Mi novio tiene una doble vida

Ha pasado un tiempo, pero siento que esta es una historia que ya me ha marcado para siempre. Me presentaron a Álvaro en una fiesta de cumpleaños hace yá dos años. Sin embargo, él ya se había fijado en mí muchos meses antes. Eso fue lo que me dijo cuando intercambiamos nuestras primeras palabras.

Mi novio tiene una doble vida

El colegio de mi hijo estaba cerca del instituto de su hija y, al parecer, me había visto en varias ocasiones. La gran diferencia de edad que nos separaba (nos llevamos 18 años) no fue impedimento para querer conocernos mejor.

Y es que la química entre nosotros era más que evidente. Estuvimos quedando durante un par de meses y, después de ese verano, empezamos a salir formalmente. Llegó a decirme que yo era la persona más especial que había conocido. Me enamoré

como nunca antes lo había hecho y todo aparentaba que era correspondida. Álvaro me comentó que se había divorciado hacía un año y que mantenía una relación cercana con su ex mujer, ya que compartían la custodia de su hija. Cuando le tocaba quedarse con la niña, nos veíamos menos, algo que yo comprendía a la perfección.

Ruptura inesperada

De repente, un día me dejó sin darme demasiadas explicaciones. No esperaba que alguien con quien estaba tan bien cortase conmigo sin ninguna razón y, tras asimilar su decisión, pensé que su ex tendría algo que ver. Se lo pregunté directamente: “¿Vas a volver con ella?”.

Me dijo que no, pero que no podía continuar construyendo un proyecto conmigo porque estaba hecho un lío. Intenté pasar página, aunque la verdad es que me encontraba en estado de shock porque era todo muy raro. No había transcurrido ni una semana cuando me llamó para pedirme perdón y decirme que me echaba mucho de menos.

Yo estaba tan colada por él que opté por olvidar este pequeño bache y seguir adelante con la relación. La diferencia con respecto a los meses anteriores fue que me dijo que no quería formalizar nada, que prefería ir más despacio, pero la realidad era que actuábamos como una pareja corriente.

Ahora lo recuerdo y me doy cuenta de que tenía una venda en los ojos, pero cuando una está ilusionada con una persona no cae en ciertos detalles y banaliza algunas situaciones, como la que ocurrió antes de Navidad. Casi todas las mañanas quedábamos para desayunar, tras dejar a nuestros hijos en sus respectivos colegios. Uno de los días, en la cafetería, recibió un whatsapp de su ex que decía: “Vale, cariño”.

El móvil estaba sobre la mesa y la notificación la vimos los dos. Nos quedamos callados y me invadió una mezcla de decepción y rabia. ¿Cómo era posible que su antigua pareja le tratase con tanto afecto? Me fui con lágrimas en los ojos y muchas ganas de dejarle. Pero me resultaba imposible desvincularme de él.

Le había idealizado y, además, él era muy persistente: me estuvo llamando y escribiendo para decirme que me quería y que ese whatsapp no era más que la forma de hablar de su ex. Me convenció y acepté que continuáramos juntos.

La cruda realidad

Un fin de semana quedé con mis amigas. Dejé a mi hijo con mi madre y programé un par de días para desconectar de la rutina. Nos fuimos a una fiesta en casa de unos amigos y, una vez allí, coincidí con el chico que me había presentado a Álvaro meses atrás. Nos pusimos al día y, con toda la naturalidad, le conté lo bien que estaba con él y le di las gracias por habernos introducido.

Se quedó muy serio y pronunció unas palabras que todavía hoy me duele recordar: “Andrea, Álvaro está casado con Helena desde hace 6 años. No viven juntos desde hace uno, que se separaron, pero no se han divorciado y, desde entonces, lo están intentando una y otra vez. De hecho, pasé la Navidad con ellos”. Me puse supernerviosa. Le llamé para decirle que sabía todo, que lo nuestro se había acabado definitivamente y que iba a contactar yo misma con Helena. Álvaro comenzó a llorar y me dijo que hablaría él con su mujer. ¡Su mujer!

Por fin confesó

Su modo de actuar fue de lo más curioso (y cobarde): nos escribió un e-mail a las dos, en el que relataba la historia al completo y nos decía que estaba enamorado de ambas. Pedía que empezáramos todos de cero (¡hipócrita!). Aluciné, porque la única razón por la que confesaba era por miedo a que yo le contase a su mujer lo nuestro. Yo contesté, con Helena en copia, para que se enterase bien de lo que su (todavía) marido había estado haciendo conmigo.

Ella nunca se manifestó y no he vuelto a saber nada de él. Estuve fatal durante muchos meses y aún me parece increíble que algo así me pasara. Pero viendo todo con perspectiva, y con ayuda de un profesional, he aprendido algo: si vuelve a aparecer alguien en mi vida que es inestable y me genera inseguridad, mejor dejarle ir. El amor tiene que aportarte equilibrio y felicidad. Y si tu pareja duda a la hora de comprometerse contigo, está claro que es una señal para gritar bien alto: ¡Que pase el siguiente!.

¡Que no te engañen!

Si quieres blindarte contra las mentiras y estar preparada para reaccionar, sigue estas pautas.

Fíjate en las señales «Cualquier cambio de conducta de tu pareja indica que ha modificado sus expectativas con respecto a la relación», explica la psicóloga Marta Salazar. Si pone distancia física o evita hablar del futuro, desconfía.

Actúa con rapidez: Ante cualquier sospecha, Marta Salazar recomienda «expresar cómo te hace sentir la situación de duda y no tomar decisiones precipitadas: luego puedes arrepentirte y perderías credibilidad en la relación. Y si tiene una doble vida, sal de ahí cuanto antes.

 

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