Matrimonio sin sexo: Cuando no hay deseo

Tener relaciones íntimas sanas y satisfactorias es una de las claves para que las parejas duren muchos años. Sin embargo, cada vez más matrimonios deciden seguir bajo el mismo techo sin apenas tocarse.

Matrimonio sin sexo: Cuando no hay deseo

Bajo los focos, Ana y Pedro interpretan a la perfección su papel de pareja modélica: bien avenida, se quieren, se llevan bien, se hacen compañía…

Pero cuando las luces se apagan en la intimidad del dormitorio cada uno se da la vuelta y se baja el telón de su matrimonio. Como ellos, muchas parejas que llevan años compartiendo techo se refugian en una cordial abstinencia.

Posiblemente ni Ana ni Pedro se quejan ni se enfadan por la situación. Es más, seguramente nunca han hablado del tema. Y es que dejar de tener relaciones sexuales no ha sido una decisión pactada, y ni tan solo discutida. Simplemente un día «lo dejaron» y ninguno de los dos volvió a intentar un acercamiento.

Ellas no se gustan y ellos añoran el pasado

Cada situación es un mundo, pero muchas veces las causas que llevan a esa realidad tienen muchísimo que ver con la falta de pasión. Hombres y mujeres llegan a ella por diferentes caminos:
A las mujeres nos afecta especialmente que «él» no se cuide o que el paso de los años se haya instalado en forma de volumen en nuestras caderas o vientre, o como falta de turgencia en pechos y glúteos.

Ese afán por la belleza tan femenino puede ser perjudicial para algunas mujeres que van retirándose —quizá de forma no consciente—de la vida sexual activa.

Pero, ¿por qué negarle al cuerpo su derecho al placer? Para ellos, sobrepasar los 45 implica una disminución de la testosterona con efectos como erecciones más lentas y menos vigorosas.

Acostumbrados a un modelo de relación sexual de juventud, se aferran a la intención de que sus encuentros sexuales sean iguales ahora que a los 20 años.

Esta utopía es fuente constante de fracasos, frustraciones, baja autoestima, evitación y, finalmente, abstinencia. Crece el miedo a no cumplir (quizá porque ya les haya ocurrido) y algunos hombres prefieren tirar la toalla en el terreno sexual.

Ante esta renuncia voluntaria, la mayoría de mujeres guardan silencio, como lo hicieron antes frente a una posible insatisfacción sexual, aunque muchas siguen manteniendo viva la llama del deseo.

Seguridad mal entendida

Para evitar ese desenlace, las parejas estables y consolidadas que llevan años juntas tienen que combatir dos peligrosos y silenciosos enemigos: La rutina.

Tener una relación de pareja estable facilita el sexo, pero no es beneficioso para el deseo porque todo lo que resulta fácil pierde parte de su interés.

La monotonía implica esta falta de estímulo y de novedad, y el sexo requiere precisamente justo lo contrario. Las parejas que llevan muchos años juntas suelen tener unos encuentros sexuales más pausados, previsibles y pautados que, por eso mismo, corren el riesgo de convertirse en aburridos y desapasionados, e incluso a veces muy desganados.

Algunas parejas se imponen la obligación de practicar sexo unos días concretos a la semana, convirtiendo este acto de amor en una obligación. Los problemas de pareja, que muchas veces se llevan a la cama.

Y no son buenos compañeros de almohada. Problemas de comunicación, desconfianza, falta de afecto, antiguos rencores, distanciamiento, peleas, luchas de poder…

Si la relación de pareja lleva tiempo deteriorada y no se pone remedio, lógicamente el deseo acaba desapareciendo.

No hay que olvidar que una pareja que deja de tener relaciones sexuales puede recrear una convivencia cordial e incluso afectiva, pero se están debilitando los lazos (cariño, contacto…) que hacen que la estructura se tambalee.

Durante el encuentro íntimo nos despojamos de prejuicios y aceptamos una entrega muy beneficiosa para la convivencia.

¿Es un final definitivo?

Nada lo es, si le ponéis remedio. Es posible que vuestra relación esté pasando por un periodo transitorio de desinterés sexual.

Pero si eso se alarga en el tiempo es recomendable consultar con un especialista que os ayude a recuperar la pasión. Y piensa que cuanto más tiempo pase, más costará caldear el ambiente.

Usa la comunicación: Vuestra obligación con vosotros mismos y con el otro es manifestar los deseos y necesidades. Una buena manera de empezar es explicarse mutuamente ilusiones, fantasías, deseos, miedos…

Crea momentos especiales y únicos. ¿Cómo recuperarlas ganas de estar juntos si no buscáis momentos de intimidad? Dedicaos más tiempo en común y compartid momentos agradables como un paseo, una cena, un concierto, una excursión o una escapada de fin de semana a un lugar tranquilo.

Ten iniciativa: Estimula el deseo ambientando el entorno: prepara un lugar agradable, relajante, sin prisas ni tensiones, pon música envolvente, enciende velas, distribuye pétalos, rodea la escena con aromas de sándalo y almizcle… Compra aceites para masajes y probad a relajaros mutuamente.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.