Necesidades femeninas y masculinas

Unos investigadores de la Universidad de Nuevo México han descubierto que, cuando la mujer se encuentra en un periodo fértil, su compañero es más solícito y amable.

¿Sensibilidad por su estado? ¿Qué importancia tiene si se trata de una táctica para alejar a los posibles rivales? Ya se ha convertido en una especie de lugar común que, cuando un hombre colma a la mujer de cariño o la felicita por algo, siempre esconde una segunda finalidad: el sexo.

Un desagradable malentendido, según los hombres, o una verdad sacrosanta, si escuchamos a las mujeres. Sin embargo, esta investigación ha puesto fin a estos tópicos. El hombre no se mueve sólo por los bajos instintos cuando es amable, sino que existe otro motivo subyacente que contribuye a que aumenten sus muestras de afecto: el control de los deseos de transgresión de su pareja.

Necesidades femeninas y masculinas

Esta teoría está sostenida por los psicólogos S. Gangestad, Inornill y C. Carver de la Universidad de Nuevo México. En un artículo aparecido en Proceedings ofthe Royal Society: Biologial Sciences estos psicólogos han publicado los resultados de una investigación sobre los «mimos» masculinos. El sexo fuerte se comportaría naturalmente de forma más atenta, gentil y galante con su compañera cuando, de alguna forma, intuye que podría ser atraída por otros hombres.

El punto de partida del estudio es un descubrimiento realizado en una investigación anterior: durante el periodo de ovulación (cuando la fertilidad alcanza su nivel más alto), las mujeres cambian sus preferencias estéticas respecto a su pareja y privilegian generalmente que tenga más delicadas y seguras las facciones del rostro, la expresión y las formas.

Durante el periodo fecundo, sin embargo, parece prevalecer el instinto y se sienten atraídas por hombres de aspecto más viril y de temperamento más dominante. Además, parece que en las mujeres, estos periodos están más asociados a fantasías sexuales con compañeros de lecho distintos al marido o al novio; en definitiva, estarían más dispuesta a tener una aventura.

Sobre estas premisas, los investigadores estadounidenses han querido realizar una comprobación y considerar si el hombre, en este momento del «replanteamiento» de la mujer, pone en práctica alguna contramedida. Para aclarar el problema, se eligieron a 51 mujeres con una edad media de 20 años. A cada participante se le pidió que rellenara un cuestionario en el que se les proponía una primera serie de preguntas sobre las costumbres, comportamientos, etc.

A continuación, se les solicitaba un tipo de información más personal, como las preferencias sexuales, los sentimientos sobre el tema y las fantasías eróticas. Posteriormente, se les entregó también un segundo cuestionario para valorar el comportamiento del compañero durante los dos días precedentes a los de carácter fecundo.

El objetivo de esta segunda batería de preguntas era comprobar si la pareja se mostraba gentil y cariñosa durante estos días, para intentar determinar con mayor precisión si había acentuado los comportamientos de control, como llamar por teléfono de manera inesperada, monopolizar su compañía y pasar más tiempo del acostumbrado con ella, o si había sido más delicado, por ejemplo, si realizaba algún regalo sin un motivo especial. Todas las mujeres se sometieron a un test para verificar en qué momento del ciclo se encontraban.

El resultado es realmente sorprendente. Durante este periodo, la mujer es más excitable y tiende a fantasear con otros hombres; su compañero intenta contener estos impulsos, por lo que se muestra más celoso y posesivo, pero también más atento a las exigencias y la sensibilidad de su pareja.

Todo esto se produce, sin embargo, sin un conocimiento consciente ni por parte de él ni de ella; en ambos casos se trata de impulsos ancestrales: la mujer responde al impulso de búsqueda de un padre que transmita a la descendencia caracteres genéticos de salud y fuerza; el hombre intenta, por su parte, no ser… «cornudo y satisfecho».

Si las motivaciones biológicas son «comprensibles», no está claro, en la misma medida, cómo puede percatarse el hombre de que la mujer se encuentra expuesta al riesgo del embarazo o, sencillamente, tiene «pájaros en la cabeza». Según estos autores, este «olfato» podría depender de saber captar las variaciones en el comportamiento no verbal asociadas a la ovulación.

Uno de los indicios más significativos de este estado es, precisamente, la capacidad olfativa: el olor de la piel de la mujer durante estos días se hace más agradable y sexy. Su aspecto físico también cambia: la piel del rostro aparece más tensa y las mejillas toman una coloración rosada; los senos son más firmes.

También se modifica la manera de vestir: tiende a ponerse vestidos más explícitos (faldas con aperturas, camisetas escotadas o de tirantes) que dejan al descubierto algunas partes del cuerpo. Finalmente, su interés por el sexo aumenta notablemente y es más sensible a los estímulos eróticos: muestra un mayor interés por las escenas subidas de tono en la televisión o, cuando habla con los amigos, es más divertida y tolerante frente a los chistes «picantes».

 

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