Mi madre viene a vivir con nosotros

Las situaciones que pueden llevar a uno de vuestros padres a vivir con vosotros son muchas. De todos depende que esa convivencia no afecte a la pareja.

Mi madre viene a vivir con nosotros

Cuando eres joven y te independizas, adquieres tu vivienda y fundas tu familia, piensas que nunca vas a volver a convivir con tus padres.

Hasta que un día llaman a tu puerta. Un accidente o enfermedad que le impide vivir solo, una separación, enviudar, dificultades económicas… Son muchas las circunstancias que pueden llevarte a alojar a tu padre o a tu madre en casa.

Ya sea temporal o por tiempo indeterminado, se trata de adaptarse a una estructura familiar que antes era muy común, pero que hoy nos coge desprevenidos.

Y es que hasta hace poco tiempo casi todo el mundo había vivido con sus abuelos, mientras que actualmente solo en el 10% de los hogares españoles conviven personas de tres o más generaciones, según datos del Instituto Nacional de Estadística.

El impacto en la pareja

La presencia de una nueva persona en casa (ya sea tu padre, tu madre o alguno de tus suegros) afecta irremediablemente a la vida familiar.

Hay que acondicionar habitaciones, es alguien más ocupando el baño, mirando la televisión… Además, se trata de una persona nueva con su carácter, sus defectos y sus manías que han de encajar con la personalidad del resto de los miembros de la casa.

Y a veces todo eso no funciona, saltan chispas y se producen conflictos. No hay que olvidar tampoco que las mujeres, que ya van sobresaturadas de trabajo, suelen ser las que asumen las tareas cuidadoras si la persona mayor requiere de atención. En definitiva, un caldo de cultivo que puede ocasionar conflictos en el seno de la pareja.

El 70% de los matrimonios ven perjudicada su relación. Así lo pone de manifiesto el estudio “El apoyo a los cuidadores de familiares mayores dependientes en el hogar”, premiado por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.

En el 50% de los casos también se ve afectada la relación con los hijos.

Apenas hay tiempo para dedicárselo al compañero. Si en una vida estresante ya es difícil encontrar un momento para la pareja, la presencia de una tercera persona puede robar aún más tiempo a la relación generando tensiones.

Se generan discusiones propiciadas por la nueva situación. No es extraño que salgas en defensa de tu progenitor o al revés, que tu pareja defienda al suyo si recibe críticas en casa.

Y todo ello crea un nuevo foco de discusiones.

La importancia de mantener “espacios propios”. Para limar tensiones y cuidar la relación de pareja, conviene reservar momentos a lo largo del día para compartir actividades con tu compañero y hablar de las situaciones que os llegan a molestar.

Trabajando la convivencia

Que la nueva situación funcione depende de todos los que estáis en casa y debéis ser conscientes que, como pareja, tendréis que hacer un esfuerzo, sobre todo al principio, para adaptaros.

Sin embargo, si tanto vosotros como la otra persona tenéis en cuenta estas pautas, la convivencia puede ser armoniosa:
El recién llegado debe opinar sobre las decisiones que le afectan. No por el hecho de estar en vuestra casa debe sentirse anulado.

Tampoco se le deben imponer horarios, siempre que las formas de funcionar sean compatibles. Animadle a que haga amigos y actividades en su nuevo barrio.

La persona mayor no debe intervenir en las discusiones entre la pareja. Tampoco tiene que sermonear ni dar consejos a los hijos sin que se lo pidan.

Fomentad la comunicación entre todos los habitantes de la casa para clarificar los roles y necesidades de todos.
Beneficios para ambas partes.

Que tu padre o tu madre se instale en casa no solo es una ayuda, por ejemplo, para cuidar a los nietos, sino que puede ser enriquecedor. Por eso es bueno buscar la complicidad entre generaciones, explicar anécdotas, sacar fotografías…

Me voy a casa de mi hija

• Las cifras cantan. Según un estudio del IMSERSO, aunque el 59% de los españoles cree que tanto hombres como mujeres pueden cuidar de una persona mayor, cuando se les pregunta quiénes quieren que les ayude a ellos en la vejez, la mayoría prefiere que sea una hija.
• La nuera, el último recurso. Solo en el caso de que no haya ninguna hija disponible, recurren a sus hijos varones. Eso sí, el hombre no suele estar solo a la hora de atender a sus padres, sino que la mayoría cuenta con la ayuda y el apoyo de su esposa, y muchas veces delega todo el cuidado en ella.

 

Una idea sobre “Mi madre viene a vivir con nosotros

  1. Todo bien si tus padres o suegros están buen de salud, fundamebtalmente de la cabeza. Cuando ya tienen problemas de depresión, ansiedad o algún trastorno psiquiátrico, se complica y mucho. Más aún, si no cuentas con los medios para que tengan su propio espacio y que no puedas descuidarte un segundo.

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