Revitaliza tu relación de pareja

Revitaliza tu relación de pareja

Sorprender, divertir y seducir son ingredientes básicos para que una pareja funcione. Pero, a veces, la escasez de tiempo compartido, la rutina, los celos, el estrés laboral o la falta de comunicación e intimidad hacen que la relación enferme.

Cuando esto ocurre, hay que realizar un diagnóstico y actuar lo antes posible.

Sientes que las cosas ya no son como antes? ¿Pasas la mayor parte del día sin ver a tu pareja y cuando coincidís no tenéis de qué hablar?, ¿o siempre acabáis discutiendo? ¿Echas de menos los momentos de intimidad, las conversaciones, la risa y la pasión?

Cualquier problema de pareja, tratado a tiempo, puede evitar la enfermedad y la muerte del amor que la sustenta. Aceptar que hay una crisis.

Muchas veces reconocemos que algo va mal demasiado tarde, cuando hemos perdido un tiempo valiosísimo culpando a nuestra pareja o esperando a que cambie, o quejándonos de su conducta, o de su actitud, o de su falta de iniciativa…

Pero la exigencia empeora las cosas; y, en realidad, lo que urge verdaderamente cuando hay una crisis es aceptarla de modo generoso y tomar cartas en el asunto.

Ya no me quiere como antes

Falta de comunicación, pequeños reproches… Cuando llega el desencanto, hay que reconsiderar una idea primordial: la vida en pareja es algo tan imprescindible y urgente como el resto de las prioridades de nuestra agenda.

• El caso: Llego el desencanto.
«A veces tengo la sensación de que ya no tenemos nada que decirnos. Otras, nuestras conversaciones se convierten en un concurso de réplicas. Entre las obligaciones laborales y familiares, es difícil encontrar tiempo para relajarnos y disfrutar, y mucho menos para afrontar la tarea de reavivar la relación. Puede que nos hayamos resignado a la distancia».

• El diagnóstico: Falta de comunicación positiva.
Muchas veces, los problemas de pareja aparecen por falta de tiempo, cansancios incluso dejadez. Él abandona la ropa tirada en el suelo, se pasa la velada acaparando el mando a distancia, se olvida de felicitarla por su cumpleaños… O ella se va de compras a diario sin él, se encierra en el cuarto de baño durante horas, o, cuando llega la noche, comienza a sufrir un fortísimo dolor de cabeza. Cada uno piensa que el otro hace cosas que dañan la relación, y hace reproches. Pero no hay acuerdos ni pactos para mejorar. Deberían ir un poco más allá. La relación es cosa de dos, pero de dos que suman, no que chocan.

• El tratamiento: Valorar y potenciar los pequeños detalles.
Es esencial que re-aprendáis a comunicaros. Empezad por revisar cómo os habláis y a qué se deben las rutinas negativas. ¡Sin culpabilidades! La clave está en que cada uno explique al otro cuáles son sus necesidades puntuales… sin esperar que las adivine. Además, conviene saber escuchar con atención para entender e interiorizar lo que el otro demanda. Sólo así podremos conocernos, comprendernos y, por tanto, amarnos.

• Un truco: Elaborad una lista de peticiones.
Durante el día, cada uno elaborará una lista de diez formas de «prestar atención al otro». Por la noche, comentarlo y negociarlo, y no os limitéis a la hora de ser imaginativos: ¿Qué tal ducharos juntos de vez en cuando?, ¿o quedar para tomar una cerveza antes de llegar a casa, en vez de ir cada uno por su lado?, ¿o conversar media hora al día?, ¿o hacer el amor mirándoos a los ojos?

 

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