Mi pareja tiene cáncer

Saber que tu pareja tiene una enfermedad es un duro golpe para ambos, pero hay formas de hacerle frente y salir reforzados.

Ante el mazazo que supone un diagnóstico de cáncer, la pareja se convierte en la principal fuente de apoyo para el enfermo.

El problema es que la persona que convive con el afectado también tiene miedo y se siente desorientada. Una enfermedad así interrumpe radicalmente la vida de pareja.

Se alteran rutinas, cambian los roles y las actitudes, hay más enfados y cansancio, surgen nuevos problemas (puede que sean económicos o de atención), no se pueden hacer las mismas cosas que antes…

Mi pareja tiene cáncer

Y es que, aunque no está demostrado que el cáncer incremente los divorcios, los psicólogos sí que aseguran que pone a prueba la solidez de las relaciones. Sin embargo, si se superan los obstáculos la relación sale reforzada. El secreto está en afrontarlo con la actitud adecuada.

No hacerse el fuerte

La pareja de un enfermo de cáncer suele padecer un importante desgaste físico y emocional. A la fatiga o la tristeza se le añaden trastornos como el insomnio, la ansiedad, dolores musculares, así como sentimientos de impotencia y culpa por no poder ayudar a su cónyuge y por el mismo hecho de sentirse mal.

Incluso muchas personas tienden a hacerse las fuertes y no demuestran su pena y malestar, lo cual agrava la angustia porque no exteriorizan sus sentimientos y se lo quedan todo dentro. Hay que aceptar que es normal pasar por momentos de enojo, desconcierto o miedo. Asumir las propias necesidades e inquietudes es el primer paso para ayudar a la pareja.

La importancia de la comunicación

Con frecuencia, el diagnóstico abre una brecha en la comunicación donde un sinfín de supuestos, malentendidos, secretos, silencios y emociones reprimidas pueden levantar un abismo entre vosotros. Aunque la intención sea no preocupar a la otra persona, asumir lo que el otro siente, piensa o necesita suele provocar situaciones angustiosas.

Por ejemplo, muchas veces no se habla de la enfermedad ni se expresan en voz alta temores para no inquietar al afectado, provocando todo lo contrario.

Piensa que entonces él tiene que vivir pendiente de gestos, actitudes y comentarios para adivinar o suponer lo que sientes, y eso puede aumentar su sensación de inquietud o incluso de soledad. Para evitar malentendidos y también como forma de desahogo es preciso hablar de necesidades, emociones y preocupaciones. Y comunicarse no significa solo hablar: podemos expresarnos con gestos, caricias, abrazos o estando simplemente a su lado.

Un trabajo en equipo

Para ayudar con éxito a la pareja es importante convencerse de que los dos pasáis (juntos) por esta situación: ambos sentís emociones e inquietudes similares y lucháis para ganar la batalla. Partiendo de esta premisa, la mejor salida es unir fuerzas.

Puede ser muy reconfortante afrontar juntos la enfermedad compartiendo vuestras dudas, tomando decisiones y acudiendo juntos a pruebas. Si la pareja está unida y existe apoyo y solidaridad, la enfermedad es una carga compartida y, portante, más ligera.

Cuidarse para cuidar

El cuidador más eficaz es aquel que cuida de sí mismo. Es importante recordar esta premisa para evitar sentirte egoísta o culpable. Es básico atender a las propias necesidades, buscar momentos para relajarse, hacer actividades fuera de casa para distraer la atención, cuidar la salud y la alimentación, dormir suficiente y no aislarse socialmente. Y antes de sucumbir al estrés, es mejor pedir la colaboración a familiares o amigos.

Comprenderse mutuamente

Existen algunos comportamientos que pueden contribuir al bienestar de los dos miembros de la pareja. Pide lo que necesites porque tu compañero no puede adivinarlo.

Buscad espacios y tiempo para compartir momentos cotidianos e íntimos. No le presiones para que tenga una actitud animada y positiva y respeta su ritmo a la hora de asumir la enfermedad. Tú sí puedes tener una actitud positiva para darle aliento y ayudarle a reconocer las cosas buenas que le suceden, pero siempre sin distorsionar la realidad. Respeta su silencio pero muéstrate disponible para cuando quiera hablar.

Déjale llorar y expresar sus miedos y su ira, es una forma sana de desahogo. Evita frases hechas como: «tienes que ser fuerte» o «hay gente que está peor». Consulta a los profesionales médicos ante cualquier duda. También existen recursos y guías que pueden ayudarte.
Grupos de apoyo: un gran alivio

Se dice que en las salas de espera del oncólogo se explican más intimidades a desconocidos de las que se cuentan a la familia. Y es que a menudo cuesta compartir la tristeza y el miedo con personas cercanas a las que no se quiere cargar con más peso la propia mochila de inquietud que ya soportan. Por eso, los grupos de apoyo se presentan como un recurso beneficioso para las parejas de pacientes de cáncer.

Compartir experiencias y sentimientos con personas que tienen problemas semejantes puede ser reconfortante: sentirse comprendidos, mejorar el estado de ánimo, mitigar la soledad… Existen grupos de apoyo genéricos y otros más específicos: de parejas, de hijos, de padres, por tipos de enfermedad.

 

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