

Atención a la pretensión número uno. Para cualquier individuo que viva en pareja, esta sólo puede ser realizarse y vivir con serenidad. Con ello entendemos que una unión puede exigir sacrificios y compromisos, pero nunca debe oprimirnos. En caso contrario, la pareja puede seguir unida, pero ello no quiere decir que funcione.

La forma de percibirse dentro de una pareja es diferente según el sexo del individuo. Tomar conciencia de los propios temores y los de nuestro compañero puede ser ya un buen punto de partida para vivir la relación de pareja de una forma más sincera y menos tensa.

Los temores más extendidos entre los hombres son los siguientes:

• perder la libertad;
• sentirse atados por un vínculo y no ser libres para pensar ni actuar;
• respetar unos horarios;
• no poder hacer apreciaciones sobre otras mujeres que no sean la propia y no poder bromear con los amigos sobre este tema;
• perder la privacidad;
• tener que cambiar las relaciones con la familia y, en particular, con la madre;
• haber de cambiar la relación con los amigos;
• tener que responsabilizarse del aspecto económico;
• ocuparse de los aspectos prácticos y participar activamente en las tareas domésticas;
• no poder tener secretos;
• renunciar a ser vanidoso;
• no ser libre de decidir riesgos personales;
• tener que afrontar la monotonía y renunciar a la novedad;
• sentirse poco preparado;
• perder la autonomía;
• controlarse;
• sufrir la prepotencia femenina;
• no conseguir controlar la agresividad de la compañera;
• sentirse siempre juzgado y nunca aprobado;
• sentirse inhibido a la hora de expresarse sexualmente;
• aburrirse con la fidelidad.

Los temores más generales de las mujeres son los siguientes:

• dudar si se ha elegido el hombre adecuado;
• ser traicionada;
• cerrarse en una situación;
• perder la fascinación seductora;
• tener que modificar y/o renunciar a la propia carrera profesional por temor a ser absorbida por los compromisos familiares;
• perder la autonomía;
• no conseguir establecer la igualdad en la pareja;
• no lograr la definición de los roles y las obligaciones, de forma que no sea explotada,
• perder la libertad de estar sola;
• ceder ante un hombre equivocado;
• no poder confiarse a su propio marido;
• no conseguir hacerse entender;
• tener pocas experiencias comunes;
• no ser aprobada;
• ser comparada con la suegra y no salir bien parada;
• sentirse inhibida en la expresión sexual;
• sentirse burlada al expresar su ternura;
• no ser correspondida en el intercambio de afecto;
• no conseguir comunicarse de una forma clara;
• no lograr que se discutan todos los argumentos que se consideran importantes;
• no comprender los gestos del compañero;
• no obtener respeto por parte de la pareja;
• tener que someterse a un excesivo autoritarismo;
• no sentirse indispensable y única para el otro.

Para hacer frente a las dificultades que pueden surgir en la vida de pareja es fundamental, desde los primeros momentos, tener en consideración algunas reglas básicas, de forma que se eviten ilusiones inútiles o la frenética búsqueda de lo imposible:

1. El noviazgo es un momento agradable en el que uno es especial. Hay que tomar conciencia de que el noviazgo es un estado de gracia. Tiene una duración limitada y, si bien no es posible vivir de forma cotidiana así y por este motivo posee un carácter temporal, no necesariamente ha de desaparecer de forma absoluta.

Es evidente que la chispa del amor salta y de aquí nace una relación duradera, pero los dos amantes deben llegar mucho más lejos desde esta especial situación inicial. Tampoco se ha de pensar que nos estamos engañando con las ternuras y atenciones experimentadas durante el noviazgo. Ambos compañeros, de hecho, pueden cortejarse cuando el amor está consolidado, pero difícilmente esta será una situación habitual.

2. No existe el hombre/la mujer ideal sin defectos. El/la compañero/a ideal es sólo una invención romántica, pero existe en el mundo una abundante reserva de individuos bien equilibrados y con los que merece la pena compartir la vida, aunque esta elección implique tener que aceptar también sus aspectos menos brillantes.

3. Una fascinación excesiva puede deslumhrar. No se ha de confundir el entusiasmo que despierta una persona fascinante con el amor. Más allá del deseo; ha de darse el interés por establecer una relación clara y sincera; para hacernos una idea de esto, nos ayudaremos de un lugar común: «no es oro todo lo que reluce».

4. No es justo pretender conquistar la confianza en nosotros mismos a través del otro. Esto puede pesar de forma excesiva a la otra persona, a la que se le pide que haga de héroe. Por ello, puede agotarse y arriesgarse a desilusionar al otro, con lo que así se crea un círculo vicioso del que puede resultar imposible salir.

5. Es inútil intentar cambiar a la pareja para modificar los aspectos que no nos gustan. La vida en común ha de desarrollarse, evolucionar y afirmarse como la máxima expresión de ambos. Enrocarse en torno a una serie de esquemas prefijados con la pretensión de entrar en ellos, o peor todavía, de hacer entrar a la pareja en ellos nos lleva a un gasto inútil de energía.

6. El resentimiento es nocivo. Nunca se consigue nada de los comportamientos dictados por la rabia y la hostilidad. Aunque haya motivos para no aprobar el comportamiento del otro, es inútil responder con resentimiento. Es bastante más provechoso intentar una aclaración y un acuerdo.

7. No hay que exagerar las expectativas. Estas pueden sofocar la espontaneidad y la vitalidad de la pareja, y se corre el riesgo de llegar a un punto en el que se tiende a criticar todo.

8. Para la mujer, crecer significa abandonar la figura paterna. Normalmente, en los primeros años de vida de una mujer, existe una afinidad natural entre padre y hija, gracias a la cual el progenitor ejerce espontáneamente una protección y evita cualquier situación difícil para ella. Así, la hija crece bajo el escudo de la dulzura y la pasividad, ilusionada por el hombre que puede hacerlo todo y, al mismo tiempo, es incapaz de ser parte activa en los acontecimientos que vive. Mientras, el padre se siente indispensable, cada vez más fuerte y protector, y profundiza en este misterioso vínculo existente entre ambos. Cuando la muchacha se convierte en una mujer, sigue utilizando estos modelos de comportamiento para obtener una reacción cálida de los hombres. A estos les puede agradar inicialmente esta conducta, ya que se sentirán dueños de la situación pero, a la larga, la relación de pareja corre el riesgo de hacerse antinatural: para el hombre, demasiado pesada, y para la mujer, desilusionante, porque ¡ningún hombre será como papa!».

9. Para el hombre crecer significa superar a la madre omnipotente. Desde los primeros momentos de su existencia, los hombres dependen de su madre. Esta satisface todas las necesidades del hijo: lo alimenta, lo cuida, lo reconforta y es sensible a cualquiera de sus cambios de humor. Así, en las situaciones en que el niño necesita ayuda, recurre a su madre, que tiene, pues, un papel poderoso y central en la vida de su hijo. Los sentimientos de unión y de dependencia, inicialmente agradables, provocan, si no se superan, el nacimiento de un sentimiento de debilidad y poca autonomía, que comprometa el desarrollo de una vida feliz de pareja.

10. La tensión romántica mantiene viva la relación. No se ha de pretender nunca que la unión creada olvide sus mejores momentos. No ha de perderse la dulzura, las atenciones, el cuidado por uno mismo, la fascinación y el romanticismo. Es necesario mantener vivo el interés del otro miembro de la pareja y evitar dejarse absorber por la rutina de lo cotidiano.

11. Los hombres están dispuestos a ligarse. Es un lugar común afirmar que los hombres huyen de todos los vínculos y que no están dispuestos fácilmente a renunciar a su propia libertad. Esto no es cierto, sino que únicamente se trata de un lugar común que no responde a la realidad de la vida práctica. Con frecuencia, es precisamente la petición explícita de una decisión seria y perdurable lo que favorece la consolidación de la relación de pareja.

12. Las mujeres y los hombres son responsables de sus experiencias. Es inútil caer en cualquier clase de victimismo y pensar que alguien es desgraciado si no consigue encontrar un alma gemela. Una persona ha de ser consciente y capaz de poder forjar su propio destino; por tanto, sólo si tiene bien claro lo que quiere, puede lograr sus metas; debe estar dispuesto a aceptar los compromisos libremente, con la conciencia de que son fundamentales para la relación, y no únicamente como muestra de sumisión.

 

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